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¿Por qué surgen dudas en vuestro corazón?



15 de Abril de 2018
Redacción
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Comentario a la Palabra de Dios del tercer Domingo de Pascua a cargo del P. Osvaldo Aparicio. E invitación a la santidad, tras la reciente exhortación apostólica del papa Francisco.


La Pascua, con la gozosa noticia de la Resurrección de nuestro Maestro, nos llena de alegría; pero, al igual que a los apóstoles, nos asaltan las dudas y, como a ellos, también nos reprocha: ¿Por qué surgen dudas en vuestro corazón?

Narra el Evangelio que la palabra de Jesús hizo arder el corazón de los discípulos a Emaús y que, cuando se sentó con ellos a la mesa y partió el pan, se les abrieron los ojos, se disiparon sus dudas y, no pudiendo contener su impulso, fueron a contar a los demás que habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Reconocer a Jesús Resucitado hizo que el grupo de los creyentes tuviera un solo corazón y que, con decisión, siguiera el estilo de vida marcado por el Maestro.

Somos creyentes en el Resucitado y ello nos obliga a seguir el estilo de vida que nos propone: Sed santos como vuestro Padre del cielo es santo (Mt 5, 48).

Precisamente el Papa Francisco acaba de escribirnos la Exhortación Alegraos y Regocijaos; en ella nos recuerda la llamada a la santidad que Dios hace a todos: Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada…, pues a cada uno de nosotros el Señor nos eligió para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor (Ef 1, 4).

Al hablar de la llamada a la santidad el Papa nos pide que no pensemos solo en los ya beatificados o canonizados, sino en los santos de la puerta de al lado. Lo explica así:

Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad».

Siguiendo con ese lenguaje tan suyo y cercano, insiste en que la llamada a la santidad se hace a cada uno de nosotros: ¡Esa llamada se dirige a ti también! Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales.

No cabe en este comentario detallar cada aspecto de la Exhortación papal; lo que solo pretende es ser un aperitivo que suscite el deseo de meditar personalmente la Exhortación, cuyo mensaje esencial es que la santidad está a tu alcance: Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con pequeños gestos. Por ejemplo: una señora va al mercado a hacer las compras, encuentra a una vecina y comienza a hablar, y vienen las críticas. Pero esta mujer dice en su interior: «No, no hablaré mal de nadie». Este es un paso en la santidad. Luego, en casa, su hijo le pide conversar acerca de sus fantasías, y aunque esté cansada, se sienta a su lado y escucha con paciencia y afecto. Esa es otra ofrenda que santifica. Luego vive un momento de angustia, pero recuerda el amor de la Virgen María, toma el rosario y reza con fe. Ese es otro camino de santidad. Luego va por la calle, encuentra a un pobre y se detiene a conversar con él con cariño. Ese es otro paso.

El Papa, citando a Léon Bloy, nos recuerda que en la vida existe una sola tristeza, la de no ser santos.

 
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