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Al atardecer de la vida...



26 de Noviembre de 2017
Redacción
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Comentario a la Fiesta de Cristo Rey, de la mano del P. Osvaldo Aparicio ss.cc.


Solemnidad de JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO. Broche final del Año Litúrgico en el que hemos ido contemplando y viviendo los misterios de la vida de Jesús. Hoy la liturgia nos invita a celebrar la esperanza de que un día, como nos dice san Pablo, Dios llevará la historia a su plenitud al constituir a Cristo en cabeza de todas las cosas, las del cielo y las de la tierra (Col 1,10). Jesús se manifestará como Señor, origen y culmen de la creación, de la historia de la humanidad y de la de cada persona.

El Apocalipsis lo expresa así: Estoy a punto de llegar con mi recompensa y voy a dar a cada uno según sus obras. Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin (22, 12-13).

Hoy la palabra de Dios destaca dos aspectos de Jesucristo. En primer lugar, pone de relieve que es el BUEN PASTOR ya que a él se le aplican las palabras del profeta Ezequiel (1ª lectura), pues Jesús dedicó su vida entera al cuidado de su grey, siguiendo el rastro de las ovejas dispersas, liberándolas de los lugares escabrosos, buscando a las perdidas, curando a las heridas, sanando a las enfermas, apacentándolas en verdes praderas y abrevándolas en fuentes tranquilas como canta uno de nuestros salmos preferidos: El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Evangelio, por su parte, destaca el aspecto de que Jesús, nuestro Buen Pastor, el Hijo del Hombre, Resucitado y Glorioso (Rey del Universo), reúne ante sí a todas las naciones para hacer un discernimiento de la vida de cada una de las personas y poner así de manifiesto cuál ha sido su conducta.

¿Cuál será el criterio para discernir nuestra conducta y separarnos a unos de otros? Jesús, en el relato evangélico, responde con toda nitidez: el criterio que tendrá para hacer el discernimiento será la actitud que cada uno haya tenido hacia él: si le hemos acogido o no. La pregunta surge espontánea: ¿cómo saber si le hemos acogido o re

chazado? Es la misma pregunta que en el Evangelio plantean los que son situados a la derecha o a la izquierda: Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos o no alimentamos, cuándo te vimos con sed y te dimos o no te dimos de beber, cuando te vimos forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel… y te hicimos o no te hicimos caso? Sabemos la respuesta de Jesús: Cada vez que lo hicisteis o dejasteis de hacer con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis o dejasteis de hacerlo.

Este es el mensaje claro y meridano de Jesús: Él se identifica con el prójimo y con el prójimo más necesitado. Amarlo y socorrerlo es amar y socorrer a Jesús.

El Papa no cesa de insistir una y otra vez en la especial identificación de Jesús con el necesitado y excluido. En su mensaje de la I Jornada Mundial de los Pobres, que celebrábamos el domingo pasado, nos decía que hay que lograr que las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos.

Desde hace 25 años, promovida por Cáritas, se celebra en estas fechas la Campaña de las Personas sin Hogar.

El lema de este año: SOMOS PERSONAS, TENEMOS DERECHOS. NADIE SIN HOGAR, nos hace pensar de inmediato en las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy:

Fui forastero y me hospedasteis... Fui forastero y no me hospedasteis...

San Juan de la Cruz resume de forma inigualable el mensaje de este domingo: Al atardecer de la vida te examinarán del amor.

 
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