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El mirar de Dios es amar



11 de Junio de 2017
Redacción
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Comentario a la fiesta de la Santísima Trinidad y Jornada Pro Orantibus, de la mano del P. Osvaldo Aparicio ss.cc., párroco de los SS.CC. de Madrid.


La fiesta de la Santísima Trinidad, una vez finalizado el tiempo de Pascua, quiere ser como el compendio del año litúrgico durante el que celebramos cómo el Amor de Dios se va revelando a lo largo de la historia de la humanidad, convirtiéndola en una Historia de Salvación, una historia del amor creador y salvador, pues como resume la primera carta de san Juan: “porque Dios es Amor”. Es gratificante ver pintada esta afirmación en el tronco de un árbol de una avenida madrileña.

Vivir el Amor de Dios es inherente a la vida de todo cristiano; pero, tenemos que resaltar que al Amor de Dios se consagran en cuerpo y alma las personas de vida contemplativa, reconociéndolo como valor supremo y absoluto; por eso la Iglesia española celebra en el día de la Santísima Trinidad la Jornada Pro Orantibus. P> El lema de la Jornada de este año es una invitación a Contemplar el mundo con la mirada de Dios. ¿Cómo contempla Dios el mundo y a cada uno de las personas?

¿Cómo es la mirada de Dios? San Juan de la Cruz nos responde: El mirar de Dios es amar. Que el mirar de Dios es amar, se revela y manifiesta de la manera más clara en Jesús, pues tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo (Evang.)

Jesús, como su Padre Dios, miraba con amor. Los Evangelios lo atestiguan. Su mirada estaba llena de un amor que atraía, consolaba, sanaba, perdonaba, sembraba alegría y transformaba a las personas. Sería un buen ejercicio para la meditación el que cada uno tomara los Evangelios y fuera descubriendo en ellos las miradas de Jesús: miró al joven rico y lo amó; ante su mirada, Pedro, que acababa de negarlo, rompió a llorar; miró conmovido a la madre viuda que lloraba la muerte de su hijo, y este volvió a la vida; al ver a la muchedumbre desorientada no puede menos de compadecerse, etc…

Contemplar el mundo y a las personas con la mirada de Dios nos está invitando a que reflexionemos sobre pensemos cómo es nuestro mirar: indiferente, cariñoso, rencoroso, autosuficiente, acogedor, marcado por el desprecio, el resentimiento o el odio… ¿Nuestra mirada está impregnada por la cultura del descarte, de la exclusión y de la inequidad de la que habla el Papa en la Exhortación La Alegría del Evangelio? ¿Excluimos de nuestra mirada a las personas que nos incomodan por su forma de pensar o de vivir, o por su procedencia, nacionalidad o religión? ¿Y a las personas mayores y ancianas…?

El Papa nos recuerda que, movidos por una indiferencia egoísta, dejamos de lado a las personas “excluidas”: Nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera (EG nº 53).

El Apocalipsis nos habla de que los ojos del Hijo del hombre son como llamaradas de fuego. Fuego de amor que todo lo transforma. La mirada de Jesús, al contemplar nuestro mundo, quiere encender en él, por medio del Espíritu, el fuego de su amor, para transformarlo y hacer nuevas todas las cosas (Ap 21, 5).

 
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