Crónica de ordenación diaconal

La entrega de la vida de una persona a Dios siempre es motivo de acción de gracias. Pero, ¡cuán grande será nuestro agradecimiento a Dios cuando las profesiones y ordenaciones devienen en la nota musical que acompasa la vida de nuestra provincia! En esta ocasión, el 19 de enero, la parroquia Sagrados Corazones (Sevilla) acogía a una gran multitud de gente, proveniente de diversos lugares, para celebrar con alegría, gozo e ilusión la ordenación diaconal de nuestro hermano Paco Egea. La celebración, presidida por Monseñor Juan José Asenjo, daba comienzo con la procesión de entrada al tiempo que la invocación al Espíritu Santo se materializaba en cántico elevado al cielo.

Las lecturas escogidas por Paco reflejaban con acierto y sutileza el servicio diaconal al que se iba a entregar. La primera de ellas, del libro de los Números, colocaba en primera plana el servicio a la Tienda, al lugar donde se encuentra la presencia sagrada de Yahvé. El salmo, por su parte, no hacía más que recordar la alabanza que siempre ha de estar presente en la boca de todo creyente como respuesta merecida a la absoluta y perpetua fidelidad de Dios para con su pueblo. La segunda lectura, del libro de los Hechos de los Apóstoles, estaba centrada en la elección de los siete diáconos consagrados al servicio de la mesa. Y por último, el bellísimo pasaje del lavatorio de los pies del evangelio de Juan sacaba a la luz el servicio constante que debe teñir la vida del diácono, sabiendo que la única razón para ello es la presencia de un inflamado amor en el seno del corazón.

Tras la llamada le siguió la homilía. Monseñor Juan José Asenjo fue desgranando, en sus palabras durante la homilía, las dimensiones esenciales del ministerio diaconal al que Paco iba a ordenarse. En primer lugar, el diácono es aquél que está al servicio de la Palabra, orándola con amor, reflexionándola con constancia, proclamándola con dulzura y guardándola celosamente. De igual modo, el ministerio diacona reorienta la vida del ministro hacia el servicio del altar, rememorando el sacrificio de Cristo, asumiendo las heridas de la cruz y testimoniando la luz de la resurrección. En tercer lugar, el servicio continuo ha de ser la constante de la vida del diácono, un servicio que esté alentado por la sola razón del amor de Dios.

En este sentido, nos permitimos la licencia de extravasar las palabras de Monseñor Juan José Asenjo y traemos a colación unas breves palabras de San Vicente de Paul a una hija de la caridad que, si bien en otro plano, ilustran muy bien esto que estamos diciendo: «Juana, pronto te darás cuenta de lo pesado que es llevar la caridad. Mucho más que cargar con el jarro de la sopa y con la cesta llena. Pero conservarás tu dulzura y tu sonrisa. No consiste todo en distribuir la sopa y el pan. Eso, los ricos pueden hacerlo. Tú eres la insignificante sierva de los pobres, la Hija de la Caridad, siempre sonriente y de buen humor. Ellos son tus amos, amos terriblemente susceptibles y exigentes, ya lo verás. Por tanto, ¡cuanto más repugnantes sean y más sucios estén, cuanto más injustos y groseros sean, tanto más deberás darles tu amor! Sólo por tu amor, por tu amor únicamente, te perdonarán los pobres el pan que tú les das». Así pues, el ministerio diaconal se convierte en prueba y expresión de amor a Dios y a los hombres.

Mediante el escrutinio Paco afirmó delante del pueblo de Dios congregado allí que quería consagrarse al servicio de la Iglesia desde el ministerio diaconal, imitando la vida de Cristo casto, pobre y obediente. La oración litánica fue entonada y seguidamente advino la imposición de manos. Tras la oración de consagración se le impuso al nuevo diácono la estola al estilo diaconal así como la vestidura de la dalmática. Finalmente, se le entregó el evangelio. Una vez concluido el rito de la ordenación comenzó la liturgia eucarística con el servicio al altar del nuevo diácono.

Finalizando la celebración Paco dirigió unas breves palabras de agradecimiento a Dios por la Iglesia, por la vocación y por su familia entre otros. De igual modo, Monseñor Juan José Asenjo profirió unas palabras de acción de gracias a Paco, por su consagración, y a la Iglesia y la congregación, por el nuevo diácono.

Paco, en este camino que has emprendido tus hermanos rezaremos por ti para que resplandezca en tu ministerio “un amor sincero, solicitud por pobres y enfermos, una autoridad discreta, una pureza sin tacha y una observancia de tus obligaciones espirituales”. En el fondo no tienes más que prolongar al nuevo ministerio la radicalidad, autenticidad y pasión con la que ya vives tu consagración religiosa.

(Las fotos son de Alberto Para ss.cc. y Carmelo López).

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Fernando Bueno Teomiro ss.cc.


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