Buruli y la pipa de Damián

Por gentileza de la revista 21, reproducimos este artículo de Carlos Barahona ss.cc., en el número de julio, en el que nos relata uno de los trabajos realizados por la hermana Pilar Sánchez ss.cc. en el Congo.

Hace unos meses TVE 2 mostró en el programa Pueblo de Dios varios reportajes sobre los misioneros de los Sagrados Corazones en Mozambique y en Kinshasa. Están muy bien elaborados y presentan espléndidamente su trabajo. Se nota la sensibilidad y la sintonía del director y del equipo con nuestros compañeros. De hecho ahora son buenos amigos. En el titulado Dos corazones y una misión la protagonista es la hermana enfermera Pilar Sánchez ss.cc., con quince años en África en su haber. La cámara la sigue por el barrio en sus andanzas. A veces ni se daba cuenta de que la grababan.

Están en la zona de Kimbanseke, al sureste de la capital congoleña, en un lugar de colinas alejadas bastante taladas porque hace años que las mujeres cortan los árboles para leña. El barrio se llama popularmente Múntu kutína vé, que en kikongo viene a significar “el ser humano no vuelve”, porque en esos parajes se hacían enterramientos. Son barrios complicados, que sirven de refugio a jóvenes delincuentes desestabilizadores, los llamados bilengé bya kolúna. No es raro que roben a las mamás que vuelven con las pesadas palanganas de maíz molido a la cabeza o del mercado con el dinero de sus ventas. Por esa razón las mujeres no querían que Pilar anduviera sola, aunque a veces lo hacía y a un paso rápido. La solían acompañar mamá Odette, de la Cáritas parroquial, o mamá Thérèse.

Uno de los motivos para desplazarse por aquellos senderos era visitar y curar a personas que padecían úlcera de Buruli, una úlcera tropical que lleva el nombre de la comarca ugandesa en la que se encontraron numerosos casos en la pasada década de los sesenta. La produce la “Mycobacterium ulcerans”, de la familia de las que causan la tuberculosis y la lepra, que se encuentra en aguas estancadas. Ha recibido menos atención que las otras dos, de modo que todavía no se sabe a ciencia cierta cómo se transmite. Produce una toxina destructiva muy virulenta, la micolactona, que causa lesiones tisulares e inhibe la respuesta inmunitaria.

La falta de higiene hace que a veces la enorme llaga en la pierna o en el brazo se pueble de gusanitos blancos. Hay que tratarla cuanto antes. En todo caso afecta principalmente a los campesinos pobres de unos 30 países, tropicales o subtropicales. La gente considera esas úlceras una consecuencia de la hechicería, del ndoki, de los fetiches, lo que hace que rechacen frecuentemente tratarlas en los dispensarios por miedo. Por eso Pilar iba a las chozas a curar a los enfermos. En el reportaje aparecen mamá Marthe y papá Mafuta, con heridas impresionantes, aunque en proceso de curación, gracias a la hermana. Se empieza con tintura de yodo y agua oxigenada, si tienen gusanos; luego con una pomada con antibiótico y cortisona además de comprimidos de cortisona. Pilar ha tenido casos, como el de papa Willy, que le han costado casi dos años de tratamiento tenaz y regular, tres veces por semana al principio. Luego puede bastar con dos.

“Cuando entraba en las chozas y sentía el olor a podredumbre de las úlceras de Buruli, recordaba la pipa de Damián, que disimulaba el hedor de la lepra con el tabaco”, dice la hermana enfermera. Conoció la figura del gran misionero cuando entró en contacto con su congregación, allá por 1957. Desde entonces la inspiración que le produce ha ido creciendo. A muchos les sucede igual.

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