«Conductas inapropiadas»

Columna de Dolores Aleixandre rscj en la revista 21 del mes de abril.

De niña me explicaron lo de los quebrados “propios” e “impropios” y por culpa de ellos me atasqué en el aprendizaje matemático: lo de tres cuartos me resultó inteligible y lógico, mientras que lo de los siete tercios lo encontré desde el principio algo anómalo. Ahora se usa el adjetivo para calificar conductas: no voy a insistir en las inapropiadas, que bastante tenemos ya con el suplicio de los titulares diarios, pero me ha entrado un interés repentino acerca de las normas que rigen lo que es apropiado y lo que no, y si existe un metro de platino iridiado que se le pueda aplicar de manera fiable. Porque son evidentes de por sí los casos de yernos reales forrándose a expensas del erario público, o de cardenales que reconocen haber actuado como acosadores pero ¿qué hacer con otro tipo de desviaciones de conducta?

Y es que con el Evangelio en la mano las cosas se complican: en las parábolas sin ir más lejos, las conductas que Jesús atribuye a Dios ¿no resultan también un poco inapropiadas desde el punto de vista de esa teología clásica, tan segura y ortodoxa que aún prevalece en muchas conciencias? ¿Qué hacer con ese Dios desprovisto de los atributos propios de la divinidad (inmutabilidad, equidistancia, impasibilidad…) y dominado en cambio por emociones propias de los humanos? Un rey sin poder ni autoridad, demasiado expuesto a la decepción y al fracaso ante el rechazo de su banquete, asombrosamente contento de sentar a su mesa a la gentuza de los caminos. Un inversor temerario que corre el riesgo de repartir su hacienda, sus talentos o su administración entre quienes no le ofrecían suficiente garantía de gestionarlos bien. Un terrateniente débil, paciente en exceso y fluctuante en sus decisiones, que tan pronto se niega a escuchar a los siervos que le aconsejan arrancar la cizaña, como se deja convencer para no cortar la higuera que no daba fruto. Un amo de comportamiento impredecible y cálculos erráticos, que recompensa incomprensiblemente a los que menos sudores y tiempo han gastado en su viña.

Estoy un poco confusa sobre lo apropiado y lo inapropiado. Espero aclararme en Pentecostés.

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Redacción


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