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Ser dignos de Jesús



02 de Julio de 2017
Redacción
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Comentario al Evangelio dominical, de la mano del P. Osvaldo Aparicio Jiménez, párroco de los SS.CC. de Madrid.


Jesús nos pide en el Evangelio que seamos dignos de él. Lo repite hasta tres veces. Con frecuencia empleamos nosotros esta misma expresión: no es digno de ser mi amigo, mi socio, mi compañero, mi hijo…, o no merece tener mi confianza.

¿Qué nos está sugiriendo, pues, Jesús? El evangelista Mateo coloca estas advertencias de Jesús precisamente al final del discurso apostólico o del discipulado. De ahí que la frase de Jesús no es digno de mí equivale a no es digno o no merece ser discípulo mío.

¿Qué nos pide entonces Jesús para que merezcamos ser discípulos suyos? Con entera claridad el mismo Jesús nos responde: ¡Tenéis que amarme con un amor superior a los demás amores: El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. Ser discípulos de Jesús nos exige que él sea el centro de nuestro corazón y que ese amor nos impulse a ser discípulos-misioneros.

No es preciso insistir en que Jesús, al proponernos estas exigencias para seguirle, no está suprimiendo el cuarto mandamiento ni está en contra del amor al padre, a la madre o a los hijos, sino que nos señala que ningún afecto, ni siquiera el familiar, debe impedirnos escuchar su llamada y seguirle.

A continuación Jesús da un paso más y nos propone cargar con la cruz y seguirle: Y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. Cargar con la cruz y seguir a Jesús implica que el amor a Jesús no puede reducirse a un mero sentimiento por muy profundo que sea; el amor a Jesús tiene que proyectarse en la imitación de su vida y en seguir con decisión sus pasos, aunque ese seguimiento pueda llevarnos a tener que subir al Gólgota, esto es, a la entrega total por Dios y por los demás: Condujeron a Jesús hasta el Gólgota… Después lo crucificaron (Mt 15, 22.24).

Llegado a este punto no puedo menos de recordar el seguimiento del P. Damián de Molokai que escribía: Si me dieran la posibilidad de salir de aquí curado, respondería sin dudarlo: Me quedo para toda la vida con mis leprosos… Intento subir despacio mi camino de la cruz y espero encontrarme pronto en la cima de mi Gólgota.

Jesús añade hoy: El que pierda su vida por mí, la encontrará. Damián perdió su vida por su Maestro y sus queridos leprosos; por eso Damián encontró su vida en plenitud. Poco antes de morir, decía: El buen Dios me llama a celebrar la Pascua con él.

 
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