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Amemos con la vida



19 de Noviembre de 2017
Redacción
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Comentario al Evangelio dominical, en esta I Jornada Mundial de los Pobres, de la mano de Osvaldo Aparicio ss.cc.


La parábola de los talentos que hoy nos propone Jesús, ilumina la I Jornada Mundial de los Pobres, que el Papa instituyó al concluir el Año de la Misericordia. El lema de esta primera jornada es NO AMEMOS DE PALABRA SINO CON OBRAS.

La parábola de los talentos (el “talento”, en tiempos de Jesús, era una unidad monetaria de gran valor) está en la línea de la parábola de las diez vírgenes (cinco prudentes y cinco necias), que escuchábamos el domingo pasado. Ambas pertenecen a la catequesis que Jesús hace a sus discípulos sobre el final de los tiempos. No solo es necesario que estemos atentos a la venida de Jesús, sino que nuestra vigilante espera debe ser activa y traducirse en obras como hicieron los siervos que recibieron cinco y tres talentos; un seguidor de Jesús, ante los dones y bienes recibidos, no puede cruzarse de brazos como hizo el que recibió un talento. Nuestras cualidades tenemos que hacerlas fructificar.

El Señor no nos quiere cristianos negligentes, temerosos o pasivos, desea que seamos participativos y activos en la Iglesia y en la sociedad, aportando cada uno conforme a sus “talentos”. Y todos, no nos quepa duda alguna, tenemos cualidades, dones y bienes.

Es claro que la parábola de hoy va en ese sentido: Dios es el señor que, al irse de viaje, deja a sus empleados –nosotros- el cuidado de sus bienes. Los “talentos” simbolizan los dones, aptitudes, cualidades y bienes, tanto espirituales como intelectuales o materiales que Dios pone en cada uno de nosotros para que los desarrollemos y compartamos. El comportamiento de los empleados es muy diferente: unos son buenos negociadores y duplican el caudal confiado, recibiendo la alabanza de su señor, mientras que el otro, en cambio, se inhibe y recibe una gran reprimenda por su pasividad.

Dios nos pide, pues, laboriosidad y que no nos dejemos vencer por los miedos y temores, como hizo el empleado al que el amo, a su vuelta, calificó de negligente y holgazán.

San Pablo, en su primera carta a los Corintios, al hablar de los dones y cualidades que hemos recibido, hace la importante observación de que se nos otorgan en función de la comunidad. A cada cual se concede la manifestación del Espíritu, nos dice, para el bien de todos (12, 7). Así pues, nadie debe, egoístamente, considerarse dueño exclusivo de sus bienes. El Vaticano II, en Gaudium et Spes nº 69, nos recuerda: Jamás se debe perder de vista el destino universal de los bienes.

Teniendo en cuenta el mensaje del Papa para esta I Jornada Mundial de los Pobres y en su lema “No amemos de palabra sino con obras” (inspirado en la primera carta de san Juan), podemos espigar algunas de sus frases: Invito a toda la iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener en esta Jornada la mirada fija en quienes tienden sus manos demandando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial… Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna…

las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y más en signo concreto del amor de Cristo por los últimos.

Como resumen de la parábola de los talentos y de la Jornada que hoy se celebra, podemos plantearnos estas preguntas: ¿Cuál es nuestro comportamiento con los bienes que cada uno recibimos? ¿Nos esforzamos por desarrollarlos y compartirlos o vivimos en la holganza y ensimismados en nosotros mismos?

 
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