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Cenicientos



29 de Abril de 2017
Redacción
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Columna de Dolores Aleixandre en la revista 21 de este mes de abril.


Hace tiempo que he llegado a la conclusión de que la gente va más a la iglesia cuando dan algo, aunque sea ceniza o un ramo de olivo: no hay más que fijarse en el considerable incremento de asistentes a misa en esas fechas. Me pasa con el Miércoles de Ceniza que, por más que me esfuerzo, “no me late” como dicen los mexicanos y creo que es porque algo en el rito me resulta disconforme. Cuando antes nos decían: “Acuérdate de que eres polvo y en polvo te convertirás”, la fórmula cuadraba bien con el signo e iban amarraditos los dos en buena armonía, pero el cambio los ha divorciado. Porque si quiero sinceramente convertirme y creer en el Evangelio ¿a santo de qué me convierten en un ceniciento, marcado por una sustancia muerta, cuando Jesús hablaba tanto de semillas portadoras de vida?

Ya sé que los cambios no son fáciles y más teniendo en cuenta las edades de los habituales usuarios litúrgicos: casi todos llevamos solidificada la ceniza en un lugar de la memoria ancestral resistente a los cambios. En iglesias 
más jóvenes pienso que es más fácil: hace unos años, estando en Brasil, el cura nos dijo, mientras nos ungía con perfume: “Acuérdate de que eres fiesta y que en fiesta te convertirás”: oír aquello sí que te empujaba en dirección al Evangelio.

Menos mal que una noticia reciente me está reconciliando con las cenizas: han descubierto que las que produce la combustión de cáscaras de café, mejoran mucho la soriasis y tengo gente amiga con ese problema. A estas otras cenizas no les hace falta una bendición previa: la traen puesta.

 
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