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¿Hacemos lo que decimos?



05 de Noviembre de 2017
Redacción
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Comentario a la Palabra de Dios de este domingo, a cargo de Osvaldo Aparicio ss.cc.


Tanto las advertencias que hace el profeta Malaquías (1ª lect.) como las que hace Jesús en el Evangelio van dirigidas a los dirigentes religiosos. El profeta, en nombre de Dios, dice a los sacerdotes que glorifiquen su nombre con todo el corazón; les pide que vuelvan al camino recto, pues con su conducta han profanado la alianza y han hecho que muchos olviden la ley; también les reprocha que hayan sido parciales en la aplicación de la ley. Los sacerdotes, pues, han pervertido el culto y han desviado al pueblo del cumplimiento de la ley; en vez de ser guías y ejemplo, han sido piedra de escándalo.

Jesús, por su parte, con un acento profético y denunciador, advierte a la gente y a sus discípulos de la doblez de los escribas y fariseos, pues no cumplen lo que enseñan e imponen pesadas cargas a los demás mientras que ellos se desentienden; además les hace ver que lo que buscan es el aplauso, la adulación y el figurar en los puestos de privilegio.

Jesús no quiere ver una actitud semejante en sus discípulos y, menos aún, si tienen alguna misión de guiar a su comunidad.

El Papa Francisco, con no poca frecuencia, insiste en este tema que denuncian el profeta y Jesús. En sus escritos y discursos lamenta el clericalismo que aún existe y la búsqueda de escalar puestos o hacer carrera dentro de la Iglesia; le duelen, denuncia y pide perdón por los abusos sexuales a menores; solicita con insistencia machacona que no nos encerremos en la sacristía y que tengamos una actitud misionera: salir a las periferias del dolor y de la soledad, de pobreza y de la indigencia, de la exclusión y de la marginación…

Volviendo al Evangelio, Jesús nos dice que debemos de tener un estilo de vida distinto al de los escribas y fariseos. El único privilegio que debemos buscar y el único cargo al que con ahínco debemos opositar es al de “servidor”: El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

El profeta Malaquías, Jesús y el Papa Francisco invitan a todos y, de manera especial a quienes tienen algún ministerio especial o responsabilidad en la comunidad (obispos, sacerdotes, catequistas, educadores…), a hacer un examen de conciencia sobre su actitud: ¿es una actitud de servir a los demás o, por el contrario, de servirse de los demás y de dominio? Muy especialmente hay que preguntarse: ¿hacemos lo que decimos o nos merecemos el reproche de Jesús de dicen pero no hacen? Nunca en la Iglesia se debería olvidar que todos somos hijos de un mismo Padre y que, por tanto, todos somos hermanos; por eso, debemos reflexionar sobre por qué damos a veces la impresión de ser una Iglesia de desiguales en vez de ser una familia de iguales.

 
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