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Un día en la agenda de Jesús



04 de Febrero de 2018
Redacción
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Comentario a la Palabra de Dios de este domingo, de la mano del P. Osvaldo Aparicio ss.cc.


A veces, movidos por la curiosidad o por el deseo de conocer mejor a Jesús, nos preguntamos ¿cómo sería una jornada de Jesús?, ¿cómo o en qué emplearía su tiempo?

En la página del Evangelio de hoy san Marcos nos responde relatándonos el quehacer de Jesús a lo largo del día en la ciudad de Cafarnaún.

Parece ser que el tiempo no le sobraba a Jesús. El mismo evangelista, unos capítulos después, deja constancia de que Jesús volvió a casa, y de nuevo se reunió tanto gentío que no tenían tiempo ni para comer (3,20).

Todos te buscan, le dicen hoy los discípulos. La gente buscaba a Jesús: La población entera de Cafarnaún se agolpaba a la puerta de la casa de Simón y Andrés donde se alojaba ese día Jesús.

¿Qué buscaba el gentío en Jesús? Curiosa coincidencia, pero Cafarnaún significa precisamente ciudad del consuelo. Sin duda alguna, consuelo es lo que buscaban en él los enfermos y necesitados, los pobres y afligidos de cualquier clase de mal: Al anochecer, cuando se puso el sol, le lleva- ron todos los enfermos y endemoniados y él, a pesar de la hora tan tardía, los acoge, atiende y cura a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios.

La jornada de Jesús, tal como aparece en el relato evangélico, podríamos resumirla con tres verbos: Orar, curar y predicar.

ORAR: Jesús inicia la jornada participando con sus discípulos en la oración comunitaria de la sinagoga. Jesús reza en comunidad y encuentra también tiempo para largos ratos de oración personal, para tratar íntima y filialmente con su Padre Dios: Se levantó muy de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar.

A ejemplo de Jesús nosotros deberíamos vivir la oración comunitaria, especialmente participando en la Eucaristía dominical, y encontrar también momentos diarios de oración y encuentro personal con el Señor.

CURAR: El trato íntimo de Jesús con el Padre le lleva a vivir en constante trato con los hijos de Dios, los hombres, en especial los dolientes y necesitados, haciéndoles presente el reinado de Dios, que es sanación y liberación de toda clase de mal.

El evangelio de hoy no puede ser más claro: cura a la suegra de Simón y a muchos enfermos de diversos males.

Reflexionando el Consejo Pastoral de nuestra parroquia sobre las marginaciones de nuestro entorno, se destacaba la soledad en que viven muchas personas, especialmente mayores; soledad que se va acentuando por el estilo de vida y de familia que ha impuesto nuestra sociedad, y porque la edad de vida se va prolongando cada vez más.

¿Nos preocupamos y atendemos en esta dimensión de soledad a nuestros padres, abuelos y mayores?

PREDICAR: Cuando Simón y sus compañeros sacan a Jesús de su arrobamiento de la oración, Jesús les dice: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí, que para eso he salido. Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas…

Jesús quiere que el anuncio del Evangelio (Buena Noticia) del reino de Dios llegue a todos y desea que sus discípulos le ayudemos en esa tarea. San Pablo nos dice que el hecho de predicar es una urgencia que brota de su amor a Jesús y no puede menos de exclamar: ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio! Merecería la pena meditar la Alegría del Evangelio del Papa: ¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora! (nº 83) ¡No nos dejemos robar la fuerza misionera! (nº 83) En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero…, en un agente evangelizador (nº 119).

 
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