Crónica de una convivencia de PJV

A lo largo del trimestre se están desarrollando en la Casa de Espiritualidad P. Damián, de Jerez de la Frontera (Cádiz), diferentes convivencias para jóvenes. Hemos solicitado a Paco Bernal, de la Parroquia del Buen Pastor, de San Fernando (Cádiz), que nos relate su experiencia como animador en la convivencia del pasado fin de semana.

Este pasado fin de semana ha tenido lugar, en la casa de los SS.CC. de Jerez de la Frontera, el primer turno de la convivencia de invierno para jóvenes de catecumenado 1. 42 corazones con unas ganas de vivir que abruman, sorprenden y logran llevarse por delante muchos de los claroscuros de quien escribe estas líneas. Siempre me suele pasar, como buen ejemplo de homo sapiens, que caigo y recaigo en la misma -y bendita- piedra; creo que voy a enseñar algo y resulta que me traigo un cofre de regalos, momentos, palabras y sensaciones que dan sentido pleno a mi día a día.

Son jóvenes en el más estricto sentido de la palabra, representantes de esa generación, tantas veces denostada y criticada por quienes, como yo, peinan canas (yo lo haría, pero en mi caso el pelo no se me hizo viejo, simplemente desertó). Y resulta que sí, que tenemos razón; ¡Vaya panda! Solo quieren pasarlo bien y disfrutar de la vida… ¡Qué poco respeto por los mayores! Qué envidia me dan, lo confieso. Vivir la vida como si no hubiera mañana, no pensar en mas allá del siguiente pestañeo, no planear, agotar en cada respiración cada molécula de oxígeno…no como yo, que siempre voy en segunda marcha y con un miedo visceral a meter tercera.

Hijos de un Dios que le sobra con ser Padre, ¿para que más títulos? Personas que admiten sin rubor que no son perfectas, que te admiten sus errores con una naturalidad que me ruboriza, a mí, que cada día me parezco más al hijo mayor del Hijo pródigo. Ojos que se humedecen con facilidad porque caminan siempre con el corazón a flor de piel, que se emocionan si les abrimos y nuestro corazón. Manos que se abren y te abrazan como si estuvieran fabricadas solo para hacer eso. Y sus sonrisas… ¿qué decir de sus sonrisas? Son felices, o al menos se empeñan con obcecación en serlos.

En esta convivencia hemos intentado acercarles a un Dios Padre que perdona y perdona, y sus miradas me hablan de su Dios de amnesia amorosa, incapaz de recordar que mal has hecho, de un Dios que es amor y nada más que amor…todopoderoso, sí, pero en el amor. Les hemos contado directrices para ser un buen cristiano: el decálogo del buen cristiano; y mas de un catequista ha vuelto a descubrir que anda corto en cada epígrafe del susodicho. Les hablamos de un Dios que escucha y atiende, y ellos llenan las oraciones de peticiones y acciones de gracia que hacen que los horarios de la convivencia se vuelvan locos: ¿Cómo acortar el tiempo de hablar con Dios? ¡Y por lo que piden y por lo que dan gracias! No piden milagros, sino fuerzas para afrontar cada obstáculo; no dan gracias por las cosas buenas, sino por sus amigos, sus padres, sus catequistas…por tantos y tantos corazones, que creen con una fe que supera con creces a la mía, que Dios ha puesto con manos amorosas en sus vidas.

Por último intentamos hacerles ver que la Eucaristía, más que entenderla, hay que vivirla, llevar tu propia existencia a la mesa del Señor; y ellos, en la misa que cierra la convivencia vuelven a romperme los esquemas preconcebidos sobre la juventud, y hacen que la ceremonia se vaya a la hora y pico, haciendo que comamos con prisa porque muchos pierden el tren.

Todos volvieron a sus lugares de origen, no sé si con algo aprendido, pero seguro que con mas Dios vivido y con mas ganas que nunca de contarle al mundo que su Dios les lleva de la mano a ser felices y confiados.

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Redacción


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