Eustaquio van Lieshout, ss.cc.

¿Conoces a nuestro hermano Eustaquio?

por Ángel Lucas Martínez ss.cc.

¿Crees que conoces a nuestro hermano Eustaquio van Lieshout...? ¿o más bien te es desconocido?

A muchos de los que he oído hablar de él diría que, a la hora de valorar su persona, me parece les llama más la atención alguno de los adornos de los que pueda estar provista, que lo que la persona es en sí, lo esencial. Se habla de lo accidental sin conocer lo esencial, logrando con ello presentar una falsa figura. Algo así como si para hablar de lo que es un rábano se hablase de sus hojas porque se ven y no del bulbo, que no se ve, porque no se le ha descubierto.

Eustaquio (Huberto de bautismo, y familiarmente Huub) nació en Aix-Richtel (Holanda) en 1891, en medio de una familia en la que "trabajar y rezar eran las dos cosas que se hacían en casa... Éramos 11 hijos: 8 chicas y 3 chicos, de los cuales uno se haría sacerdote religioso y tres de las hijas entrarían en un Convento en las Hermanas de Schijndel" (1). Su maestro Hamelinck dijo de él que 'tenía una voluntad de hierro', pero desaconsejaba a su padre llevarlo a estudiar 'porque quizás no podría con los estudios' (2). Fue el coadjutor de su Parroquia, Rev. Janssen, quien, descubriendo una posible vocación al sacerdocio, obtiene del padre dejarle ir a la Escuela Latina de Gemert, a donde iba y volvía todos los días caminando durante una hora, y durante un año y medio. "En esta escuela encuentra un librito sobre el P. Damián de Veuster, y queda impresionado con su vida" (3). A los 11 años hizo su Primera Comunión en Beck, en 1901. Su padre había pensado en él como posible ayudante en la campaña, y como sucesor más tarde. Pero él le manifiesta su gran deseo de llegar a ser sacerdote.

"El 25 de septiembre de 1905 inicia sus estudios en el seminario menor de los Padres de los Sagrados Corazones, en Grave. Tenía 15 años. Tuvo que trabajar duramente para superar los exámenes. Ciertamente no era de los mejores de la clase... Pero sus esfuerzos eran patentes a todos, así como su piedad ejemplar y su grande espíritu de oración" (4). "No va bien en los estudios, decía su superior, pero su celo repara todo" (5). Y él sufría mucho, no porque no podía soportar la humillación, sino porque temía no poder llegar a ser sacerdote.

En este deseo de hacerse sacerdote se mantuvo fuertemente en medio de las dificultades y de la opinión de su padre, que, sin embargo, no impedía a su hijo ser sacerdote, pero reconocía no ser fuerte en los estudios para poder llegar a su intento. Por eso un día le dijo: "Muchacho, tú no puedes con los estudios". Su respuesta fue: "Yo haré lo mejor que pueda, pero nosotros debemos tener más confianza en Nuestro Señor y las cosas irán mejor."..."Esta confianza en Nuestro Señor era su característica" (6).

Entrado en el noviciado tuvo que interrumpirlo a los pocos meses por causa de la invasión de los alemanes. Los novicios volvieron a sus familias, y Eustaquio obtuvo alojamiento en el convento religioso en Beck, donde residía una de sus tres hermanas religiosas. "Empleaba su tiempo en la oración, en el estudio y en las visitas a los enfermos del hospital, para ejercitarse en fortificarse para su vida de misionero, como él mismo decía" (7).

Trascurrido el noviciado, pronunció los votos simples de pobreza, castidad y obediencia, en la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María. En una carta a sus padres y hermanos, escribía a propósito de la Profesión Religiosa: "Aquel fue un día que nadie podrá quitar de mi memoria. Puede ser parngonado al día de mi Primera Comunión, pero en cierto sentido fue mucho mejor, pues en la Primera Comunión nosotros recibimos, y ahora en cambio nosotros nos damos a nuestro Señor" (8).

En febrero de 1916 fue a Ginneken, donde estudirá la Teología hasta 1919. "Al principio Eustaquio era un estudiante deficiente. Tenía poca memoria y poca inteligencia para las cuestiones metafísicas. Pero poco a poco, consiguió una intuición teológica. Su criterio en las cuestiones prácticas pastorales era más que suficiente... Para los Profesores no fue ningún problema admitirlo a la ordenación a causa de su capacidad intelectual. Era un religioso fervoroso y celoso... Lo que sobre todo llamaba la atención en él era su devoción al Stmo. Sacramento. P. Gil van Boogaart (su futuro vice-provincial en Brasil) cuenta un pequeño episodio referente a su dificultad en los estudios, pero que manifiesta también de Quién se fiaba y dónde ponía su confianza: "En los tres días que precedían los exámenes él se dedicó a fondo, pero ante la dificultad que experimentaba, estuvo a punto de desanimarse; cerrando los libros se salió a rezar" (9).

Se preparó conscientemente al sacerdocio: "Os ruego, hermanas mías religiosas, seáis durante toda mi vida sacerdotal, mi Moisés sobre la Montaña. Haciendo esto, dais vuestra vida y vuestros trabajos por el feliz éxito de mi ministerio sacerdotal. Sed todas juntas apóstoles, apóstoles por la oración y por el amor". El 10 de agosto de 1919, en la capilla del Escolasticado de Teología de Ginneken, recibió con otros siete compañeros más la ordenación sacerdotal.

Su primer ministerio lo ejerció durante dos años en Maasluis (Holanda). ¿Has oído hablar de su labor allí entre obreros belgas, muy aficionados al vino, en una fábrica de vidrio?.. Según opinión del P. Gil van de Boogaart, su Pro-Provincial en el Brasil, "fue precisamente en este lugar donde decidió no beber más bebidas alcohólicas, decisión a la que fue fiel durante toda su vida" (10). ¿Y tienes idea de por qué el Rey de Bélgica, Leopoldo II, le concedió una condecoración?... ¿Y de por qué algo más tarde, en la parroquia de Roelefarendsveen (Holanda), donde trabajó incansable como coadjutor durante dos años largos, su párroco empezó a llamarle "raptor de almas"?

Secundando sus deseos misioneros fue elegido para ir al Brasil (11), donde llegó el año 1925 con otros dos Padres, y abrieron su primer casa en Agua Suja, hoy llamada Romaría (Estado de Minas Gerais). Allá estuvo 10 años, como párroco. ¿Tienes idea de cómo lo recibió la gente, donde el libertinaje y la prostitución estaban a la orden del día cuando él llegó? ¿Y de por qué y cómo, al recibir obediencia, en 1935, para ir a Poá (Estado de Sao Paulo) aquella misma gente se opuso a su salida de la parroquia con todos los medios, incluso con armas? ¿Qué había ocurrido durante aquellos diez años para llegar a esa reacción del pueblo? ¿Con qué agua había regado el campo de su parroquia para que se diese un tal cambio en ellos, tanto que para poder obedecer a su superior, tuvo que inventar una estratagema, y así salir sin que se enterasen? Los pobres y los enfermos sí que lo sabían.

En Poá, Estado de São Paulo, ejerció su ministerio durante seis años: de 1935 a 1941. Su lucha contra el espiritismo y el cuidado y asistencia a los enfermos le llevaba todo su tiempo. Había días que llegaban a Poá de ocho a diez mil personas. Demasiada gente para un pueblo o un suburbio de São Paulo, que no reunía condiciones higiénicas, ni disponía de recursos para tantos. El pequeño ferrocarril de Poá a São Paulo era insuficiente. ¿Quién impulsaba a aquella pobre gente enferma a hacer kilómetros y kilómetros solamente para recibir una bendición del P. Eustaquio con la esperanza de curarse? ¿Por qué Obispos, párrocos y sacerdotes orientaban a los enfermos a acudir a P. Eustaquio? ¿Por qué en medio de tanta gente y de tanto barullo inevitable, "toda su actitud, escribe el Abad del Monasterio de San Benito, era de humildad sencilla, de paz y de tranquilidad interior?" Y añade a propósito de una confesión que hizo con él: "Mostraba conocimiento profundo de las cosas espirituales, cosa que era de extrañar en un Padre ocupado enteramente en el cuidado de las almas del pueblo. Se veía su espíritu de fe, su inalterable bondad sin límites".

Pero aquel ir y venir de enfermos alarmó a las autoridades civiles y eclesiásticas. Se le acusó además, de que recetaba medicinas y de que daba bendiciones indiscriminadamente e inventándolas. A esto reaccionó el Arzobispo, quien por medio de su Vicario General, que es quien lo testimonió, le amonestó severamente 'porque recetaba medicinas' y le prohibió expresamente dar en adelante bendiciones a los enfermos. ¿Pero conoces o has oído hablar de cómo todas las severas recriminaciones del Vicario General, hechas en nombre del Arzobispo, se disolvieron en las lágrimas de P. Eustaquio y en su actitud de escucha humilde y silenciosa, sin rechistar, y no hablando sino a invitación del Vicario General a quien aquella actitud del Padre le hizo reflexionar y cambiar de tono? ¿Y cómo con solo dos frases que dijo humildemente el Padre Eustaquio todas las bravuras del Vicario, lo confesó él mismo, fueron por tierra? Y luego, después de un coloquio con el Arzobispo, ¿sabes cómo los dos, Arzobispo y Vicario, se excusaron ante el Padre Eustaquio y le dejaron volver a su parroquia retirando todo lo dicho porque no podían prohibirle lo que hacía con respecto a las bendiciones que daba?

No obstante, a causa de la situación que se creaba en Poá por la enorme cantidad de gente que venía, las autoridades civiles hablaron con el Arzobispo y éste con el Provincial, y decidieron que el Padre saliese de Poá, como solución más fácil para resolver la situación. Y para evitar lo que había ocurrido en Romaría ante su marcha, P. Eustaquio salió durante la noche sin decir. Se dirigió hacia el norte recorriendo algunos lugares y llegando por fin a Río de Janeiro, donde con el P. Pro-Provincial se presentó al Cardenal Lema, solicitando poder residir en su archidiócesis y ejercer el ministerio. El Cardenal concedió la petición, pero con una reserva que expresó allá mismo: "El día que a causa de su ministerio las gentes de las colinas empezasen a bajar a la ciudad y ser causa de trastornos en el tráfico de la ciudad, ese mismo día él (P. Eustaquio) deberá salir de la ciudad inmediatamente". Mucho debía haber oído el Cardenal para formular en esos términos aquella reserva. Pero así fue. Los dos Padres la aceptaron. Y P. Eustaquio para evitar toda publicidad procuraba no hacerse ver yendo de incógnito y solamente a visitar los enfermos que lo llamaban en las familias, pero siempre poniendo a disposición de los enfermos los dones que el Señor le había concedido. Como las paredes oyen, se empezó a hablar otra vez de milagros y se enteró la prensa, con lo cual empezó el caos en el tráfico a causa de la gente que lo buscaba. ¿Y qué es lo que ocurrió? Pues lo de siempre, como a Dios, que es quien hace los milagros no lo podemos tocar, se arremetió contra el instrumento. La respuesta del Cardenal no se hizo esperar. Una noche sonó el teléfono en la Casa Provincial y una voz en la otra parte del hilo ordenaba que de parte del Sr. Cardenal aquella misma noche P. Eustaquio saliese de Río de Janeiro. Ante las prisas, el ser de noche, y el haberse ofrecido un señor conocido a llevárselo a su "Fazenda S. José", Padre Eustaquio acompañado del P. Provincial salió al día siguiente para dicha finca, donde residió durante cinco meses con el falso nombre de "P. José". Hasta esto aceptó para evitar ser conocido. ¿Tienes idea de lo que allá vivió y sufrió P. Eustaquio? Vale la pena conocerlo. Oculto y reducido al silencio, solo podía decir la Misa y hacer un poco de ministerio entre los colonos de la finca. "... Yo estoy aquí escondido en una "Finca", donde celebro la misa y me ocupo del cuidado de las almas de 800 personas. ¨¿Por qué escondido? Esta es la voluntad del Nuncio. En estos últimos tiempos han ocurrido algunas curaciones con una bendición que he dado a uno u otro infeliz enfermo, y ahora el pueblo y también el clero me persiguen para obtener otras curaciones. Comprenderá que esto provoca tumultos. Pero el mayor temor era que yo mismo viniese suspendido, si no permanecía escondido, como lo estoy actualmente de modo provisional" (12).

Pero su situación no podía agradarle ni a él, ni al Provincial, ni a ninguno. Quiso irse a Portugal, Argentina o Chile, pero el P. Provincial, que conocía lo que tenía en él, no lo quiso soltar, y trató de buscar otra solución. No era fácil. El mismo P. Eustaquio ayudaba a buscar soluciones. Fue a estos momentos a los que el P. Provincial, P. Gil, se refería cuando declaró: "Conviene añadir que P. Eustaquio fue a esta Finca por obedecer a su Superior..., a pesar de que él se sintiese a disgusto por el hecho de no poder estar por más tiempo en Río; él no manifestó este disgusto con palabras, pero yo pude notarlo a través de su semblante que parecía expresar una exclamación como de "¡qué pena!", por no poder hacer el bien que quería hacer... Por grande que fuese la repugnancia del hombre, el religioso obedeció; venció, venciéndose a sí mismo, sin hacer ninguna observación a la voz de su Superior. Puedo decir que fue en una ocasión como ésta en la que fue reforzándose en mí la convicción de que allí había algo más que un sacerdote y un religioso" (13). Por fin uno de los consejeros de la pro-provincia, ante aquella penosa situación del Padre, solicitó del Provincial llevárselo a su casa, en Patrocinio, donde se le dejaría empezar a ejercer el ministerio, pero con ciertas restricciones y de acuerdo con un reglamento estricto que se le impondría. A todo se sometió el Padre sin replicar. Y salió para Patrocinio (en Minas Gerais) donde solo podía decir Misa y algo de ministerio solamente en el confesionario y a horas limitadas. Después de algún tiempo, se le encargó de la parroquia de Ibiá, pueblo cercano, donde solo estuvo cuatro meses (tiempo suficiente para dejar medio construido un hospital), porque el Arzobispo de Belo Horizonte, Mgr. Antonio Cabral, habló al P. Provincial y le ofreció para P. Eustaquio una parroquia, que habían dejado los Padres dominicos, en la ciudad de Belo Horizonte. El Arzobispo conocía cuanto había ocurrido por donde P. Eustaquio había pasado y cómo vivía todavía con muchas limitaciones en su ministerio y controlado por uno de sus hermanos. Por ello, y como echándole una mano, quería que fuese allá P. Eustaquio donde podría hacer vida normal y ejercer su ministerio libremente, aunque de momento solamente en su parroquia. El P. Provincial y P. Eustaquio aceptaron. Era abril de 1942. El mismo Arzobispo poco a poco fue concediéndole ejercer el ministerio en toda la ciudad cuando los otros párrocos lo solicitaban. Predicaba retiros, novenas y confesaba mucho, a veces hasta altas horas de la noche. Este mismo Arzobispo confesó al Abad del Monasterio de San Benito en Río, "que nunca se había arrepentido de haber llamado a su diócesis a P. Eustaquio y darle una parroquia, sin haber hecho atención de las dificultades surgidas en Poá y en Río de Janeiro. Padre Eustaquio se sometía perfectamente a las reglas establecidas con respecto a los enfermos y, por otra parte, los resultados obtenidos por él, principalmente con sus conferencias para las pascuas organizadas, eran realmente fuera de lo común."

Con él el cambio de costumbres y el renacimiento de la fe fue en progreso continuo. Baste saber que al año y cinco meses de su llegaba, inesperadamente, muere el Padre Eustaquio, el 30 de agosto 1943, a causa de un tifus exantemático, incurable por entonces; y que difundida la noticia por la radio, todas las calles, que rodeaban el Sanatorio donde había fallecido, se hicieron intransitables en pocos minutos por la gente que acudió. Y al día siguiente, la gente de Belo Horizonte, y de otros lugares que vinieron al entierro, abarrotaron la calle de cinco kilómetros, que conducía al Cementerio de Bonfim, y en silencio y a pie lo acompañaron por última vez llevando sus restos mortales a hombros. Cosa parecida, aunque en menor escala, se repitió al día siguiente y días posteriores. ¿Qué y Quién movía esas masas de gente para dar el último adiós a aquel pobre misionero holandés, 'que (como decía un abogado, oyente de uno de sus 'retiros para intelectuales' en el campo de futbol de Belo Horizonte) hablando un portugués tan malo los tuvo a todos con la boca abierta durante toda la conferencia'? ¿Qué es lo que movía a aquella gente, que casi no había tenido tiempo de conocerle en su breve estancia en Belo Horizonte? Preguntádselo a los pobres, enfermos y pecadores convertidos. Su tumba siempre estuvo y está también hoy día llena de flores, y acompañada de gente que reza y pide con fervor su intercesión.

Que ¿cómo ha vivido el P. Eustaquio el carisma de la Congregación? Cuando se conoce un poco la historia de la vida del P. Eustaquio van Lieshout, se ve que de alguna manera ella manifiesta la grandeza del hombre, que encuentra el sentido de su vida en el darse por la causa del Reino, viviendo los valores evangélicos, amor a Dios y al prójimo, con sencillez, generosidad y olvido de sí mismo. Esta diría ha sido la realidad de la vida de P. Eustaquio: entrega total a Dios en la intimidad de la oración (profunda devoción al Santísimo Sacramento, a la Santísima Virgen María y a San José); entrega total a Dios en el cumplimiento de sus deberes sacerdotales y religiosos, y en el grande celo por el bien de las almas; entrega total y desinteresada hacia Dios en el prójimo, particularmente en el prójimo más necesitado: pobres, enfermos y pecadores. Él no hablaba de la tantas veces cacareada y no vivida 'opción por los pobres'. Tuvo, en cambio, el carisma de vivirla "... porque este hombre y ese Padre, de alma excepcional, repleta de caridad cristiana, tenía el don de reunir en torno a sí a los que sufren y que esperan, a los que desean servir a Dios y a su Iglesia, a los que necesitan una palabra de consuelo y orientación, a los que quieren servir a su prójimo por amor a Dios" (14).


(1) Testigo III: Proc. Rog. En Curia Buscad., Adriana van Lieshout, ad 5 (2) Ibidem.
(3) V testigo: Wilhelmina van Lieshout, Proc. Rog. de Curia Busc., ad 6.
(4) II testigo, P. Cyrillus Grondhuis, Proc. Rog. de Curia Busc., ad 6 a.
(5) Sor Faustina van Lieshout, Doc. N. 10, pág. 86
(6) Sor Faustina, Doc. N. 10, pág. 86
(7) Sor Faustina, Doc. Nº 10, pág. 86 (tr.).
(8) VI testigo: Sor Faustina, Proc. Rog. En Curia Busc., ad 7 f-g.
(9) I testigo: P. Gil v/d Boogaart, Prov. Río de Janeiro, ad 8
(10) I testigo: P. Gil v/d Boogaart, Proc. Rio de Janeiro, ad 9, n
(11) Antes de ir al Brasil vino a Madrid para aprender algo el español, pues más bien pensaban ir a un país de lengua española que al Brasil. Luego todo cambió una vez llegados al Brasil.
(12) Carta del 14 sept. 1941 al P. Provincial en Holanda
(13) I testigo: P. Gil v/d Boogaart, Proc. Rio de Janeiro, ad 12, b
(14) Proceso P. Eustaquio, Sumario, Documentos, pp. 661-662. "Folha de Minas" del señor Oscar Mendes.