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¡Que todos sean uno!



22 de Enero de 2017
Redacción
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Comentario a la liturgia dominical en la Semana de la Unidad, de la mano de Osvaldo Aparicio ss.cc.


Desde hace más de cien años se celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del 18 al 25 de enero, fiesta de la Conversión de san Pablo. No debemos dejar que esta Semana pase desapercibida en nuestra comunidad parroquial. Tenemos que unirnos en la oración a las distintas Iglesias y confesiones cristianas para que llegue el día en que se realice la súplica de Jesús al Padre en la última Cena: ¡Te pido, Padre, que todos sean uno!

San Pablo, en la primera carta a los Corintios (1ª lect.), les urge a la unidad, pues se ha enterado de que en la comunidad hay discordias y desuniones ya que unos dicen ser partidarios de Pablo, otros de Apolo, otros de Cefas y otros de Cristo. Para que reflexionen sobre su situación, Pablo les plantea tres preguntas esenciales: ¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo? Y unos párrafos después les dice que nadie puede poner un cimiento distinto del que ya está puesto, y este cimiento es Jesucristo.

Nuestra fe se fundamenta en Jesús y es a él a quien todos los cristianos damos nuestra adhesión. La persona de Jesús es el cimiento en que se sustentan las Iglesias y confesiones cristianas; por eso, dentro de la diversidad, es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

El 500 aniversario de la Reforma Luterana que se recuerda en este año 2017, quiere poner el énfasis en Jesucristo y en su obra reconciliadora como centro de la fe cristiana, y el lema elegido para esta Semana de Oración por la Unidad se inspira de nuevo en san Pablo: RECONCILIACIÓN. EL AMOR DE CRISTO NOS APREMIA (cf. 2 Cor 5, 14-20).

A todos nos une la fe en la persona de Jesús y en su amor; y ese amor debe apremiarnos a todos a anunciarlo y a dar testimonio de él en el mundo: El amor de Cristo nos apremia a orar, pero también a ir más allá de nuestras oraciones por la unidad de los cristianos. Las Iglesias y congregaciones necesitan el don de la reconciliación con Dios como fuente de vida. Pero aún más, lo necesitan para ser testimonio común en el mundo: Te pido que todos vivan unidos. Como Tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros. De este modo el mundo creerá que tú me has enviado (Jn 17, 21) (cf. Materiales para la Semana de Oración…).

A buscar la reconciliación y la unión nos apremian el amor de Cristo y su llamada a seguirle. La escena evangélica de hoy lo pone de relieve: Jesús pasea junto al mar de Galilea y, viendo a los hermanos Pedro y Andrés, y a los hermanos Santiago y Juan, los invita a ir en pos de él para hacerles pescadores de hombres. P> Jesús también pasa ahora a nuestro lado y nos pide que nos unamos a los demás cristianos para ser embajadores de reconciliación que rompan barreras, construyan puentes y hagan la paz… ¡Que muchas personas e Iglesias sean apremiadas por el amor de Cristo a vivir vidas reconciliadas y a derribar los muros que dividen! (cf. Materiales para…).

 
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