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El Buen Pastor



22 de Abril de 2018
Redacción
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Comentario al Domingo del Buen Pastor, por Osvaldo Aparicio ss.cc.


Ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno el que ha curado a este hombre, es la valiente respuesta de Pedro a la pregunta que, después de haberlo encarcelado junto con Juan, les hacen ante el sanedrín: ¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho esto?

Lo relatan los Hechos de los Apóstoles. Pedro y Juan van al templo a orar. Junto a la puerta Hermosa encuentran a un paralítico de nacimiento a quien todos los días colocaban allí para pedir limosna. Pedro, lo mira y le dice: No tengo ni oro ni plata; pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar.

Así actúan siempre los apóstoles: en el nombre de Jesús. En su nombre se reúnen, curan a los enfermos y expulsan al Maligno. No en vano este nombre, Jesús, significa Dios (Yahveh) salva.

 

ningún otro nombre puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos, como señala san Pedro en la primera lectura.

En la alegoría del Buen Pastor Jesús se identifica así mismo con el pastor que conoce a cada uno de nosotros por nuestro nombre y que es capaz de arriesgar e, incluso, de entregar su vida por nosotros: Yo doy mi vida por mis ovejas. La alegoría del Buen Pastor, que se inspira en el en el Antiguo Testamento, encuentra su aplicación más profunda y verdadera en Jesús; pero también es aplicable a todo creyente y, más en concreto, a quienes han recibido en la comunidad el ministerio sacerdotal.

Ha hecho fortuna la expresión del Papa que, al hablar de los sacerdotes, dice que deben “oler a oveja”. Expresión plástica y fácilmente comprensible, que nos hace pensar, en primer lugar, en la dura crítica que, en boca del profeta Ezequiel, Dios hace de los pastores que se apacientan a sí mismos en vez de apacentar el rebaño (cf 34, 1 ss) y, después, esa expresión nos evoca la promesa que Dios hace a su pueblo por medio del profeta Jeremías: Os daré pastores según mi corazón que os den pasto de sabiduría y prudencia (3, 15).

Con frecuencia, siguiendo el deseo de Jesús, rezamos por las vocaciones sacerdotales: Rogad al dueño de la mies que envíe operarios a su mies, y nos lo recuerda precisamente hoy la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones; sin embargo, nos solemos olvidar de quienes han respondido a la llamada del Señor y están ya realizando su tarea de ser pastores de la comunidad, y que, como es lógico, necesitan de nuestra oración para poder ser buenos pastores y para actuar siempre en el nombre del Señor Jesús.

El Papa, en cierta ocasión, recordaba: El sacerdote… es el más indefenso de los cristianos si el Buen Pastor no lo fortalece en medio del rebaño. Nadie más pequeño que un sacerdote dejado a sus propias fuerzas…



 
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