Ascensión del Señor

Comentario de Miguel Díaz a la solemnidad de la Ascensión del Señor.

Desde el cielo, Jesús nos acompaña

Durante cuarenta días Jesús se ha aparecido a los suyos, a María Magdalena, a Pedro, a los Doce, a Pablo, a más de 500 hermanos, a millones y millones de discípulos cuyos ojos se nos han ido abriendo al compartir el pan de la palabra y de la eucaristía. Cuarenta días es la vida entera, la historia de la iglesia y de la humanidad. Siempre llena de la presencia invisible del Resucitado.

En la fiesta de la Ascensión, acentuamos la nueva y constante presencia de Jesús caminando con todos los le siguen y se comprometen con su proyecto del Reino de Dios. Presencia invisible pero real, universal y para siempre. No le vemos recorriendo los caminos de Palestina, pero nuestro corazón creyente le siente cercano y amigo, por todos los caminos del mundo, según nos dijo al despedirse: Subo al Padre mío y Padre vuestro… pero “me quedo con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Con la fuerza de la presencia de Jesús, sabiendo que El va delante, los discípulos se dispersan por el mundo entero anunciando el mensaje por el que Jesús entregó su vida: la transformación de nuestro mundo en un mundo fraterno y solidario, lleno de la presencia de Dios.

“¿Qué hacéis ahí mirando al cielo?”.

Volved a la vida familiar y profesional de cada día, anunciad el evangelio, ese modo de vida que Jesús llevó; realizad sus mismos signos: curad, mitigad el sufrimiento, dad esperanza al que sufre; sanad todos los ámbitos de la vida que estén dominados por el mal, en el cuerpo, en el corazón, en los sentimientos, en la historia, en todas las perspectivas vitales. Jesús os acompaña.

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Redacción


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