María Josefina Lamarca ss.cc.

por Armelle Laudrin ss.cc.

Introducción

La M. Mª Josefina Lamarca destaca por el valor de su persona y porque ella se encuentra en los orígenes de la rama femenina de nuestra Congregación en España. Voy a procurar reflejar, con fidelidad, algo de lo que significó esta querida Hermana que nos ha precedido: en primer lugar, algunos datos de su biografía, intentando después adentrarme en lo mejor de ella misma, para descubrir cómo encarnó el carisma SS.CC. (1).

1. Biografía y fundaciones

Teodolina Lamarca Coronell nació en Valparaíso (Chile), el 4 de marzo de 1849, en una familia cristiana, de posición desahogada. Su madre, Dña. Petronila Coronell, mujer de acendrada y sólida piedad, comulgaba diariamente y se entregaba por completo durante la jornada a obras de beneficencia. Para ello contó con el apoyo incondicional de su esposo, D. Carlos Lamarca Borbón, gran estadista y político, que también participaba en las principales empresas industriales y comerciales argentinas. Sus hijos fueron: Matilde, Elvira, Carlos, Alberto, Teodolina y Elisa. Completaba la familia Lamarca, durante la infancia de Teodolina, la abuela paterna, nacida en España, en la provincia de Pontevedra. Conservaba la suavidad y el aroma de su tierra gallega, así como las tradiciones propias de la familia cristiana de aquel entonces. De esta abuela heredó Teodolina un gran amor a la Virgen, en quien se miraba para aprender su virtud. Todo este ambiente familiar influyó profundamente en ella. A lo largo de su vida, repetía con frecuencia: "¡Dios mío! Yo no sé cómo agradecerte el beneficio inmenso de haberme dado padres tan cristianos y tan buenos".

La familia procedía de Argentina, pero D. Carlos había sido destinado a Valparaíso como representante de su país en Chile. Y con él se había trasladado toda la familia antes de nacer Teodolina. Así pues, en Chile nació y creció Teodolina, y en él conoció la Congregación de los Sagrados Corazones. El P. Pacomio, perteneciente a dicha Congregación y venerado en la ciudad como un santo, fue durante mucho tiempo el director espiritual de la familia Lamarca. Al ser trasladado a otro lugar, le sustituyó el P. Augusto Jamet, que fue quien preparó a Teodolina para su Primera Comunión. Años después expresaba ella misma la buena preparación que tuvo para este primer encuentro con Jesús, por parte de las Religiosas y de este Religioso. Llegado el feliz día de recibir al Señor, lo hizo con gran fervor y rodeada de toda su familia. Tomó la resolución de comulgar con frecuencia, como su madre, y de visitar a Jesús Sacramentado, principalmente en los Sagrarios donde estuviera más abandonado. Como afirmaba ella misma, ese gran día prometió "ser siempre toda, toda de Dios". Con el tiempo fue creciendo en el amor a la Eucaristía y a la Virgen, a quien ella atribuía muchos favores, sobre todo decía que le había ayudado a conservar la inocencia.

Asimismo, la familia fue su escuela de aprendizaje en el amor a los pobres. Cuando de niña, yendo por la calle con su abuela y alguna de sus hermanas, encontraban algún mendigo, aquella les invitaba siempre, no sólo a ofrecerle una limosna, sino lo más importante, a darle cariño. En este amor fue creciendo con el paso del tiempo.

Pronto hizo aparición en su vida el sufrimiento, por dos grandes separaciones: su hermana Elisa, la que le seguía en edad y a la que ella se encontraba especialmente unida, falleció casi de repente. Poco tiempo después, era su padre, el que tras una serie de problemas y preocupaciones, enfermó de gravedad y se durmió en la paz del Señor, rodeado del cariño de todos los suyos, animándoles en todo momento y dando testimonio de una fe y fortaleza grandes.

Desde los diecisiete años quiso consagrarse a Dios en la vida religiosa y así se lo expuso a su madre, solicitando su consentimiento y su bendición. Pero la señora Lamarca había pasado por numerosas separaciones y sólo le quedaba esta hija (por ausencia o por fallecimiento, todos habían partido). Por ello no fue capaz de darle su sí e intentó por todos los medios que su querida y joven Teodolina se distrajese, con viajes y fiestas. De tal manera que llegó a contraer matrimonio con Enrique de Lyon, joven de gran piedad. Se amaron y respetaron mutuamente. Llevaron vida de total entrega a obras de misericordia, sobre todo con los enfermos del Hospital de San Juan de Dios, fundado por él. Ella continuó practicando todos sus ejercicios de piedad y siendo fiel a la hora de Adoración que tenía señalada en la iglesia de las Religiosas de los Sagrados Corazones.

Muerto su esposo, pudo al fin entrar en la Congregación y profesar en enero de 1881, con el nombre de Mª Josefina. Desde Chile fue enviada a Francia y de allí a España, con la misión de fundar. Era época de persecución para las Órdenes y Congregaciones Religiosas en el país vecino, por lo que los Superiores Generales (de Hermanos y Hermanas respectivamente) pensaron que España sería un buen lugar para extenderse y donde poder refugiarse en caso de necesidad. Pasada la etapa de la Primera República, con la Restauración Borbónica en la persona de Alfonso XII, todo anunciaba un período de calma política y religiosa en nuestra nación.

A finales de diciembre de 1880, dos religiosas (Mère Egidie, Priora General, y Sor Mª Teresa Teijeiro de los Ríos), procedentes del país vecino, atravesaban los Pirineos enviadas por Mère Angèle Chauvin, Superiora General. La misión que se les había encomendado era fundar en España. Tras fallidas gestiones y entrevistas en Madrid y Santander, la Congregación optó por Torrelavega, ya que D. Ceferino Calderón Díaz, Párroco de dicha ciudad, deseaba contar con la presencia de religiosas en su Parroquia. Manifestaba, además, la conveniencia de establecer en Torrelavega un internado para las niñas de la Provincia. El Señor había actuado de forma que todo encajase perfectamente en los proyectos de la M. General.

El día 19 de abril de 1881 salía de París, con destino a Torrelavega una expedición formada por ocho religiosas, a cuyo frente venía la M. Mª Josefina Lamarca, como Superiora. Les acompañaba Mère Egidie, representante del Gobierno General. Su primera escala fue en Miranda de Ebro, en la casa que los Religiosos de los SS.CC. habían fundado un año antes. Su llegada a Torrelavega, tras diversas peripecias que no hace al caso relatar aquí, fue el día 21 de abril. Precisamente era el día en que el Ministerio de Gracia y Justicia autorizaba la Congregación en España.

Ni que decir tiene que la fundación de Torrelavega era un gran acontecimiento para la Congregación. Era la primera que la rama femenina establecía en Europa, fuera de Francia. Así, junto con los Hermanos, que como hemos dicho, habían llegado a Miranda de Ebro en 1880, los Hijos/as del Buen Padre y la Buena Madre iban a llevar adelante en el "Viejo Continente" la Misión que ellos les habían encomendado. Se extendía la Adoración reparadora, así como la obra educativa, tan querida por nuestra Fundadora.

Los inicios fueron muy duros y de una gran pobreza y carencia de medios, pero el Señor les ayudó en todo momento y la M. Mª Josefina, junto con las otras Hermanas, fueron abriéndose camino en la ciudad de Torrelavega. Durante los primeros momentos habitaron una casa en el nº 2 de la Plaza Mayor. Allí comenzó también la tarea educativa con muy pocas alumnas. No obstante, como la obra apostólica crecía, junto con el número de Hermanas, fue necesario pensar en un edificio mayor. La finca destinada a albergar la nueva Casa y Colegio fue en la calle de Julián Ceballos, nº 23. El traslado se llevó a cabo durante las vacaciones de 1883. Al año siguiente se obtuvo el reconocimiento y autorización para la Enseñanza por parte del Ministerio de Fomento. El Colegio fue aprobado por Real Orden del 23 de octubre de 1885.

El Colegio seguía creciendo, por lo que en 1917, se construyó frente a la casa una nueva Escuela Gratuita para poder atender a más de 200 niñas que pedían educación cristiana. Los gastos fueron sufragados mediante una suscripción pública. Así continuarían las cosas hasta que, debido al gran volumen que adquiría la Obra Apostólica, fue necesario pensar en otro lugar más adecuado. En 1966 se llevó a cabo el traslado al actual Colegio de Sierrapando. La influencia beneficiosa de toda esta obra apostólica en Torrelavega y su entorno ha sido y continúa siendo grande en la actualidad (2).

A esta fundación siguieron las de Fuencarral (1898), Santander (1904) y El Escorial (1915), todas ellas llevadas a cabo por la M. Mª Josefina Lamarca. En la Casa que más años pasó fue en la de Fuencarral, de donde partió para la Casa del Padre el día 5 de marzo de 1930. Tenía 81 años de edad y 49 de profesión. La mayor parte de estos años había sido Superiora. De Torrelavega lo fue desde 1881 hasta la fundación de Fuencarral, en 1898. Y de esta Casa hasta su muerte, en 1930, como decimos más arriba. El ser Superiora de Fuencarral llevaba anejo el serlo de El Escorial, ya que esta Casa dependía de aquella, no teniendo Superiora propia hasta el año 1945. En esta fecha fue nombrada M. Mª Concepción Cubillo (3), que ejercía el cargo de Maestra de Novicias, desde los comienzos del Noviciado español en 1939.

Antes de terminar la biografía de M. Mª Josefina, quiero decir algo acerca del prodigio atribuido a la intercesión de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en favor suyo. Los hechos sucedieron en Torrelavega, el 11 de diciembre de 1894. Desde hacía doce años venía padeciendo del estómago y el mal se iba agravando hasta el punto de tener que guardar cama durante cuatro años y sin poder ingerir apenas alimentos. Sólo de tipo vegetal. Este mal, agravado por una fuerte gripe, hizo temer por su vida. En esta situación crítica, llegó al convento el P. López, Redentorista, que propuso a la enferma encomendarse a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Así lo hizo, con gran fe y devoción. Al tercer día, tras un breve empeoramiento, invocó una vez más a la Virgen y se produjo el hecho milagroso. Llamó a su enfermera y con gran alegría le dijo: "La Santísima Virgen me ha curado completamente". A partir de ese día gozó de plena salud. El médico que la había asistido durante los doce años de enfermedad no salía de su asombro, afirmando que era un verdadero milagro.

Poco después, el 21 de enero de 1895, durante el pontificado de León XIII, Roma publicó un documento que concedía pública veneración de la imagen milagrosa de Nra. Sra. del Perpetuo Socorro en la Capilla de las Religiosas de los Sagrados Corazones. Este cuadro se encuentra actualmente en la enfermería de las Hermanas, velando por sus hijas.

2. Cómo era y cómo encarnó el carisma SS.CC.

A través de algunas de sus cartas y testimonios de quienes la conocieron es como podemos llegar a rastrear algo de su interior, de lo que animaba e impulsaba su vida y de cómo la percibían los demás: "Ya estamos aquí huérfanas de aquella santa que será nuestra intercesora en el cielo", escribe una antigua alumna. Y un padre de alumnas del Colegio de Fuencarral dice: "Virtud, talento... se daban cita en su persona, simpatiquísima". La misma persona añade: "Una larga vida practicando la virtud, prodigando la caridad y desviviéndose por la enseñanza...".

En general los testimonios de cuantos la trataron, de todas las edades y condiciones, afirman que se sentían felices de haberla conocido y manifiestan que en ella la autoridad era amable, la virtud atrayente y la voluntad firme, pero llena siempre de simpatía. Supo interesarse por todo y por todos. Incluso estando ya enferma seguía con interés las alegrías y las penas, tanto de los cercanos como de tos que estaban más lejos.

Su sencillez y humildad le impedían alardear de sus orígenes, social y familiarmente acomodados, llegando a quemar los documentos que así lo acreditaban. Como ella misma afirmaba, "esto puede ser motivo de necia vanidad, y para una hija de los Sagrados Corazones debe ser la mayor nobleza vivir humilde y olvidada." Lo mismo podemos decir de su vida interior y de sus muchas virtudes. Practicó aquella norma evangélica que nos dice: "Tú, cuando des limosna, haz que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha" (Mt. 6, 3). Como hemos visto en el breve relato de su biografía, desde su niñez lo había aprendido de los suyos, en especial de su madre, tan caritativa y entregada por completo a los más necesitados.

Fiel hija de nuestra Fundadora, se caracterizó también por su gran espíritu de fe y por su confianza en la Providencia, que la llevó a comprometerse en tareas difíciles, como fueron las fundaciones por ella realizadas, siempre con carencia de recursos materiales y a veces en una gran pobreza pero sabiendo que Dios llevaría aquello adelante, si entraba en sus designios.

El amor a la Eucaristía fue siempre una constante en su vida. De sus largas horas de adoración, extraía luces abundantes y calor para llevar adelante lo que el Señor le inspiraba. Supo inculcar en las hermanas, así como en las alumnas, este amor a Jesús Eucaristía. El fundar una Casa, al igual que para la Buena Madre, era el comienzo de una adoración. Cuando el número y condiciones físicas de las hermanas lo permitían, se mantenía la continuidad de la misma.

Otro de sus grandes amores fue el Corazón de Jesús, por cuyo reinado trabajó incansablemente, junto con sus buenas colaboradoras. Siendo Superiora de la Casa de Fuencarral, en Madrid, se estableció el Secretariado de la Entronización, por inspiración del P. Mateo Crawley, venido a España para trabajar a favor de dicha obra.

¡Qué decir de su amor a los más necesitados! Siempre mostró gran sensibilidad hacia estos hermanos más desprotegidos. El interés por la ayuda y promoción de los mismos fue una prioridad a lo largo de toda su vida. Siguiendo los pasos de la Buena Madre, juntamente con cualquiera de los Pensionados que ella fundó, abría una Escuela Gratuita para las niñas carentes de recursos económicos. Siempre se desvivió por ellas y por sus familias.

También experimentó fuertemente aquella afirmación del Buen Padre: "mis hijos son los hijos de la Cruz". Ya hemos hablado de la dura enfermedad vivida en Torrelavega. Otras pruebas, tanto enfermedades físicas como dificultades de todo tipo, le acompañaron a lo largo de toda su vida. Especialmente duros fueron sus últimos momentos. No obstante, ella supo siempre dar muestras de gran fe y fortaleza de ánimo para llevar todo sin desaliento, fiada por completo del amor de los Corazones de Jesús y de María, a quienes había consagrado su vida.


(1) Las fuentes consultadas son algunos escritos y documentos del Archivo Provincial de las Hermanas, así como la circular que la M. Rosalba escribió a su fallecimiento, solicitada a la Casa General. También el libro del P. Casimiro González, SS.CC.

(2) Mucho me he extendido en la fundación de Torrelavega, incluso saliéndome algo de la persona de M. Mª Josefina. Me ha parecido oportuno por ser la primera y de tanta solera para las Hermanas. Haré más síntesis en las restantes.

(3) Ésta era hermana de la M. Mª Luisa (Amalia).