Noticias

¿También nosotros estamos ciegos?



26 de Marzo de 2017
Redacción
(0) Comentarios

Comentario a la Palabra de Dios del cuarto domingo de cuaresma, de la mano del P. Osvaldo Aparicio ss.cc.


Nueva catequesis bautismal. El domingo pasado, partiendo de la sed corporal, Jesús nos hacía desear, al igual que a la samaritana, el agua viva que él nos ofrece para saciar nuestra sed interior de felicidad. Hoy, en el relato de la curación del ciego de nacimiento, Jesús nos invita a reflexionar sobre nuestras cegueras y oscuridades interiores, y a buscar la luz en él, que es la Luz del mundo; su luz disipará nuestras tinieblas y nos ayudará a caminar como hijos de la luz.

San Pablo nos dice: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor.

Los fariseos preguntan a Jesús: ¿También nosotros somos ciegos? Esa misma pregunta debemos hacérnosla cada uno de nosotros.

Es claro que el relato evangélico juega con la doble dimensión de la ceguera: la del cuerpo y la del alma.

Aparecen hoy en el Evangelio diversas cegueras y tenemos que preguntarnos si a nosotros también nos afectan.

Vivimos muchas veces en la oscuridad cuando el dolor y la enfermedad, la soledad o los problemas tanto personales como familiares se apoderan de nosotros.

Estamos ciegos cuando evitamos mirar en nuestro interior para no ver nuestros rincones oscuros y así seguir llevando una vida superficial y sin exigencias ni compromisos.

Nos hacemos los ciegos cuando nos ponemos anteojeras para no ver la realidad que nos rodea, y de ese modo poder vivir al aire de nuestro egoísmo.

En el relato evangélico también se pone de relieve la ceguera de los padres del ciego. Cuando los judíos les preguntan cómo es que su hijo ahora ve, ellos, por temor a que los excluyan de la sinagoga, prefieren no contestar y así se evitan complicaciones. ¿No actuamos a veces nosotros de manera similar y eludimos confesar abiertamente nuestra fe?

Los fariseos preguntaron a Jesús: ¿También nosotros estamos ciegos? La ceguera de los fariseos es la peor de las cegueras, pues difícilmente tiene cura. Los ciegan el orgullo y la autosuficiencia. Se jactan y ufanan de que son clarividentes y estrictos cumplidores de la ley. No necesitan ni admiten lecciones de nadie. Son incapaces de ver otra luz que no sea la suya.

En su respuesta Jesús viene a decirles que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Ellos no pueden ver lo que, en cambio, sí vio y creyó el ciego una vez sanado por Jesús: que Jesús venía de Dios y que era la luz del mundo.

Todos tenemos y conocemos nuestras propias oscuridades. San Pablo nos dice que despertemos y que nos dejemos iluminar por Cristo para que vivamos como hijos de la luz, caminando siempre en bondad, justicia y verdad.

En el bautismo, al entregar la vela encendida en el cirio pascual, símbolo de Jesús Resucitado, se nos dice: Recibid la luz de Cristo para que, iluminados por él, caminéis siempre como hijos de la luz.

 
Comentarios
 
Déjanos tu opinión:

Nombre:
   

Dirección de E-mail:
   

Comentario:

 
 


Reload Image

Código:

 
   
 
Compartir

  • Print this article!
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google Bookmarks
  • Meneame
  • Technorati
  • TwitThis
  • Netvibes
  • MySpace
  • LinkedIn
  • Turn this article into a PDF!
  • E-mail this story to a friend!