A Carlos Martínez, in memoriam

Conrado Monreal ss.cc. nos ofrece un texto en memoria de nuestro hermano Carlos Martínez ss.cc., que lleva por título: “Un recuerdo para mi amigo Carlos en su muerte”.

La historia de Carlos comenzó en Anguciana (La Rioja) el año 1942.

Carlos era un pozo de sorpresas y su muerte ha sido una sorpresa más pero esta sorpresa ha paralizado mi corazón de amigo. Todo ha sido rápido como las decisiones que tomaba su corazón, grande para todo, para entregarse a los demás o para darte un sofocón porque había decidido navegar por el mar embravecido. Nada le retraía, montaba a lomos de su libertad y recorría los caminos luminosos y arenosos de la vida. Un hombre hecho para todo, generalmente embridado por el bien a los demás. Solía ser acarreador de agua dando de beber de su cantarillo. Desprendido hasta sobrarse, rodrigón en el trato con los enfermos y sencillo con los pobres. Hablaba de Dios con naturalidad, como debe ser.

El mundo pobre de Kinshasa, los emigrantes de París, los enfermos de San Carlos y San Rafael, los religiosos mayores compañeros de vida, han gustado de sus sentimientos de comprensión y de su mirada al horizonte matando así la soledad del que sufre. Pasó, también, por varios colegios y por la Parroquia de Talayuela que siempre recordó.

Vivió anulando lo que dejaba por detrás, de un brinco olvidaba lo pasado para construir lo que tenía de porvenir entre sus manos Uno crece cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas y se alegra cuando marca camino aunque levante polvo. Carlos construía su vida con el presente que tenía entre sus manos sacando siempre fruto de servicio a los demás, aunque muchas veces su vida era de exégesis de difícil interpretación. Interpretó el evangelio como servicio y en eso acertó. Contempló a Jesús no en la cruz, ni en la Eucaristía, ni en su vida pública, bueno eso también, lo vio siempre con la tolla en una mano y la jofaina en otra lavando los pies a sus compañeros.

Decía León Felipe, “nadie va a Dios por el camino que voy yo”. Esta es la riqueza del amor de Dios. Cada uno lo soñamos con distinta ilusión y al cogerle de la mano sentimos escalofríos distintos y el buscarle, como cabritilla a su madre, es el acierto. Carlos anduvo su camino y el abrazo a Dios Padre habrá sido como el del hijo pródigo de Rembrandt, pintado con manos de madre porque así son.

Carlos, no he podido ir a decirle adiós, pero no olvides que quise conocerte y sobretodo quererte y no dudo que la amistad unió nuestras manos.

La historia primera de Carlos terminó el 8 de febrero de 2013 en Jerez. La segunda etapa empieza en el regazo de Dios y Él nos dará el gozo cada día en la eternidad y eso lo sabía muy bien Carlos.

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Redacción


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