Crónica de la profesión perpetua de Paco Egea Suárez ss.cc.

“Hay momentos que las palabras no alcanzan para decirte lo que siento bendito Salvador”. Así rezaba el comienzo del canto de acción de gracias que escuchábamos al final de la profesión perpetua de Paco el sábado pasado en Málaga. A la luz de los muchos Twist y estados de Tuenti que han encabezado sus páginas con esta frase, se puede palpar el profundo agradecimiento con el que la asamblea reunida en la Parroquia Virgen del Camino vivió esta celebración en la que Paco se consagraba definitivamente a nuestro Señor. Agradecimiento a Paco por todo el bien que ha ido haciendo en su paso por las distintas obras en las que ha vivido (Málaga, San Marcos, San Víctor, Colegio San José y ahora, de nuevo, Málaga), pero ante todo una acción de gracias a Dios por todo lo que ha hecho, por todo lo que hace y por todo lo que hará en la vida de cada uno de sus hijos.

La procesión dio comienzo. Al mismo tiempo que las miradas de la multitudinaria asamblea, fijadas en Paco, rezaban por nuestro hermano, se entonaba el canto del Espíritu Santo, vivificador y transformador de nuestras vidas, vínculo permanente del Amor de Dios en nosotros.

Las lecturas que fueron proclamadas por Leli, Elena, Salvi y Damiano reflejan el camino que Paco ha ido viviendo en esta etapa. Un camino que, en su tiempo, se inició con una llamada y una respuesta. Y una respuesta que desde aquel entonces hasta ahora ha ido oscilando entre encuentros y desencuentros, pero en la que Paco ha podido experimentar la primacía del Amor misericordioso de Dios para con él, aun a sabiendas de su debilidad y su fragilidad. La canción del salmo nos hacía preguntarnos cómo poder pagar al Señor tanto bien como nos ha hecho. La respuesta nos la daba la segunda lectura, a saber, siendo vasijas de barro, sabiéndonos barro en manos del alfarero, abandonando “el deseo de ser cualquier otra cosa para ser simple arcilla llamada a una vida obediente, casta y pobre”. Por último, el evangelio proponía un camino a recorrer en esta entrega: la del amor absoluto, la de amar a Dios como Él nos ama para así poder entregarnos a los demás.

En la llamada, Juanma, como formador de Paco en este último año, avaló el discernimiento llevado a cabo, la autenticidad de su respuesta así como la libertad de la entrega que hace al Señor. Tras esto, el provincial, entre las muchas cosas que mencionó, destacó un elemento que Paco había señalado en su carta, esto es, la profesión perpetua no se alza como la meta del camino emprendido hace tiempo, antes bien esta puerta que se cierra abre otra, la de la entrega absoluta y total como religioso de los Sagrados Corazones.

El rito de la profesión se desarrolló entre el silencio de la oración y la emotividad sonora de los que contemplan la presencia de Dios. Tras el interrogatorio y la oración litánica que entonó Pablo, Paco hizo su profesión del voto de castidad, pobreza y obediencia, consagrando y entregando su vida para siempre a los Sagrados Corazones, en cuyo servicio quiere vivir y morir. Una vez ratificado sobre Evangelio, aceptado por el provincial y firmado las actas, la Congregación lo acogió con un abrazo.

Finalizado el rito de la profesión, la liturgia eucarística se desarrolló con normalidad, con fervor y devoción. Durante la comunión, el hermano de Paco entonó la canción “detrás de tu fe” que quizás muestre el sentimiento de abandono y total confianza con el que nuestro hermano se consagró a Dios. Finalmente, en la acción de gracias Paco fue nombrando a la Congregación, a sus formadores, a los hermanos de formación inicial, a su familia, a las distintas obras por las que ha pasado, a la gente que Dios le ha puesto en el camino…., pero ante todo daba gracias a Dios por haberlo llamado, por haberlo elegido y por tenerlo a su lado en el día a día sustentándolo.

Querido Paco, los hermanos que hemos podido compartir contigo estos años de formación somos conscientes de la entrega tan sincera que haces. Has experimentado el exceso del Amor de Dios en tu vida, y le respondes con otro exceso: tu vida sin ningún tipo de reservas. Hacemos nuestra la oración de consagración y le pedimos al Señor para que derrame sobre ti el Espíritu Santo, para que puedas cumplir lo que has prometido, y seas signo preclaro de los bienes celestes.

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Fernando Bueno Teomiro ss.cc.


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