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El Señor se enamoró de vosotros y os eligió



24 de Junio de 2017
Redacción
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Osvaldo Aparicio ss.cc., en el boletín parroquial de la Parroquia de los SS.CC. de Madrid, nos hace esta reflexión coincidiendo con la fiesta de los Sagrados Corazones.


Los Sagrados Corazones de Jesús y de María son los titulares de nuestra parroquia y de nuestra Congregación, y su celebración no debe pasar desapercibida para nosotros; por eso, hoy queremos recordar unidos al Corazón del Hijo y de la Madre y dar gracias a Dios porque a través de ellos nos manifiesta el Amor inmenso con que ama al mundo.

Nos unimos a la acción de gracias que Jesús hoy en el Evangelio dirige al Padre porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños.

Estas cosas. ¿Qué cosas son las que nos ha manifestado? La primera lectura, tomada del Deuteronomio, nos habla con claridad y con un hermoso lenguaje que llega al corazón. Nos dice nada más y nada menos que Dios se ha enamorado de nosotros y nos ha elegido para ser su pueblo sencillamente por el puro amor que nos tiene. ¡Un Dios enamorado!

Y ese enamoramiento divino es liberador y salvador, como sigue diciéndonos el Deuteronomio: nos libera de la esclavitud y del mal como liberó al pueblo oprimido en Egipto, uniéndose a nosotros con los lazos inseparables de una alianza. Dios se enamora de nosotros no por nuestros méritos y cualidades sino por puro amor, porque, como nos recuerda hoy también san Juan (2ª lect.), Dios es amor.

Dios es Amor. Amor que se hace visible y tangible encarnándose en Jesús: Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo para que el mundo se salve por él.

En el Corazón traspasado de Jesús es donde con más claridad podemos palpar y contemplar el Amor hasta el extremo; de ahí que el Papa Pío XII, en su Encíclica Aurietis aquas (Sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación) venga a decirnos que el Corazón de Cristo simboliza la esencia del cristianismo.

Al Corazón del Hijo está inseparablemente unido el Corazón de la Madre: María ha sido asociada de una manera singular a este misterio de Dios hecho hombre y a su obra salvadora: es lo que se expresa en la unión del Corazón de Jesús y el Corazón de María (Const. SS.CC. 2). Desde que María pronunció su sí en la Anunciación hasta que estuvo junto a su Hijo en el Calvario, los Corazones del Hijo y de la Madre latieron siempre al unísono, no solo por el afecto materno filial, sino por su entrega incondicional al plan salvador de Dios.

Dice nuestro Fundador: Una vez que se ha encontrado a María, y por María a Jesús y por Jesús a Dios Padre, se ha encontrado todo: quien dice todo no exceptúa nada.

Por eso, como nos dice nuestro Fundador José María Coudrin, la consagración a los Sagrados Corazones de Jesús y de María es el fundamento de nuestro Instituto.

Los Sagrados Corazones son, pues, el signo más claro de un Amor de Dios gratuito, sin medida, universal, que se enamora de nosotros. Son la señal de que nadie queda excluido del Amor. De ahí deriva nuestra misión: contemplar, vivir y anuncia el Amor y, por eso, el fin de nuestro apostolado, expresado con palabras que datan de los orígenes de nuestra Congregación, es propagar la devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

 
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