Camille Sapu ss.cc.: «El pueblo congoleño sufre pero es muy alegre» Nacho Moreno ss.cc. y Joaquín Garre ss.cc.

En su visita a Kinshasa, Nacho Moreno y Joaquín Garre aprovecharon para charlar con Camille Sapu ss.cc., superior de la Provincia de África, de la situación que se está viviendo en El Congo.

Hoy es el día de la Independencia del Congo (29 junio). ¿Qué significa la Independencia para el pueblo congolés?
Para el pueblo congolés, desde el principio la independencia significaba la libertad. Ya no tenemos la necesidad de que los belgas dirijan el país. Pero, desde el principio se vio que este proceso no estaba muy bien preparado, porque se entendió que esta libertad era hacer lo que cada uno quería. Por eso, después de la independencia, hubo la secesión, la división en el país. Pensaban que ser libre es hacer lo que cada uno quiere y que no haya controles de nada. Poco a poco, trabajamos para que la independencia sea para el bien del país. Ese camino es muy largo, todavía.

¿Qué esperanzas tiene el pueblo de Congo?
Una buena pregunta, porque desde el principio de la independencia era que habría un cambio total. El cambio del colonizador al dirigente nacional. Pero, se ve que, la esperanza, hasta hoy, seguimos buscándola (risas). Pero, como se dice en Mozambique: la esperanza es la última cosa que debe morir en la vida del hombre. Todavía estamos ahí. Yo pienso que es la fuerza del congoleño. Porque, el día que perdamos esta fuerza, creo que habrá una revolución total, en sentido muy negativo.

Parece que después de una serie de dictadores horribles se abre un tiempo más nuevo: ¿Qué esperáis del Presidente Txisekedi?
De Txisekedi esperamos mucho. El pobre no sabía que iba a llegar a esto. Porque, solo para entender… hace 30 años, con Mobutu, el país estaba muy mal. Y llegó Kabila Padre y Kabila hijo y nada casi cambió. Entonces, tenemos un hueco de casi 50 años. Y no puede resolver las cosas de 50 años en 5 años, en un mandato. Pero lo difícil para Txisekedi es cambiar la mentalidad, porque, hasta ahora, la mentalidad es: yo llego al poder y todo es para mí y mi familia. Nada para el país. Él está trabajando por eso. Y ojalá que llegue, porque es un trabajo muy difícil, cambiar la mentalidad de la gente.

¿Qué puede percibir una persona cualquiera, que está en la calle, vendiendo un poquito de mandioca, que llega a su casa, y no tiene ni agua ni luz? ¿Qué puede pensar de su país o del futuro del país?
Para esas personas, el país está muy mal. Y también se ve. Tu no puedes vivir con lo que se vende en la calle. Sabemos lo que están pasando estos vendedores callejeros. Lo poco que venden es para la comida y la casa, es para la salud de los niños, es para la escuela. Para ellos, nada está cambiando; es verdad. La Iglesia está trabajando mucho, los obispos están trabajando mucho, pero no son políticos y el actual cardenal está empujando, un poco, a los políticos católicos para hacer cosas diferentes de lo que han hecho los que hasta ahora han pasado, pero no sabemos si esto va a dar su fruto.

 ¿Cuál es la labor de la Congregación en este marco social, cultural, eclesial?
Lo primero es que la Congregación está en medio de los que están sufriendo desde que llegamos a Congo. Tú mismo puedes ver dónde estamos, estás oyendo el ruido (se escuchaban peleas) que hay por aquí fuera en este momento (risas). Lo segundo es que, como estamos compartiendo con ellos este sufrimiento, al menos, aportamos algo con la formación en las parroquias, colegios que tenemos, etc. Esto es una gota, pero una gota necesaria para este tipo de barrio y lugar donde estamos viviendo y trabajando.

¿Qué les dirías a las personas del mundo rico? ¿Qué pueden hacer? ¿Cómo pueden ayudar?
Lo primero decir que el Congo es uno de los países más ricos del mundo; dicen. Pero la situación dentro está fatal. Pienso que debemos despertar la conciencia de los que toman decisiones a nivel internacional, para que ellos también sientan el sufrimiento del pueblo con estos problemas. Yo pienso que hay dos niveles; externo e interno, pero lo que tiene más peso es también externo porque, hasta ahora, los congoleses sentimos que todos los presidentes que hemos tenido han sido impuestos desde fuera. Esto es lo primero. Y la segunda cosa que es actual y urgente. Los que están vendiendo cosas en la calle o los que están intentando estudiar necesitan ayuda inmediata, no pueden esperar un cambio político. En este aspecto, los que puedan ayudar, las congregaciones, las instituciones, que lo hagan.

¿Qué le dirías a una persona que quiere visitar el Congo? ¿Qué es lo bueno que se va a encontrar aquí?
Lo bueno es el congoleño. Es un pueblo sufriendo por dentro, pero con mucha alegría por fuera. Además, visitar el país que tiene una diversidad enorme. Una belleza increíble por descubrir. Lo poco que has visto en Kinshasa es nada en proporción con este inmenso país. Si tu quieres agua hay agua en cantidad, si tu quieres flores hay flores, si tu buscas arbolado, tienes arbolado y animales. Tenemos de todo. Es verdad que el Congo da miedo. Da miedo porque genera malas noticias y esas son las que corren por la prensa, Ébola, enfermedades, etc. Pero es un pueblo muy abierto y el país también ofrece una diversidad enorme para visitar. ¡Pueden venir, no hay problema!

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