Hermasie Paget, ss.cc.

por María Bernarda Ballón Landa ss.cc.

Introducción

Al visitar la Fortaleza del Real Felipe en el Callao, la gente se queda sorprendida al encontrar en el Museo Histórico el retrato de una religiosa de los Sagrados Corazones, y más de uno se pregunta: ¿Qué hace esta monja aquí? Y es que ella entró a formar parte de la historia del Perú, por su discreta intervención femenina ante el Almirante francés Bergasse du Petit Thouars, en defensa de la ciudad de Lima, en la guerra del Pacífico, aunque fuera del ámbito de nuestras casas, es muy poco conocida. Hablamos de la Hermana Hermasie Paget SS.CC. Nació en Sombacour (Francia) el 2 de agosto de 1828, dentro de una familia profundamente cristiana, recibiendo el nombre de María Eugenia en el bautismo. Sus padres fueron Ambroise Paget y Euphasie Morel, Fue la menor de doce hermanos, de los cuales, dos fueron sacerdotes; uno ingresó a la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, llegando a ser Superior General, y su hermana Thaïs ingresó a la Congregación de los Sagrados Corazones, donde recibió el nombre de Cirila, quien formó parte de los pasajeros del "Marie-Joseph", barco misionero de nuestra Congregación, que partiendo de Francia en 1842 para Oceanía, desapareció misteriosamente sin llegar a su destino.

María Eugenia se educó en nuestro colegio de La Verpillière. De allí pasó al Noviciado de Picpus, donde profesó con el nombre de Hermasie en 1848.

Desde niña manifestó tener una naturaleza generosa y dotada para el bien. No rehuía los sacrificios que se le presentaban, cuando creía que venían de la voluntad del Señor. En el Noviciado también se distinguió por su fe profunda, su conducta humilde y bondadosa, así como inteligente y atinada.

La desaparición de su hermana Cirila no la amedrentó, sino que por el contrario, le hizo desear llenar el vacío que ella dejó y estar dispuesta a ir a lejanas regiones para llevar el Evangelio.

Delicada de salud y habiéndosele recetado un cambio de clima, a los pocos meses de su Profesión, fue designada para partir al Perú, a la cabeza de un grupo de Hermanas. El 15 de julio de 1849 se embarcaban para América en el barco "Mares del Sur".

Existe el diario que escribió Hermasie durante todo el viaje que duró ¡siete meses! con largas escalas en Río de Janeiro y en Valparaíso. A través de este escrito se puede conocer a la autora en su espíritu observador y contemplativo, cuando relata la inmensidad del mar en sus colores cambiantes, el cielo, las estrellas, los peces y las aves que se acercan al barco. También se manifiesta el buen humor de Hermasie; todas las incomodidades son llevadas a broma, con las caídas y rodadas por los movimientos bruscos de la embarcación; se ríen de las personas que tratan de ver "la línea" imaginaria que separa el hemisferio norte del hemisferio sur, invitadas por el bromista capitán.

Las Hermanas rezan, cantan, hacen sus labores femeninas y toman parte en todos los acontecimientos festivos o preocupantes de la vida a bordo. No dejan de hacer su apostolado entre los grumetes. El 2 de agosto lo recuerda Hermasie de una manera especial, porque cumple su mayoría de edad, 21 años.

Hacen escala en Río de Janeiro y llegan a Cabo de Hornos; Hermasie tiene un penoso recuerdo, pues se piensa que allí naufragó el "Marie-Joseph" donde pereció su hermana Cirila. Gracias a Dios superan bien este momento. Celebran la Navidad a bordo con muy buen ánimo y se acercan a Valparaíso donde desembarcan para encontrarse con Hermanas y Padres de los SS.CC. Pasan un mes aprendiendo el castellano y enseñando sus habilidades mientras esperan el barco que las lleve al Perú. Al fin se presenta el navío que las llevará a Lima, pisando tierra peruana el 15 de febrero de 1850.

Apenas llegada Hermasie fue nombrada Maestra de Pensionado (Directora) a pesar de su juventud (tenía 21 años) y se consagró a la tarea educativa. Se puede decir que éste es el rasgo más notable de su persona: fue educadora eximia. Dirigió muy acertadamente el Colegio Belén, tratando de dar una educación integral. Al lado de las disciplinas que se estudiaban en esa época, la formación moral fue muy cuidada.

A pesar de ser nombrada Superiora en 1854, cuando contaba sólo 26 años de edad, siempre veló por la formación académica, moral y espiritual de las educandas. Por su eficiente y abnegada labor educativa mereció el Diploma de Oro, como la mejor Maestra de la República, que le otorgó el Concejo Departamental de Lima, el 28 de julio de 1877.

Llegó el momento doloroso de la guerra del Pacífico entre Perú y Chile, "... el corazón de nuestra santa religiosa, que amaba al Perú como su segunda patria, sufrió infinitamente por nuestros desastres, pero con su enérgica voluntad, no omitió medio para evitarnos más desgracias" (Vida de la R.M. Hermasie Paget). El Almirante du Petit Thouars que frecuentaba el Colegio Belén, estando en Valparaíso, cuenta que el recuerdo de Lima, de Santa Rosa, del Colegio Belén se le presentaron con tanta insistencia que decidió regresar a Lima, e inmediatamente fue a Belén, ofreciendo su barco "La Victorieuse" a la Madre Hermasie y a su comunidad, pero las Hermanas prefirieron permanecer junto al pueblo peruano en su convento que fue el refugio para muchas familias.

Ante el pedido de la religiosa, Petit Thouars, ofreció en defensa de Lima, su armada, a la que se sumaron otras escuadras de otros países, y la ciudad se libró de ser bombardeada, incendiada y saqueada. En 1924 el gobierno peruano levantó un monumento al Almirante du Petit Thouars en agradecimiento por su acción y se colocó una placa en una calle de Lima en homenaje a la Hna. Hermasie Paget ss.cc. En 1986, las exalumnas de Belén hicieron levantar una estatua de la religiosa en un parque de San Isidro, siendo proclamada "Salvadora de Lima".

Hermasie Paget fue Visitadora y fundó las casas de Arequipa, Ica y La Paz (Bolivia). Falleció en Lima el 2 de noviembre de 1890. En su corona fúnebre se lee este bello testimonio: "Pasó haciendo el bien".

Leyendo la historia de su vida, podemos decir que supo encarnar el carisma SS.CC. porque vivió profundamente el amor a Dios y al prójimo. Sus contemporáneos dan fe de su bondad, humildad y sencillez, de una abnegación sin límites que nos recuerda la expresión de la Buena Madre: "consumirme como un cirio". Favoreció con solicitud a los necesitados. La prueba de fuego la dio en la guerra donde se volcó para aliviar a las víctimas de este penoso conflicto. Toda esta fuerza la recibía de su diario contacto con la Eucaristía que era su centro. Su celo la hizo organizar la adoración entre los seglares y fundar, junto con sacerdotes de la Congregación, la Asociación de los Sagrados Corazones.

Su espíritu de Adoración lo extendía a toda su vida por un completo y alegre abandono en las manos del Señor. En su misión educadora supo inculcar a las niñas y jóvenes el amor a Dios y a los demás, así como una profunda devoción a la Virgen María. Su presencia comunicaba serenidad y bondad. Realmente "pasó haciendo el bien".