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Bienaventurados...



28 de Enero de 2017
Redacción
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Comentario al Evangelio dominical de la mano de Osvaldo Aparicio ss.cc.


¿Quién no desea ser dichoso? ¿Quién no busca ser feliz? La felicidad es la gran aspiración de todo ser humano. Todos nuestros pensamientos y acciones van encaminados a la realización de ese sueño.

Se nos proponen muchos caminos para alcanzarlo. Jesús, hoy, en el Sermón de la Montaña, nos señala su camino, el que él siguió en su vida y que invita a emprender a todo el que desee ser su seguidor. Nos lo expone en su programa de las Bienaventuranzas.

Las distintas bienaventuranzas están entrelazadas; son inseparables las unas de las otras. Podríamos decir que todas derivan y fluyen de la primera: Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

“Ser pobres”. ¿Somos nosotros pobres? En el sentido corriente del término, tendríamos que decir que nosotros no lo somos. Aunque no nademos en una abundancia llamativa, la indigencia, la pobreza material o la falta de recursos no nos afectan de lleno. En este sentido tenemos que calificarnos como “no pobres”. Entonces, ¿esta bienaventuranza de Jesús no nos atañe?, ¿no va con nosotros?

Hay que aclarar que Jesús no ensalza la pobreza material, cultural, etc… No puede hacerlo, pues la pobreza en sí y el subdesarrollo son un mal y, justamente, Jesús nos estimula a que luchemos por un mundo más justo, erradicando la pobreza y trabajando por la promoción integral de las personas. Esa lucha es una exigencia de la fe cristiana como evangélicamente nos recuerdan con tanta frecuencia Cáritas o Manos Unidas Campaña contra el Hambre (domingo 12 febrero).

Pobre, en sentido bíblico, es quien no pone su confianza en las riquezas ni busca en ellas la felicidad; es quien no teniéndose por autosuficiente, deja espacio en su corazón y en su vida a Dios y al prójimo; por eso, san Mateo añade pobre en el espíritu, o sea, aquel que se sabe necesitado de Dios y de los demás.

El pobre en el espíritu no es egoísta ni egocéntrico; no piensa solo en sí mismo ni hace que los demás giren en torno a él; al contrario, vive para los demás y, como Jesús, hace opción por los necesitados y, aunque él se encuentre bien situado, no se conforma con el mundo y con la sociedad tal como están, comprometiéndose en cambiar las situaciones para crear un nuevo orden de las cosas tal como quiere el Señor: justo y fraterno, en paz e igual para todos.

Quienes viven esta primera bienaventuranza de ser pobres en el espíritu, necesariamente vivirán todas las demás: sufrirán con el que sufre y llorarán con los que lloran; lucharan junto a los que ansían un mundo más justo y serán misericordiosos; su corazón será limpio, huyendo de toda clase de corrupción, y serán constructores de paz. Precisamente el lunes, día 30, se celebra el Día Escolar de la No Violencia y de la Paz, conmemorando la violenta muerte de Gandhi, el gran promotor de la no violencia.

Finalmente, el que es pobre en el espíritu se sentirá impelido a unirse a todas las gentes de buena voluntad que sufren persecución por denunciar las injusticias y por luchar contra ellas.

Si somos pobres en el espíritu, entonces sí seremos dichosos y bienaventurados al estilo de Jesús.

 
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