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¿Damos uvas o agrazones?



08 de Octubre de 2017
Redacción
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Comentario a la Palabra de Dios de este domingo, de la mano de Osvaldo Aparicio ss.cc.


De nuevo la palabra de Dios, tanto en la lectura de Isaías como en el Evangelio, vuelve a hablarnos de la viña. La preciosa alegoría del profeta es un canto al amor apasionado que su amigo tiene por su viña. Dios es el amigo que con tanto mimo y afecto cuida de la viña que ha plantado. Y, como buen viñador, espera ilusionado el dulce fruto de las uvas; pero se encuentra con que su amada viña responde a sus desvelos con el amargo fruto de los silvestres agrazones.

Esperaba de ellos derecho, y ahí tenéis: sangre derramada; esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos.

En la misma línea de amor por parte de Dios y de desamor por parte nuestra, va la parábola de los viñadores homicidas que Jesús nos propone hoy. Nos dice que un propietario planta una viña y la pone al cuidado de unos viñadores. Estos, cuando llega el tiempo de la vendimia, en vez de entregarle al dueño los frutos correspondientes, apalean, apedrean e, incluso, matan a los enviados del dueño.

El dueño se arma de paciencia y envía de nuevo a otros criados, y sucede lo mismo. Se decide, finalmente, a enviar a su propio hijo pensando que lo respetarán. Todo lo contrario: le dan muerte.

Como el domingo pasado, los interlocutores directos de Jesús son los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, o sea, las autoridades civiles y religiosas que, lejos de cuidar la viña (el pueblo) se enriquecen a su costa: Matemos al heredero y nos quedaremos con su herencia.

Si acercamos el mensaje de la parábola a la actualidad, está claro que, en primer lugar, ha de aplicarse a quienes tienen una responsabilidad política o religiosa, familiar o educativa en la sociedad. El Papa en la Exhortación la Alegría del Evangelio hace esta súplica: ¡Ruego al Señor que nos regale políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! (nº 205); y, las siguientes palabras, dirigidas a los obispos, son válidas para todos los que tienen responsabilidad pastoral en la comunidad cristiana: El obispo debe conducir, que no es lo mismo que mandonear… Los obispos han de ser hombres que no tengan “psicología de príncipes”. Hombres que no sean ambiciosos… (Río de Janeiro, 28 julio 2013, al Comité del Celam).

< Pero el mensaje de la palabra de Dios es aplicable también a todos nosotros, en especial si nos fijamos en la alegoría del profeta, pues cada uno personalmente somos esa viña que el Señor cuida con cariño y espera que demos frutos. San Pablo nos dice hoy: Hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.

Debemos preguntarnos: ¿Qué frutos espera Dios de mí? ¿Doy uvas o agrazones?

 
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