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Este es el Cordero de Dios...



15 de Enero de 2017
Redacción
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Comentario al Evangelio dominical, de la mano de Osvaldo Aparicio ss.cc.


Hoy, en los comienzos del Tiempo Ordinario, vuelve a aparecer la figura de Juan Bautista como testigo de Jesús, que está a punto de iniciar su vida pública. Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, proclama el Bautista.

Quizás no esté de más recordar el significado de la expresión Cordero de Dios, que con frecuencia aparece aplicada a Jesús tanto en el Nuevo Testamento como en la liturgia, y que a algunos puede resultarles extraño o ignoran el porqué.

Si volvemos nuestra mirada al Antiguo Testamento, concretamente al libro del Éxodo, vemos que Dios decide liberar a su pueblo esclavo en Egipto, mandando a las familias sacrificar un cordero y con su sangre marcar el dintel de las puertas de sus casas. Gracias a esta señal el ángel exterminador pasaría de largo (décima plaga).

La tradición cristiana ha visto en Jesús el verdadero Cordero de Dios cuya sangre derramada en la cruz nos libera y rescata del mal y del pecado: Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo (Pref. de Pascua).

La misión de Jesús, Siervo y Cordero de Dios, es ser luz de las naciones, para que la salvación alcance al confín de la tierra, como señala el profeta Isaías (1ª lectura).

Como la sangre del cordero pascual liberó al pueblo de Israel, así la entrega de Jesús en la cruz es la fuerza que puede liberar a nuestro mundo de los males y esclavitudes que lo atenazan. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad, dice el salmo de hoy. Y la voluntad del Padre es quitar el pecado del mundo: odios y violencias, desigualdades e injusticias, guerras y muertes…

Jesús se entrega a la voluntad del Padre hasta dar la vida para poner los cimientos de una sociedad más humana y más divina, con una declarada preferencia hacia los más pequeños, débiles y desheredados; una sociedad que sea el inicio de los nuevos cielos y la tierra nueva que se nos promete en el Apocalipsis.

Nosotros, como Jesús, también hemos recibido la fuerza del Espíritu por el bautismo: Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que os ha de bautizar con Espíritu Santo (Evangelio).

Bautizados con Espíritu Santo, nos toca a los cristianos continuar la misión de ser luz de las naciones para seguir creando una sociedad según la voluntad y el querer del Señor.

A continuar esta tarea nos anima la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado que hoy se celebra. El agudo problema de la migración es un “signo de los tiempos” y un campo sobre el que debemos derramar luz. El Papa, en su mensaje, este año quiere que prestemos atención de manera muy especial a los emigrantes menores de edad, y nos propone como lema: MENORES MIGRANTES VULNERABLES Y SIN VOZ. El Papa Inicia precisamente su mensaje con estas palabras de Jesús: El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado (Mc 9,37).

El Papa nos da las razones de por qué desea que fijemos nuestra atención en ellos: Los niños constituyen el grupo más vulnerable entre los emigrantes, porque, mientras se asoman a la vida, son invisibles y no tienen voz: la precariedad los priva de documentos, ocultándolos a los ojos del mundo; la ausencia de adultos que los acompañen, impide que su voz se alce y sea escuchada. De ese modo, los niños emigrantes acaban fácilmente en lo más bajo de la degradación humana, donde la ilegalidad y la violencia queman en un instante el futuro de muchos inocentes, mientras que la red de los abusos a los menores resulta difícil de romper.

 
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