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En memoria de Joaquín Salinas ss.cc.



27 de Septiembre de 2017
Redacción
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Osvaldo Aparicio ss.cc. esboza la figura del P. Joaquín Salinas ss.cc., recién fallecido.


Como Joaquín Salinas (1927-2017) soy mirandés y, aunque no he convivido mucho con él, confieso que desde mis años de teología, además de afecto, he sentido una gran admiración por él; tanto es así que, por aquellos tiempos de los años sesenta, le pedí que predicara el sermón (¡entonces los sermones eran de “campanillas”!) de mi primera misa cantada en Miranda de Ebro.

La elocuencia y facundia de Joaquín siempre han sido proverbiales. Corren anécdotas sobre ello. Su elocuencia brotaba de su gran inteligencia y de su gran preparación. Conviví con él en la comunidad de Miranda cuando él volvía de ampliar estudios, creo que de liturgia, en Salamanca. Inolvidable su primera, larga y minuciosa paraliturgia, algo tan novedoso por entonces.

Juntos intentamos rebrotar la antigua catequesis en nuestra iglesia de Miranda, pero el párroco nos cortó en seco.

Después de Miranda le perdí la pista; mas cómo no recordar que él y otro “mirandica”, Alberto Pereda, fueron nuestros misioneros pioneros en el Zaire.

Mucho después volví a convivir con él unos años en la comunidad de Martín de los Heros. Era hacia el año 2005. Es entones cuando pude palpar muy de cerca su faceta que yo considero sobresaliente: su amor y conocimiento de la Congregación.

Pienso que fue en su estancia en la Casa Provincial donde profundizó más y más en sus investigaciones sobre la Congregación. Pasaba horas interminables en la biblioteca y en el ordenador. Y lo siguió haciendo en Martín de los Heros y en El Escorial. A ello le empujaba su talante intelectual inquieto y, sobre todo, su intenso amor a la Congregación. Me admiraba.

Con Joaquín se nos ha ido, sin duda alguna, uno de los mayores conocedores de nuestra historia, muy especialmente de la figura de nuestro Fundador y del P. Damián. Lo sabía todo y lo archivaba todo. Era un pozo sin fondo. Sus charlas informales o de sobremesa eran de lo más sabrosas, inagotables e ingeniosas. Lástima que no tuviera la misma facilidad o disposición para dejarnos su saber por escrito.

¡Gracias, Joaquín, por el conocimiento y amor a la Congregación que nos has trasmitido!

 
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