Buena cosa es la sal

El 1 de julio, el Superior General, Javier Álvarez-Ossorio ss.cc., hacía a los religiosos de la Congregación el anuncio oficial del Capítulo General que se celebrará en Roma en septiembre de 2012. Extraemos de su carta la explicación del lema que se ha elegido: “Buena cosa es la sal”.

El Consejo General Ampliado, reunido en El Escorial en septiembre de 2009, propuso que el tema vertebrador del capítulo fuera la misión de la Congregación. El objetivo será buscar orientaciones concretas para nuestro servicio apostólico, a partir de las necesidades del mundo y de la Iglesia y de una consideración realista de lo que somos.

Los números 6 y 7 de las Constituciones nos ofrecen el marco general para esta reflexión: nuestra misión nos urge a una actividad evangelizadora… (Const 6), y esa misión la vivimos en comunidad (Const 7). Se trata, pues, de qué hacemos y de cómo vivimos. Ambas cosas dan forma a nuestra misión.

Para situar adecuadamente este tema de la misión, hemos escogido el siguiente lema para el Capítulo: “Buena cosa es la sal…” Es una frase sacada del texto del Evangelio de Marcos 9,49-50, que dice así:

Todos van a ser salados con fuego.

 Buena cosa es la sal.

Pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué le daréis sabor?

Tened sal entre vosotros y convivid en paz.

En este texto de Marcos, Jesús nos invita a tener sal. Esa sal es algo que nos viene dado y cuya calidad debemos cuidar para participar en la renovación profunda que provoca el fuego que el Señor trae a la tierra (cf. Lc 12,49).

La imagen de ser “salados con fuego” evoca los sacrificios de expiación (cf. Ez 43,24). Podemos ver en ella una exhortación a la valentía ante las dificultades y a la tenacidad en la ingente tarea de la transformación del corazón humano, eso que llamamos reparación. El fuego y la sal nos hablan también del Corazón de Jesús, inflamado de un amor que quema, sana y transforma, y cuyo deseo radical es el de la venida del Reino.

Precisamente, nuestra misión es participación en la “Missio Dei” (la misión de Dios, la misión de Cristo) para que el Reino de Dios se haga presente (Const 6). El fuego y la sal nos recuerdan el celo del que hablaba el Buen Padre, que es una llamada a no conformarnos con situaciones mediocres o cómodamente instaladas.

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Redacción


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