Congreso a los 50 años del Vaticano II

«A los 50 años del Concilio Vaticano II», es el título del Congreso organizado por las facultades deteología de España y Portugal y que se celebró en la UPSA, los días 15, 16 y 17 del mes de noviembre. En torno a 400 congresistas fuimos escuchando durante dos días y medio conferencias de eminentes profesores sobre los distintos Documentos Conciliares. He aquí las impresiones de Miguel Díaz ss.cc., uno de los asistentes.

Abrió el Congreso el cardenal Rouco Varela y lo clausuró el nuncio Renzo Fratini. Los organizadores quisieron dar relevancia a su comienzo y a su final: la primera tarde, los ponentes fueron el arzobispo Archivero y Bibliotecario de la Santa Iglesia Romana, Jean-Louis Bruguès, y monseñor Ricardo Blázquez; en la mañana del último día intervinieron el arzobispo Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Luis F. Ladaria, y el cardenal presidente emérito del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, Walter Kasper.

Dado que estoy cerca de Salamanca, desde que se anunció el Congreso tuve el deseo de participar. Agradecido, recuerdo la experiencia del primer día del Concilio en Roma, tanto la entrada solemne de todos los padres conciliares en la Basílica de San Pedro como la memorable procesión de las antorchas al anochecer, cuando Juan XXIII, con la espontaneidad que le caracterizaba, se asomó a la venta y pronunció aquellas memorables palabras: “Se diría que incluso la luna se ha apresurado esta noche – observadla en lo alto – para mirar este espectáculo. Es que hoy clausuramos una gran jornada de paz; sí, de paz. “Gloria a Dios y paz a los hombres de buena voluntad”… Cuando regreséis a casa, encontraréis a los niños, hacedles una caricia y decidles: ésta es la caricia del Papa. Tal vez encontréis alguna lágrima que enjugar”. No hubo quien no se emocionara ante la gran humanidad del Papa Bueno.

Desde entonces, en paralelo con los 50 años de aplicación del Concilio, he ido recorriendo mis 50 años de ministerio sacerdotal.

Pero volvamos a mis impresiones del Congreso. No puedo entrar en el contenido de cada una de las conferencias. Fueron muchas y muy variadas: cuatro por la mañana y cuatro por la tarde. Según anunciaron, pronto estarán a disposición del público.

Para todos los conferenciantes, sin excepción, el Concilio sigue siendo una “brújula segura para la Iglesia del siglo XXI”. Pero cada uno pone sus matices. Sin caer en los extremos de la ruptura estilo Lefebvre, añorando el pasado, o la postura de quienes piensan la Iglesia postconciliar en términos de discontinuidad, no faltan quienes comentan el poco desarrollo de la semilla sembrada en el Concilio o quienes dejan caer que ha habido algunos abusos en su recepción y aplicación.

Por ejemplo, Ángel María Unzueta afirmó con toda claridad que en el campo del laicado, la recepción del Concilio Vaticano II pasa actualmente por una fase de reflujo o bajamar. El laicado es una realidad emergente que merece mayor atención. Y en los documentos conciliares hay base para seguir dando pasos más decididos. ¿Dónde están los laicos? – se preguntaba mirando a los participantes.

Me gustó la conferencia del profesor Gelabert, dominico de Valencia, en su comentario sobre la “Dei Verbum”. Acentuó el sentido dialogal de la revelación. Dios se da a conocer en el diálogo que quiere mantener con nosotros y el diálogo implica que los dos interlocutores sean activos. El ser humano debe ser algo más que un destinatario pasivo de la Palabra de Dios. Pienso en lo mucho que la “Dei Verbum” ha influido en una “lectura creyente y orante de la Palabra de Dios”, que tanto ha enriquecido la fe de muchos cristianos y comunidades.

Dejando de lado el contenido de cada conferencia, creo que el Congreso, aunque sin grandes novedades, sirvió para poner una vez más el Concilio en el punto de mira de la Iglesia en la península Ibérica, cuando se enfrenta a la Nueva Evangelización.

Varios conferenciantes señalaron que el Concilio promovió el diálogo con un mundo que ya no es el de hoy. Al mundo de entonces – sobre todo al occidental – se le consideraba cristiano, o al menos religioso. Pero ¿cómo dialogar con el mundo actual secularizado, arreligioso e indiferente? ¿Cómo presentar hoy el Evangelio y actualizar el diálogo de Dios con la humanidad? La herencia del Concilio sería tomar en serio el mundo con el que camina la Iglesia en actitud positiva de diálogo – Juan XXIII no quería profetas de calamidades – , pues sigue siendo verdad que «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo». Diálogo que debe incluir a las otras iglesias cristianas así como al judaísmo y a las grandes religiones de la humanidad.

En la pastoral de cada día – catequesis, celebraciones – pienso en la gran dificultad de ayudar a que nazca la fe en el corazón del niño o del joven cuando está vacío de todo sentimiento “religioso” y no caben preguntas por el sentido de la vida o por una cierta trascendencia. Situación que exige una relectura del “hecho religioso” a la que Juan Martín Velasco dedica muchos de sus estudios.

Pero volvamos al Congreso. Debido a que ha querido abarcar todos los documentos conciliares, creo que no se ha insistido suficientemente en el Concilio mismo en cuanto “acontecimiento”. La celebración misma del Concilio tuvo un gran impacto e inspiración en su momento eclesial y mundial. Se pudo hablar de nuevo Pentecostés, de “aggiornamento”, de vuelta a las fuentes, de una Iglesia en diálogo, de un paso adelante. Santiago Madrigal en su libro “Unas lecciones sobre el Vaticano II y su legado” publicado este mismo año 2012, ofrece como clave de lectura el hecho de que Juan XXIII convocara un Concilio “pastoral”, distinto de todos los anteriores; no había herejías que condenar ni verdades que definir. Juan XXIII quería una Iglesia renovada y en diálogo con el mundo moderno. Para ello convocaba el Concilio. Quería un Concilio ecuménico en el que todos sus miembros – que hacían presente a la Iglesia universal – aprendieran y animaran a renovarse y a dialogar.

De esa forma, acercándose a todos los cristianos, a todos los hombres y mujeres de todas las religiones y a todas las personas de buena voluntad, la Iglesia, reunida en Concilio, pudo dar testimonio evangélico y ecuménico de su fe en Jesús, el Señor. Eso fue ante todo el Concilio: la Iglesia de Jesús en diálogo con el mundo y en diálogo consigo misma para ser más fiel a la misión recibida de Dios Padre, por medio de Jesús e impulsada por el Espíritu. Como muy bien apuntó Pablo VI: Iglesia que necesita ser evangelizada tanto como evangelizar.

Ha sido un Congreso muy oportuno. Salvo excepciones, las conferencias han sido de gran altura, presentadas con mayor o menor originalidad. Como siempre, algunos conferenciantes fueron muy pedagógicos y atrajeron la atención. Sentí un poco de vergüenza ajena por un profesor de mi tierra, de la Universidad de Navarra, comentando el sugerente tema de la “Liturgia”.

Me hubiera gustado un Congreso, cuyo objetivo hubiera sido prolongar en el hoy de la Iglesia, las grandes intuiciones del Concilio: la Iglesia, “Pueblo de Dios”, del que tan poco se habla, la condición de “sacerdotes, profetas y reyes” de todos los cristianos, llamados a la misma santidad, y todos evangelizados y evangelizadores, la “vuelta a las fuentes”, al Jesús del Evangelio, las consecuencias del aggiornamento y del diálogo con el mundo y con otras religiones, la relevancia de las iglesias particulares. Un Congreso que hubiera actualizado la intención pastoral y ecuménica de Juan XXIII y su deseo de que la Iglesia fuera también visiblemente la “Iglesia de los pobres”. Un Congreso sin miedo a la palabra “reforma” que se encuentra a la base de la hermenéutica que Benedicto XVI y el cardenal Kasper hacen del Concilio Vaticano II.

Avatar
Redacción


Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies