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El friegaplatos



30 de Julio de 2014
Redacción
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Artículo de Leopoldo Antolín ss.cc., publicado en el boletín provincial “Nosotros SS.CC.”.


Cuando un hermano salió destinado a otra comunidad nos dimos cuenta de que el friegaplatos había que vaciarlo todas las tardes del año. No venía como creíamos, un ángel a colocar los platos y cubiertos en su sitio, esos que todos necesitamos. Desde entonces es frecuente que cuando uno a la hora de la merienda va a buscar una cuchara, una taza, y no la encuentra, tenga que abrir el lavavajillas y darse cuenta de que no ha sido vaciado. ¡Jó, me tocó! exclamamos con un tono de queja. Otra variante es la que se da cuando después de haber usado la taza y la cuchara y vas a depositarla en el lavavajillas lo abres y entonces te das cuenta de que ante ti se presenta un tremendo dilema: si dejar la taza y cuchara en el lavabo y que arree el que venga detrás o si perder tiempo en vaciarlo y colocar las cosas en su sitio.

Esa rutina del friegaplatos es todo un símbolo del tiempo que dedicamos al cuidado de lo que es de todos en la vida de comunidad. ¿Tema relevante o no en la Formación? Ayer en la tarde comunitaria que dedicamos a la revisión de vida de cada hermano y también de la comunidad salió con relativa fuerza cómo es en estas pequeñas cosas donde nos jugamos la verdad de nuestros discursos, ahí, donde no nos ve la gente que tanto nos aprecia, sino ese hermano que tendrá o no que cargar con lo que yo haga o deje de hacer al respecto. Como el friegaplatos evidentemente puede haber muchas otras cosas que requieran la buena servicialidad de los hermanos (limpieza, compras, coche, reparaciones, cocina, servicios litúrgicos…). Quien habla de recoger el friegaplatos puede hablar igual de recoger lo que sea… pues el verdadero final no llega cuando se acaba la actividad sino cuando se recoge. ¿Es mejor evitar o favorecer esas situaciones? ¿tenerlas organizadas para que cada uno haga lo que le corresponda o dejar algo a la generosidad? Este fin de semana tendremos la enorme alegría de la ordenación de diácono y de sacerdote de dos hermanos nuestros. Cuando me ordené de diácono recibí un mensaje que decía: "no olvides que por ser cura no dejas de ser diácono". El más alto servicio es servicio. Y el amor se concreta en el servicio. Quitar el friegaplatos es un acto de amor al hermano.

 
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