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Mesa dispuesta para hermanas y hermanos



28 de Febrero de 2017
Pablo Bernal Rubio ss.cc.
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En español usamos el verbo “partir” tanto para empezar como para el momento de marcharse… y también, por supuesto, cuando queremos que otro participe de algo nuestro, o rompemos lo que tenemos para repartirlo a muchos. Y con todos esos sentidos resuena en los dieciséis formandos que hemos participado en el encuentro de FI los días 24-26 febrero en San Lorenzo del Escorial (hermanas SSCC).


Por eso, parte esta crónica recordando que «partir es ante todo abrirse a los otros, descubrirnos, ir a su encuentro…» (H. Cámara). Porque también así partió nuestro fin de semana: encontrándonos, dispuestos a abrir nuestra vida a la vida de los demás.

Si resuena el verbo “partir” es porque nuestro encuentro, titulado Pan de Vida, ha tenido como tema central la Eucaristía: celebrada y adorada. El título se hace eco del artículo 5 de las Constituciones, que se encuentra en el primer capítulo que hermanas y hermanos tenemos en común.

Y es que, para quien no lo sepa, se trataba éste de un encuentro de los formandos de ambas ramas. Un encuentro que está sólidamente arraigado en esta parte del mundo (y de la Congregación) y que, un año más, ha cumplido su objetivo: que nos encontremos, nos conozcamos más y nos acompañemos unos a otros en lo que vamos viviendo en nuestro proceso de formación inicial. Com-partir es también un verbo que sabe a Eucaristía.

Además de compartir nuestra vivencia, las hermanas que estaban a cargo del encuentro de este año nos propusieron tiempos de reflexión personal, guiada por el himno al amor de san Pablo (1Cor 13); y nos invitaron a buscar nuestro modo de ser Eucaristía en el mundo de hoy de un modo nada convencional: amasando cada uno su propio pan. Los momentos de oración también giraron en torno al Pan de Vida, y tuvieron su culmen en la Adoración comunitaria y la celebración de la Eucaristía.

La Eucaristía realiza la promesa de comunión de los diferentes… no por nuestros esfuerzos, sino porque nos da parte en la Vida de Jesús Resucitado. Signo de ello fue que en el encuentro participáramos las y los formandos españoles, las novicias africanas que llevan ya año y medio de noviciado en Madrid –dos de Congo, una de Mozambique–, y los dos jóvenes franceses que comenzaron su prenoviciado en Picpus el septiembre pasado.

Precisamente, en el momento de partir y ponernos en camino hacia nuestros lugares de procedencia, terminaban ellos dos agradeciendo haber conocido este grupo de hermanos y hermanas jóvenes que formamos. Y con razón se sorprendía uno de los novicios al caer en la cuenta de lo mucho que decimos al poder llamar “hermano” a otra persona. ¡Gracias a Dios que, hecho Pan de Vida, lo hace posible!

     
 
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