Cleonisse Cormier ss.cc., la primera gran viajera.

por María del Carmen Pérez Walker ss.cc.

1838. POR EL CABO DE HORNOS, HACIA EL NORTE

Valiente el pequeño velero Zelima enfrentando las olas y los vientos australes, al dar la vuelta por el Cabo de Hornos, allí donde América termina, donde se estrellan en enormes olas los dos grandes océanos. Como tantos antes de él va saliendo airoso y gira al norte para navegar a los largo de esas islas y tierras que el navegante Magallanes llamó Patagonia. Un duro invierno en este hemisferio. La navegación no ha sido fácil para esas doce mujeres francesas, jóvenes todas, que llevan una escondida fuerza de esperanza hacia ese "Valle del Paraíso "donde las espera un pueblo,como enviadas de Dios.

A la cabeza del grupo de misioneras de los Sagrados Corazones, una mujer llena de la energía, apta para poner la mano al arado sin mirar atrás, y abrir surco a la siembra de tantas otras que ya vendrán, o que ahí nacerán. Al avanzar al norte, esperanza y gozo, pero un poquito de ansiedad ante lo desconocido. ¿Cómo será esta América, este Chile, su gente? ¿Cómo serán recibidas? ¡Y esa inevitable nostalgia de la patria dejada, de la familia segura y querida allá en Picpus...! Pero el celo con que enfrentan la aventura, como otros grandes apóstoles, hace triunfar la seguridad de estar al abrigo de una mano amorosa que guía cada paso. No en vano el adiós a la Casa Madre fue ese 3 de mayo de l838, hace apenas tres meses, bajo el signo de la Santa Cruz: signo de dolor, pero de salvación y fecundidad...

Cleonisse Cormier (Anatasia du Cormier) encabeza este grupo de 12 religiosas. Todas francesas, excepto Patrice de Irlanda. Cleonisse ha dejado su trabajo de educadora en Cahors donde la ha enviado la Fundadora tras sus votos. Joven de entrega total pone su fuerza en ese trabajo olvidando quizás aquel encuentro, luego de su profesión, con la madre Henriette y esa pequeña profecía "Mignonne, la haremos viajar mucho". Se extraña al ser llamada y enviada en esta misión, ya no por la Buena Madre que ha muerto, sino por Madre Francoise de Viart la sucesora.

Pero Cleonisse es todo fuego y no teme. Hechos los preparativos será ella quien encabeza la partida hacia el puerto de Bordeaux donde el Zelima se mece en espera de partir. Último adiós a las queridas hermanas, a los Superiores Generales presentes en la partida del navío que lleva un buen contingente de misioneros a Oceanía y América.

Mal tiempo en el Mar Cantábrico, mejor a través del Atlántico, la aventura de pasar la línea del Ecuador (¡Más vale pagar cerveza a la tripulación que ser "bautizadas"", adiós a sus escuálidos francos¡). La Virgen está atada al mástil que atraviesa la única cabina donde viven las hermanas esos tres largos meses. La Salve es cantada en cubierta, por primera vez bajo las estrellas del cielo austral…Vehemente Cleonisse saluda al Sur renovando su entrega: " Te saludo, hemisferio sur... Hermoso sol del ocaso, ve a decir a los habitantes de las regiones del Norte que el Dios de todo el mundo es bueno, que merece ser servido con generosidad y perseverancia"

Perseverante oración por todo lo que vendrá. Cleonisse hace planes y prepara su caudal de energía joven El barco avanza hacia el Norte, camina hacia el objeto de su esperanza: esa América donde, ella confía, la cosecha será abundante. Por fin, como anfiteatro de sencillas casitas mirando el mar: ¡El Valle del Paraíso! Es el 1 de Septiembre de l838.

1855 OTRA VEZ AL FRIO SUR

17 de julio, pleno invierno en el Océano, Cleonisse va hacia los fríos del Sur. Bordea los campos verdes, los bosques y caletas del Chile amado. Esas dispersas islas de la loca geografía del Chile austral, insular. Esta vez no llagará hasta el Cabo de Hornos, sino será el Estrecho de Magallanes, ruta más benéfica para una mejor navío, no ya un velero sino una "moderna motonave". Vuelve a Francia una mujer madura por la experiencia, los trabajos y mucho esfuerzo. Una mujer dolida. Deja tras de si religiosas apóstoles en: Chile y Perú, y el sueño de llegar a Bolivia. Siente que se hizo mucho, que tanto falta por consolidar, rutas nuevas que abrir. Mil proyectos no cumplidos. Por el Atlántico, hacia el Norte, de vuelta a Europa..

Pero no hay alegría en volver a Francia, sino la resignación dolorosa de obedecer con el alma ciega.

Difíciles días ha vivido la Congregación buscando su rumbo tras la muerte de los Fundadores. Pero ahora es el momento de obedecer a Roma y a las nuevas autoridades. Cleonisse, desde lejos, oscuro el paisaje total, vive apasionadamente su adhesión al pasado. Lo que ella ve como fidelidad a los Fundadores, se ha vuelto ahora rebeldía. Madre Gabrielle Aymer de la Chevalerie, sobrina de la Fundadora, la espera con los brazos abiertos en las puertas del viejo Picpus que dejara un día bajo el signo de la Cruz.

Se abren los años finales de "la gran viajera". En la monotonía de su nueva vida, no logra guardar silencio: cuenta a las jóvenes lo que fue la proeza de América. Piensa, escribe, se ofrece para volver, quizás allá puede surgir una tierra fiel a los Fundadores. Hasta que el silencio responde a sus propuestas y la gran luchadora acepta el silencio definitivo de la muerte en la comunidad de Sarlat en 1868.

EL TIEMPO DE LA SIEMBRA

De norte a sur, de sur a norte. Entre ambos 17 años de fecunda actividad. Esas primeras horas en la casa vieja que les han reservado en Valparaíso: todo por limpiar, construir, instalar, aperar, y,valientes, aún sin el idioma, a los días de llegar, se abre una clase para recoger a tantas niñitas pobres que en los cerros del puerto, no tiene quien les enseñe. Es "la clase gratuita" que, según la Buena Madre, debía ser el primer paso, llamado a las bendiciones en cada fundación.

Unos días después el colegio que significa, para la época, un internado donde pueden pasar unos años, hijas de familias aspirantes a cierta educación refinada, por cierto muy francesa, en este caso. Deben pagar la pensión y dotar a las hijas de los útiles más necesarios. Novedad para el país: los idiomas (inglés y francés), los materiales de libros, costuras y pintura llegados de Francia, la enseñanza de modales, costumbres y devociones que van formando una clase alta con un toque de refinamiento. Y las devociones: esas primeras Comuniones son acontecimiento en la ciudad. El mes del Sagrado Corazón, los primeros Viernes, la Asociación de mujeres laicas que hacen la adoración. Todo es nuevo.

Volver a comenzar tres años después en, Santiago, en un gran sitio en el sur de la Capital. De nuevo todo por hacer. Cleonisse discute los planos con los expertos y triunfan sus ideas practicas y nuevas. Toda una aldea de los Sagrados Corazones, va surgiendo, servicios educacionales y de evangelización a diferentes grupos de la sociedad.. Con qué orgullo ve que Chile va amando a la Congregación.

El llamado ahora es desde Perú, hay que partir en barco a Lima. Cuesta construir ese colegio, junto a la bella antigua capilla con un Niño de Belén (1848). Como siempre la atención a los más pobres, la participación de laicos en la asociación, en la adoración Perpetua del Santísimo. Nuevos refuerzos desde Francia van afianzando el trabajo y pronto vienen las vocaciones chilenas y peruanas. Seis años de trabajo incansable y de amor a tantas hermanas con las cuales, codo a codo, ha forjado una firme presencia ss.cc. en el Continente.

A fines del 1854 vuelve a Chile para otra fundación: Es el llamado del Norte, esa tierra minera de Copiapó donde se abre el milagro del oro y del cobre. Nuevo ardor para nuevos planes, los espirituales, educacionales y los de orden material y práctico llenan su cabeza. Su pensamiento sigue acompañando a Valparaíso, Santiago y Lima, mientras despacito crece Copiapó y sueña con Bolivia…

CRUZ FECUNDA

Pero la cruz acompaña a los nuevos Superiores Generales, Gabriela Aymer y Eutimio Rouchouze, y con ella la decisión de poner remedio y sacar adelante esta barquita "hecha de tablas tan rústicas", como decía el Buen Padre, y sus decisiones pueden ser dolorosas. ¿Verdad, Cleonisse, tú que ves tronchada tu asombrosa actividad creativa para partir a Francia, a vivir la obediente oscuridad? ¿Pero alguien puede detener tus recuerdos y ese corazón que hace viajes por tierra y por mar en esta hermosa y difícil América del Sur?" "Una gran viajera" fue llamada, pero en sus manuscritos se auto denomina "La abeja de la Congregación". Incansable trabajo para levantar más que una colmena, y dar la miel de la educación a tantas generaciones. ¿Sonríes desde el cielo al mirar esta punta sur de un nuevo continente, ya viejo en la historia de la congregación?

Bajo el signo de la cruz, un 3 de Mayo, dejó Picpus creyendo no volver. Si volvió fue justamente asumiendo una cruz que la hacía tronchar los bellos sueños de su América querida.

Quizás un detalle cariñoso de Dios: también un 3 de Mayo de l879, el Estado de Chile reconoce a la Congregación mediante el decreto de Personalidad Jurídica. ¿Nos quieres recordar, gran viajera, hermanita abeja, que se construyen mejores cimientos sobre la entrega oscura, dolorosa, de la Cruz? ¡Quizás hoy, desde un cielo donde se borran querellas y nos vamos queriendo todos, sonríes y tu corazón sale de paseo por este Sur de América donde tu historia de ayer abre la historia de hoy!