Noticias

"Con todas las de la gracia"



15 de Octubre de 2013
Pablo Bernal Rubio ss.cc.
(0) Comentarios

Apenas han pasado unas pocas horas de la beatificación de nuestros hermanos mártires. Celebración que ha sido preparada con el trabajo de muchas personas (¡gracias!), y también con la oración y la reflexión de todos nosotros.


Pues bien, aquí va una: en un momento de la Eucaristía, me impactaba la idea de que nos hubiéramos juntado tantísimas personas en torno al acontecimiento de la muerte violenta de esos hombres y mujeres. Eso me recordaba que lo que celebramos cotidianamente es la muerte violentísima del hombre Jesús… pero también su Vida. Gracias a esta reflexión, el acontecimiento de esta mañana ha sido un recordatorio y una celebración de 522 vidas –cinco de ellas muy cercanas a mí– y no de 522 muertes.

La celebración nos ha juntado, como digo, a muchísimas personas distintas, gente de Iglesia de carismas y estilos diferentes a los nuestros. Me queda mucho que caminar hasta lograr entender ciertas sensibilidades y la mirada maliciosa me juega malas pasadas… pero ésta vez, esas carencias mías no me han impedido experimentar que formo una única Comunidad con esas personas. Ya que, por suerte, la Comunión no depende de nosotros, sino de Jesús.

En esa comunión grande se engarza la comunión con todos los hermanos y hermanas de la Congregación, que hemos compartido esta experiencia. Los hermanos y hermanas que de todos los rincones del mundo nos hemos juntado, hacíamos patente esa comunión. Y la han completado los jóvenes de Torrelavega y Barcelona, las gentes de Sevilla y de las parroquias de Madrid, y tantos otros que se han hecho presentes tanto “vía SMS” como “vía oración”.

De hoy saco una llamada y una convicción. Llamada, la que nos hacía el Papa Francisco al principio de la celebración a ser «cristianos concretos» en lugar de «cristianos mediocres, cristianos barnizados de cristianismo pero sin sustancia». La única muerte que pide la fe es la muerte «de nuestro egoísmo, de nuestro bienestar, de nuestra pereza, de nuestras tristezas». No carece de actualidad esta llamada, al menos para mí.

Por otro lado, saco la convicción de haber recibido, junto con toda la Congregación, un regalo espiritual. ¡Quién me lo iba a decir a mí! Con lo que me ha costado “entrar” en “esto de los mártires” (y ciertas formas de la celebración tampoco me han ayudado).

Y sin embargo, hoy he reconocido que la Iglesia no hace esta beatificación para los mártires, sino para nosotros. En ella, no se ha pretendido exaltar ningún ideal político (aunque siempre haya quien intente “barrer p’a casa”); tampoco se quería exaltar la vida de ciertos “héroes y heroínas” o ensalzar su muerte.

No. Hoy he comprendido que si hoy ha habido fiesta, ésta ha sido fiesta de la fe y que los mártires son importantes en tanto que buenos seguidores de Jesús. No son esas figuras lejanas a mí, retratadas en estampitas, sino hombres y mujeres con sus luces y sus sombras que quisieron seguir a Jesús.

No sé si estos mártires fueron santos con todas las de la ley (cosa que, hasta hoy, yo les exigía para darles credibilidad), pero sin duda han sido seguidores de Jesús, con todas las de la gracia. Es por eso que ésta ha sido la fiesta de tantos seguidores anónimos que dan su vida de muchas maneras, que no han sido reconocidos o que han seguido viviendo, discretamente, entre nosotros.

Desde ahí digo que es un regalo que cinco hermanos de mi Familia hayan sido beatificados. Por eso me sumo al deseo de Nico Viel ss.cc. en nuestra última reunión de comunidad: “Ojalá los mártires sigan dando mucho fruto a nuestra Congregación”.

 
Comentarios
 
Déjanos tu opinión:

Nombre:
   

Dirección de E-mail:
   

Comentario:

 
 


Reload Image

Código:

 
   
 
Compartir

  • Print this article!
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google Bookmarks
  • Meneame
  • Technorati
  • TwitThis
  • Netvibes
  • MySpace
  • LinkedIn
  • Turn this article into a PDF!
  • E-mail this story to a friend!