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¡Estad alegres!



17 de Diciembre de 2017
Redacción
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Comentario al tercer domingo de Adviento, de la mano de Osvaldo Aparicio ss.cc.


¡Estad siempre alegres!, es la invitación que hoy nos hace san Pablo en nuestro caminar hacia Belén; el encuentro con el Dios hecho hombre está ya muy cerca; por eso, el tercer domingo de Adviento se llama el domingo del gozo.

Jesús, a quien tan ardientemente esperamos, es el gran sembrador de buenas noticias, de gozo y de alegría. Nos lo anuncia el profeta Isaías (1ª lect.): El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido, esto es, me ha destinado y dado la misión de anunciar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad…

Todos recordamos cómo el mismo Jesús en la sinagoga de Nazaret, al inicio de su vida pública, se aplicó a sí mismo las palabras del profeta: Hoy se ha cumplido el pasaje de la Escritura que acabáis de escuchar (L4, 4, 21).

Testigos de la actitud de Jesús son los evangelios. Basta con abrirlos para palpar cómo él fue cumpliendo día a día su misión de sembrar alegría y gozo viviendo para los demás y tendiendo una mano a todo el que lo necesitaba, sobre todo al que sufría.

Jesús, dicen los Hechos de los Apóstoles, pasó haciendo el bien y, al anunciar la Buena Noticia del reino de Dios, sembró alegría en los corazones desgarrados: hizo sentir la bondad y cercanía de Dios al pueblo sencillo y necesitado, curó a los enfermos, acogió a los pecadores y alivió el dolor y la soledad de las gentes. Jesús estuvo cerca de los excluidos y marginados de la sociedad. Jesús amó entrañablemente a la gente y sembró en su corazón la semilla de la esperanza que germinó en gozo y alegría.

La misión de Jesús de tender una mano nos corresponde a nosotros el continuarla. Así seremos, como Juan Bautista, testigos de la luz: Jesús.

El evangelio de hoy nos dice que Juan Bautista no era la luz, sino testigo de la luz. Tampoco los cristianos somos la luz, pero sí que la recibimos de Jesús para que seamos testigos de la luz: Brille de tal modo vuestra luz delante de los hombres que, al ver vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre que está en el cielo (Mt 5, 16).

Vivir el Adviento es continuar la misión de derramar luz con nuestras “buenas obras”, sembrando así esperanza y creando alegría. Vivir el Adviento es caminar hacia Belén; pero, ¿por dónde se va a Belén? Donde brota una sonrisa, donde se tiende una mano…, por allí se va a Belén.

La parroquia, desde hace muchos años, nos propone una forma muy concreta de tender una mano: colaborar con nuestros misioneros del Congo y Mozambique; por eso, en este domingo se nos recuerda el compromiso parroquial del proyecto de los Desayunos de los Niños de Kinshasa. Nuestra generosa solidaridad ayudará a dar de comer a muchos niños y, sin duda alguna, sembrará en ellos una gozosa sonrisa.

 
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