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No nos parecemos a nuestro maestro



01 de Octubre de 2017
Redacción
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Comentario al evangelio dominical, de la mano de Osvaldo Aparicio ss.cc.


Jesús nos propone hoy otra parábola: la de los dos hijos. El ambiente en que la pronuncia es de nuevamente de polémica con los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo que cuestionan su autoridad.

¿Qué mensaje nos quiere trasmitir Jesús al proponernos las conductas tan contrapuestas de dos hermanos respecto a la voluntad de su padre? El primero de los hijos dice que no va a ir a la viña, pero después se arrepiente del desplante dado a su padre y va a trabajar; en cambio el otro, guardando las apariencias y diciendo lo políticamente correcto, asegura que irá a la viña, pero después hizo lo que le vino en gana.

¿Quién de los dos, pregunta Jesús, cumplió la voluntad del padre?

A la pregunta de Jesús cuya respuesta es clara, podemos añadir está otra que nos atañe en nuestra actitud de vida: ¿Qué comportamiento está denunciando al proponernos la actitud del segundo hijo que dice que sí y después es que no?

Sin duda alguna Jesús critica la hipocresía, la doblez y la inconsecuencia de quienes aparentan una cosa por fuera y por dentro son otra. Si hojeamos el Evangelio comprobaremos cómo Jesús denuncia con frecuencia la actitud farisaica: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad (Mt 23, 27).

En otra ocasión Jesús aconseja al pueblo: Haced lo que ellos digan, pero no lo que ellos hacen.

Hay una frase de Gandhi que deberíamos tener muy presente y meditarla: Me gusta Cristo. No me gustan los cristianos. Los cristianos son muy diferentes a Cristo. Yo sería cristiano si no fuera por los cristianos.

Tienen hondura y mucho contenido las palabras de Gandhi. Él admira profundamente a Cristo por la trasparencia y coherencia de Jesús. En él no hay doblez ni engaño. Vive como habla y habla como vive. En cambio, Gandhi nos está echando en cara a los que nos decimos discípulos y seguidores de Jesús, que no somos consecuentes con lo que decimos creer y profesar. No nos parecemos a nuestro Maestro. Desconectamos fe y vida. Por eso no le gustamos a Gandhi.

Hay no pocos dichos en castellano que recogen nuestra hipocresía y nuestra inconsecuencia cristiana: No es oro todo lo que reluce; las apariencias engañan; una cosa es predicar y otra dar trigo; obras son amores y no buenas razones…

Ante esta sencilla y clara parábola de Jesús y ante las denunciadoras palabras de Gandhi, ¿nos sentimos cada uno de nosotros concernidos?

¿Aparentamos lo que no somos?

Jesús concluye así la parábola: En verdad os digo que los publicanos y prostitutas (o sea, quienes dijeron que no en un primer momento y después se arrepintieron) van por delante de vosotros en el reino de Dios.

 
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