Conversaciones con Ronaldo Muñoz

Ha llegado a nuestra redacción “Conversaciones con Ronaldo Muñoz”, un libro de los periodistas Cristian Venegas Sierra y Enrique Moreno Laval ss.cc. Ronaldo Muñoz, además de religioso de los Sagrados Corazones y presbítero, fue uno de los teólogos más relevantes de la corriente de la teología de la liberación en América Latina. Pero un teólogo que vivió su vida y pensó su teología desde la práctica cotidiana junto a las comunidades populares de Chile.

En el capítulo VII, “La teología: oficio y servicio”, aparecen varias preguntas sobre su tesis doctoral en Alemania, en la que estuvo presente el entonces profesor Ratzinger. Dejemos que “hable” el propio libro:

¿Cómo fue eso?

Alguna gente ha dicho, simplificando mucho las cosas, que fui alumno de Ratzinger, y en realidad nunca fui su alumno. Tampoco fue el patrocinante y acompañante de mi tesis de investigación. Eso lo fue Schiffers. Pero, dentro del proceso formal de la “promoción al doctorado”, como lo llaman allá, se exigen tres informes. Uno es el informe del patrocinante de la tesis, Schiffers. Enseguida, un informe de otro profesor de la misma facultad nombrado por el consejo de la facultad; y ese fue Ratzinger. Y el tercero, de un profesor de otra universidad a elección del doctorando, que fue Berhnard Welte. Yo nunca conocí los informes de ninguno de los tres profesores. Parece raro esto porque Sergio Silva, que se doctoró dos años después, conoció los informes de su tesis. Tal vez hubo un cambio de criterio o algo así. En todo caso, los tres profesores, incluido Ratzinger, aprobaron la tesis. Pero, además, el mismo Ratzinger fue encargado por la dirección de la facultad para presidir la comisión de profesores delante de la cual di mi examen final el 11 de febrero de 1972 en la sala Alberto Magno de la facultad.

O sea, Ratzinger presidió la comisión examinadora, y todo en alemán.

Todo en alemán.

El examen fue entonces sobre tu tesis…

No. En la tradición académica alemana se da un examen sobre la totalidad de la teología, universa teologia. Es distinta a la tradición francesa, en la que tú defiendes tu tesis y sobre ella te hacen preguntas o te pueden poner objeciones. En el caso alemán, no. Es un examen de toda la teología, pero que implica la posibilidad, por parte del sujeto examinado, de tomar ciertas opciones. Por ejemplo, en Biblia, podía optar por antiguo testamento o nuevo testamento; y por supuesto, opté por el nuevo testamento, dado que es mucho más cercano para nosotros, y por el hecho técnico de que yo no manejaba el hebreo, pero sí el griego. En el examen, el profesor Franz Mussner me pasa el nuevo testamento abierto en el segundo capítulo de Efesios, el nuevo testamento en griego, por supuesto, y me dice: “traduzca al alemán y justifique las principales opciones de su traducción”. Esa fue la primera pregunta del examen de nuevo testamento. Entonces, le dije: “profesor Mussner, usted sabe que el alemán no es mi lengua materna, si es posible podría expresarme en latín o en francés”. Consultó con los otros y me dijo: “sí, puede hacerlo”. Fue un examen medio alemán, medio latín, medio francés, medio griego.

¿Y qué más te preguntaron?

El segundo tema fue ¿cuál es la teología subyacente en la larga sección del evangelio de Lucas que va del capítulo 9 al 19? Que es donde se acumula la mayor riqueza del material propio de Lucas. Por ejemplo: el hijo pródigo, el buen samaritano, Lázaro y el pobre, las grandes parábolas lucanas. Tú sabes la importancia que tiene para Lucas el tiempo y el espacio: el camino hacia Jerusalén. Fueron dos sesiones. Una de Ratzinger con Mussner y otra de Ratzinger con Schiffers.

Ratzinger te hizo preguntas…

Por supuesto, en los dos temas. Enseguida, podía optar entre teología moral y teología fundamental; elegía teología fundamental. En teología fundamental fueron dos temas. Uno, hacer un paralelo entre la doctrina de la revelación del Concilio Vaticano I y Concilio Vaticano II. El otro fue señalar la importancia de Maurice Blondel en el gran giro de la teología fundamental en el siglo XX y en el Concilio. Ese es un tema que propuse, porque había trabajado la teología fundamental en Los Perales en base a Maurice Blondel.

Por lo que ya decías, ¿tampoco conociste el informe de Ratzinger sobre tu examen?

No.

Pero puedes suponer que fue favorable.

Sí. Él me lo dijo. A la salida del examen me llama aparte y me dice: “Herr Muñoz, felicitaciones por su examen. Realmente brillante. Estoy muy contento de haber podido votar por la nota máxima”. Yo ya sabía que él había votado por la nota máxima, porque la nota máxima sólo se pone por unanimidad.

Y fue por unanimidad…

Sí, o sea, suma cum laude. Y respecto de la tesis, me dijo Ratzinger: “Es un trabajo muy bien hecho, muy sistemático. Lo felicito, pero, para serle franco, debo decirle que no acabo de entender hacía dónde camina la Iglesia latinoamericana”. Claro, la base central de mi tesis eran documentos de Medellín. Elogiaba mi trabajo, pero tenía sus dudas sobre el contenido, que en el fondo no era mío sino de la Iglesia latinoamericana.

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