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Yo soy la Puerta



07 de Mayo de 2017
Redacción
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En la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y en el Domingo del Buen Pastor, nos acercamos a la Palabra de la mano del P. Osvaldo Aparicio ss.cc.


El evangelio de Juan nos va desvelando poco a poco la personalidad de Jesús a través de diferentes alegorías o comparaciones: “Yo soy el Pan de Vida”, “Yo soy la Luz”, Yo soy la vid”, “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” …

Hoy, junto a la alegoría del Buen Pastor, el evangelio nos presenta también la comparación de la Puerta; comparación que suele pasar desapercibida y que no acostumbramos a comentar: “Yo soy la Puerta”.

A la hora de comentar el evangelio de este domingo siempre nos detenemos en la figura del Buen Pastor; no en vano este día se llama Domingo del Buen Pastor y se celebra en él la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Jornada de Vocaciones Nativas.

“Yo soy la puerta de las ovejas”. “Yo soy la Puerta”, nos dice Jesús. ¿Qué entraña esta afirmación tan sencilla?

Esta comparación de la puerta es empleada, con distintas aplicaciones, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Por su especial sentido poético quiero destacar la descripción que de la Nueva Jerusalén hace el libro del Apocalipsis: “Las doce puertas de la nueva Jerusalén, nos dice, eran doce perlas, y cada puerta estaba hecha de una sola perla” (21,21), y añade: “No se cerrarán sus puertas al declinar el día, puesto que allí no habrá noche” (21,25).

“Yo soy la Puerta”. Puerta más hermosa, sin duda alguna, que las soñadas por el vidente del Apocalipsis. Esa Puerta es el Costado Traspasado de Cristo que nos muestra la perla más preciosa: El Corazón de Jesús que es totalidad de Amor.

Puerta hermosa y siempre abierta, que no se cierra ni de día ni de noche; todos estamos invitados a entrar por ella: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28). Así canta un himno de la Festividad del Sagrado Corazón:

Anduve de puerta en puerta / cuando a vos no me atreví;

pero en ninguna pedí / que la hallara tan abierta.

Pues, como abierto os he visto, / a Dios quise entrar por vos:

que nadie se atreve a Dios / sin poner delante a Cristo.

Nosotros llamamos a muchas puertas. Como dice la poesía, andamos de puerta en puerta buscando felicidad, paz, comprensión, amor, salvación …

Ante esa búsqueda de nuestro inquieto corazón, ante esas búsquedas incesantes y, tantas veces fracasadas, Jesús, Corazón Abierto, sale a nuestro encuentro y nos dice:

“Yo soy la Puerta: quien entre por mí se salvará…” Quien crea en mí encontrará espacios ilimitados de libertad y de vida en plenitud. Adentrarse por la Puerta, noche y día abierta, del Corazón Traspasado de Cristo es sumergirse en océanos de un Amor sin límites, de un Amor hasta el extremo.

Por eso, acertar con esa Puerta, que es Jesús, es “lograr” la vida; nuestra vida no será un fracaso; antes bien, alcanzaremos la plena realización de las aspiraciones más hondas de nuestro ser.

“Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir…”: Si acertamos con la Puerta de la Salvación seremos libres. Romperemos las cadenas del espíritu egoísta. Nos moveremos por el Espíritu de Jesús. Nos moveremos con la libertad de los hijos de Dios.

“Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos”: A quien acierte con la Puerta de la Salvación nunca le faltará el alimento abundante y sabroso, el alimento que da la vida, especialmente la Eucaristía: “Yo soy el Pan de Vida. Quien come de este pan vivirá para siempre” (Jn 6,51).

 
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