Carta de Joaquín Garre ss.cc.

Este es el primer mensaje-carta que Joaquín Garre nos hace llegar desde Mozambique. Él mismo nos cuenta su reciente llegada a ese país. Desde nuestra web le saludamos también con mucho afecto.

Esto debería ser una crónica que se prolongara en el tiempo y que quiere transmitir mis vivencias de fe a los hermanos de la Provincia y a mi familia y amigos, a la parroquia del Encinar y a la comunidad llamada Boane, que pertenece a la parroquia de San Víctor.

De entrada, saludar a todos los hermanos de la Provincia y miembros de la Rama Secular de los que no me he podido despedir. Dicho esto, las despedidas de hoy en día no tienen tanta gracia pues los medios modernos nos permiten estar hablando sin parar.

Después de todas las despedidas del mundo, dije adiós la comunidad llamada Boane, que está hermanada con esta parroquia y que quiere mantener el contacto. Alicia Monjas, miembro de este grupo, ha estado por aquí y ha sido una buena guía en la preparación de este viaje. Intentaré ser fiel a esta crónica e igualmente intentaré evitar las anécdotas que puedan llevar una carga negativa hacia el país.

Llegué al aeropuerto de Maputo a las 21.30 h. hora española y hora mozambicana a la vez. El aeropuerto, impresionante, todo nuevo. En portugués sería: “novo em folha” aunque en español suene mal.

Me recibió un “candidato”, un novicio y Fran, maestro de novicios, de candidatos, párroco, superior y lo que viene siendo un “6 en uno”. Con una simpatía desbordante desde el principio, han conseguido que me enamore de este lugar desde el primer día. Ellos me han asegurado que el tema de la malaria no es tan tremendo, que en dos días estás listo, tomando la correspondiente pastilla.

He conocido a Bene y Cedric, los dos novicios y a Nicolás, el diácono. No he aprendido aún el nombre de los cinco candidatos (dos de ellos en Beira, en este momento). La casa es muy bonita, no sé si muy práctica, pero pueden acoger hasta 21 personas, lo cual es muy necesario pues hace las veces de casa regional. El provincial tiene aquí su habitación siempre preparada. Aquí será el Capítulo Provincial en julio y es, en fin, el centro de la región.

Haciendo retrospectiva, comentar que a las 5.00 de la mañana del día 5 de junio, Carlos Barahona me llevaba al aeropuerto de Barajas. Tras ajustar equipajes me embarqué para Lisboa y de allí a Maputo. De un 319 de la TAP pasé a un A330 que despegó majestuosamente. He “desempolvado” el portugués aunque la azafata no parece entenderme muy bien. La aviación ha evolucionado mucho pero el ruido de los motores sigue siendo ensordecedor, así que las películas que te ponen en el respaldo del asiento no se oyen. Pero eso es lo de menos en un viaje de 8.393 km. Curiosamente, nos informan de la distancia al Polo Norte, antes de salir (6.601 km de Lisboa). Resulta que estaba más cerca del Polo Norte que de Maputo. Pero… ¿para qué quiero ir al Polo Norte si allá no tenemos casa?

Del vuelo no hay muchas anécdotas pero sí me ha marcado el calibre que tiene este continente. Nunca imagine que el mundo era tan grande. Cruzamos Ceuta y Marruecos y a partir de ahí empezó a ser la tierra cada vez más árida pero con accidentes, algunos campos regados en forma de círculo, o sea en torno a un pozo, algunas montañas, después dunas y después… la más absoluta nada, el vacío, arena y arena, cientos de quilómetros de arena sin siquiera relieve. Me preguntaba dónde se habrán ido las aguas que antaño cubrieron estas tierras.

Así atravesamos Argelia, pasando cerca de Niger y Ndjamena, donde por primera vez se ve un lago después de tantos kilómetros de vacío. Por ahí se entra a la República Centro Africana, casi pisando Bangui. A las 14.45 h. llegamos a la República Democrática del Congo y lo primero que reconocí es el río Zaïre (que según Carlos Barahona quiere decir río). Pues bien, a 11.000 metros se distingue con claridad, así que debe ser enorme. No en vano es uno de los más grandes del mundo. República Democrática lo cruzamos entero, de punta a punta. Pasamos cerca de Mbuji-Mayi para entrar en Zambia, acercándonos a Lusaka. Creo que fue en este país donde vislumbramos un incendio de, tal vez, cien kilómetros de largo. Pasamos a Zimbaue acercándonos a Harere para de ahí entrar en Moçambique. Desde el cielo se ven las luces tenues de la ciudad, como casitas.

Recuperamos el flasback. La primera noche me costó dormir, la comunidad me permitió dormir hasta recuperar lo atrasado. Así empecé el día a las 10.00 h. conozco a todos los ya mencinados, y Nicodemo, el diácono, me lleva a una zona de compras. Lo más divertido es conducir por la izquierda sin la línea blanca a la que estamos acostumbrados allá. Todavía no me explico cómo lo hicimos para no atropellar a alguien. Ahora me queda coger el volante yo. Nuestra casa está en medio del campo, a las afueras de Boane, tiene mucho jardín y mucho trabajo por hacer. Los candidatos y los novicios lo saben y trabajan con tesón para que la casa mejore cada día. También Fran y Nicodemo colaboran. Tenemos una cocinera y dos hombres contratados. El huerto es enorme, para hacernos una idea, como el de Escorial.

Tenemos el mismo horario que en España solo que empezamos la eucaristía a las 5.30 h. si lo llego a saber… no vengo (es broma). Hoy he tenido el honor de presidir la eucaristía de la comunidad. El ritmo de vida es casi de monasterio. Misa, desayuno (“matabicho”), hora intermedia, comida, adoración y completas. Lo que no recé en mi formación lo voy a rezar ahora. Escuchar sus cantos y sus voces a coro me emociona. Con un ritmo impresionante y con polifonía recitamos los salmos. También pude conocer la parroquia central. Es una parcela, alejada de esta casa, que ofrece un montón de servicio y mueve muchos grupos. Pero el próximo día os contaré más. Hoy conoceré el Consejo Pastoral. Tuvimos mi primera adoración en dicha parroquia y fui presentado.

Envío un saludo a todos. Que el Señor os bendiga.

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Redacción


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