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V Domingo de Cuaresma



18 de Marzo de 2018
Redacción
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Osvaldo Aparicio ss.cc. nos proporciona el comentario a la Palabra de este V Domingo de Cuaresma, en el que se celebra también el día del Seminario.


En el Evangelio de san Juan se habla con frecuencia de la hora de Jesús. Todos recordamos la respuesta a su madre en las bodas de Caná:

- Mujer, todavía no ha llegado mi hora.

Está claro que aquí la hora no tiene un sentido cronológico, sino que el Evangelio se refiere al momento clave y decisivo en la vida de Jesús. Es su hora de la verdad: su entrega y muerte en la cruz por un amor hasta el extremo.

Hoy nos lo aclara el relato evangélico. Tras la breve pero profunda parábola del grano de trigo que tiene que caer en tierra y morir para dar fruto, Jesús manifiesta, ante la proximidad de su muerte, que su alma está agitada y que, a pesar de ello, no puede suplicar al Padre que lo libere de esa hora, ya que él ha venido precisamente para que, viviendo es hora, el mundo comprenda que solo el amor hasta el fin salva. Dios de tal manera nos ama que no duda en enviarnos a su Hijo Jesús, quien hará patente su amor hasta entregar su vida en la cruz: Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por aquel a quien ama.

¡Solo el amor convence y atrae! La hora de Jesús, su cruz, es la señal de un amor sin límites; por eso, él no quiere verse liberado de su hora; ha venido para eso: para hacernos patente que Dios es Amor.

Jesús sabe que el amor es como un imán y, en consecuencia, cuando yo sea, nos dice, elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí. Y el evangelista añade: Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

¡Contemplar, vivir y anunciar el amor que nos revela la hora de Jesús! Esa es la misión y el apostolado a que debemos entregarnos todos los cristianos y, muy en concreto, quienes han sido llamados a seguirle y servirle en el ministerio sacerdotal: El que quiera servirme, que me siga, dice Jesús; por eso, se nos pide hoy a la comunidad cristiana que oremos para que el Señor envíe operarios a su mies y colaboremos en la formación de quienes se preparan para el sacerdocio.

Celebramos hoy el Día del Seminario con este lema: APÓSTOLES PARA LOS JÓVENES. Este lema, que hace especial hincapié en la juventud, ha sido elegido sin duda teniendo en cuenta el próximo Sínodo de los Obispos a celebrar en octubre y que tratará sobre Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional.

Precisamente del 19 al 24 de este mes se celebrará en el Vaticano una reunión con trescientos jóvenes de todo el mundo para preparar dicho Sínodo. También, en esta línea de preparación, en la página web del Sínodo se ha colgado un cuestionario dirigido a los jóvenes de todo el mundo entre 16 y 29 años y cuyo objetivo es el dar oportunidad de que te escuchen, de expresarte, de contar aquello que eres y aquello que quieres hacer saber de ti.

Volviendo al Evangelio de hoy, vemos que “algunos griegos” se acercan al discípulo Felipe y le ruegan: Señor, queremos ver a Jesús. Felipe se lo comenta a Andrés y ambos van a decírselo a Jesús. Esa es la misión del sacerdote. Ser como Felipe y Andrés: acercar a Jesús a las personas y, en concreto, como nos recuerda el Día del Seminario, a los jóvenes: Ser Apóstoles para los jóvenes.

Amar a Jesús, servirle, seguirle y darlo a conocer es la hermosa vocación del sacerdote.

 
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