Carta del Superior Provincial

Carta del Superior Provincial, Enrique Losada ss.cc., en el último número del boletín «Nosotros SS.CC.».

Queridos hermanos

Escribo esta carta para “Nosotros SS.CC.”, en la víspera de la ordenación diaconal y presbiteral de nuestros hermanos Pablo Márquez y Paco Egea respectivamente. Sin duda alguna es un acontecimiento provincial que nos llena de alegría a todos. Comenzar este curso 2013/2014 con esta noticia es una gran satisfacción.

Este acontecimiento me hace recordar el documento del pasado Capítulo General sobre la Misión en el que se nos daban una serie de orientaciones precisamente sobre la condición de religiosos y presbíteros de un buen número de nuestros hermanos. Se nos decía que se trata de vivir el ministerio ordenado lo más plenamente posible como religiosos SSCC. Hay una visión integradora del ser presbítero-religioso SSCC que debemos profundizar más. Una visión que armonice las dos dimensiones y haga una propuesta de “presbítero SSCC” que viva de manera integrada, pacífica y fecunda su única vocación misionera y de servicio.Creo que son palabras llenas de contenido que pueden y deben inspirar el servicio presbiteral de tantos hermanos de la Congregación.

Vivir el ministerio pastoral al estilo de Jesús es, en el fondo, el gran reto que tenemos todos los que en la Iglesia hemos sido llamados al servicio ministerial. “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas” (Jn. 10,11). Ahí está el horizonte fundamental en el que nos tenemos que mover.

En este sentido podemos decir que hay una larga tradición espiritual que se remonta al profeta Ezequiel y que llega a nuestros días con las exhortaciones del Papa Francisco que nos pide una y otra vez, de forma tan clara y expresiva, que seamos “pastores que huelan a oveja”. No menos insistente es el “Sermón de San Agustín, obispo, sobre los pastores” que nos ha acompañado en las últimas semanas en el Oficio de Lecturas. ¡Y qué decir de esa cita del profeta Jeremías, que está escrita en el muro de entrada lateral a nuestro templo de Sagrados Corazones, en Madrid! “Os daré pastores según mi corazón…” (Jer. 3,15) No en vano esa cita profética aparece en frente de la estatua alegórica de nuestro hermano Damián.

Lo que en estos momentos digo pueden resultar obviedades, pero a veces no hay que buscar ocurrencias para que nuestra comunicación sea valiosa. El valor de nuestra comunicación no viene por esa vía, sino por la de la verdad. La verdad que buscamos hasta encontrarla y que habiéndola encontrado la seguimos buscando, como nos decía San Agustín.

El ministerio ordenado, como cualquier otro aspecto o elemento dentro de la Iglesia tiene que pasar por la buena nueva que es Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Solo desde Él y desde su Espíritu derramado en nuestros corazones, es posible entender el ministerio ordenado. La convicción firme de que es el seguimiento del Señor el que caracteriza toda nuestra vida de creyentes y que, por tanto, todo lo que somos, hacemos y vivimos está marcado por esa condición va a dar verdad, bondad y belleza a cualquier forma cristiana de vida, tanto a nuestra vocación religiosa como a nuestra vocación sacerdotal.

Todo esto significa descentrarnos, poner el centro de nuestra vida en Jesús y el Reino que Él ha iniciado. Si el ministerio ordenado nos lleva a representar al Señor que nos invita y preside nuestras comunidades cristianas, nuestra mirada no puede volverse sobre nosotros mismos, a no ser que traicionemos lo que hemos sido llamados a ser en la Iglesia.

Pero no somos solamente ministros ordenados, somos ministros ordenados en la Congregación de los Sagrados Corazones, a la que hemos sido llamados por el mismo Señor para compartir vida y misión con nuestros hermanos y hermanas. Estamos llamados a contemplar, vivir y anunciar el Amor de Dios manifestado en el Corazón de Cristo y en el de María. De ahí que nuestro ministerio está todo él marcado por esa vocación. No se trata de vivir esquizofrénicamente ambas vocaciones, sino de forma integrada. Enriqueciendo una y otra vocación mutuamente. Como nos decía el documento capitular, antes citado, no se trata de ser “menos” religiosos para ser “más” presbíteros ni “menos” presbíteros para ser “más” religiosos.

Se trata de vivir canalizando toda la energía carismática, que nos da la identidad y pertenencia congregacional, en el servicio a la palabra y a los sacramentos, en el ejercicio de la autoridad encomendada en la comunidad cristiana a la que servimos, en la comunión con los laicos y los pastores de aquella iglesia local en la que estamos insertos. La experiencia profunda de la comunidad religiosa vivida en el día de la oración común, de la Adoración, en la convivencia austera, sencilla a la vez que abierta y alegre, en el discernimiento apostólico comunitario que busca siempre ser fieles a la misión común, en la disponibilidad generosa a vivir la obediencia religiosa hasta el final, en la preocupación y dedicación a los pobres y marginados…. si somos coherentes con todo ello y no enmascaramos las cosas, simulando que hacemos lo que no hacemos, todo eso será siempre una fuente de energía ministerial y misionera extraordinaria.

Permitidme, por tanto que junto a la alegría de la noticia de la ordenación de dos hermanos, uno de presbítero y otro de diácono, os haga y me haga a mi mismo una exhortación precisamente a lo que acabo de aludir, es decir a que vivamos con plena coherencia nuestra doble vocación aquellos que hemos sido llamados a ellas. A que desde nuestra condición de religiosos SS.CC. vivamos nuestro ministerio ordenado al servicio de la Iglesia y de la sociedad, sin regatear ni rebajar ninguno de sus aspectos.

Es cierto que poner nuestra mirada en Jesús es lo esencial, pero nos puede ayudar el ejemplo de hermanos como Damián, Eustaquio, Teófilo y compañeros mártires que han unido de forma tan valiosa ambas vocaciones. Encomendémonos a ellos y que el Señor bendiga a nuestros hermanos ordenados y a todos nos estimule en nuestro servicio.

Fraternalmente

Enrique Losada ss.cc.

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