Capítulo General

Se aproxima la celebración del 38º Capítulo General de la Congregación de los Sagrados Corazones (Hermanos), que tendrá lugar en Roma del 30 de agosto al 27 de septiembre de 2012. En el mismo tiempo y en la misma casa se celebrará el 35º Capítulo General de nuestras Hermanas de los Sagrados Corazones.

“El Capítulo General es la máxima autoridad interna de la Congregación. Tiene como fin apoyar y estimular a la Congregación en la realización de su misión con renovada fidelidad a su vocación propia. Es competencia suya determinar las orientaciones generales y establecer las normas que considere oportunas para el bien común de la Congregación, de acuerdo con el derecho común y la legislación propia” (Const 121). Entre las principales tareas del Capítulo General (cf. Const 128) está la de elegir al Superior General y a los miembros del Consejo General.

El Consejo General Ampliado, reunido en El Escorial en septiembre de 2009, propuso que el tema vertebrador del capítulo fuera la misión de la Congregación. El objetivo será buscar orientaciones concretas para nuestro servicio apostólico, a partir de las necesidades del mundo y de la Iglesia y de una consideración realista de lo que somos.

Los números 6 y 7 de las Constituciones nos ofrecen el marco general para esta reflexión: nuestra misión nos urge a una actividad evangelizadora… (Const 6), y esa misión la vivimos en comunidad (Const 7). Se trata, pues, de qué hacemos y de cómo vivimos. Ambas cosas dan forma a nuestra misión.

Para situar adecuadamente este tema de la misión, hemos escogido el siguiente lema para el Capítulo: “Buena cosa es la sal…” Es una frase sacada del texto del Evangelio de Marcos 9,49- 50, que dice así:

“Todos van a ser salados con fuego.

Buena cosa es la sal.

Pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué le daréis sabor?

Tened sal entre vosotros y convivid en paz”.

En este texto de Marcos, Jesús nos invita a tener sal. Esa sal es algo que nos viene dado y cuya calidad debemos cuidar para participar en la renovación profunda que provoca el fuego que el Señor trae a la tierra (cf. Lc 12,49).

La imagen de ser “salados con fuego” evoca los sacrificios de expiación (cf. Ez 43,24). Podemos ver en ella una exhortación a la valentía ante las dificultades y a la tenacidad en la ingente tarea de la transformación del corazón humano, eso que llamamos reparación. El fuego y la sal nos hablan también del Corazón de Jesús, inflamado de un amor que quema, sana y transforma, y cuyo deseo radical es el de la venida del Reino.

Precisamente, nuestra misión es participación en la “Missio Dei” (la misión de Dios, la misión de Cristo) para que el Reino de Dios se haga presente (Const 6). El fuego y la sal nos recuerdan el celo del que hablaba el Buen Padre, que es una llamada a no conformarnos con situaciones mediocres o cómodamente instaladas.

Basándonos en la sugerente riqueza de estas imágenes, nos gustaría que este pasaje del Evangelio nos ayudara a entender nuestra misión como “utilidad” y como “sabor”, en relación a la sal que Jesús espera encontrar en nosotros.

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Redacción


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