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¡Seamos Iglesia acogedora!



18 de Diciembre de 2016
Redacción
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Comentario al IV Domingo de Adviento, de la mano del P. Osvaldo Aparicio ss.cc.


¡Seamos Iglesia acogedora!, se nos pide en este cuarto y último domingo de Adviento. ¿Cómo puede nuestra parroquia ser una comunidad acogedora y de puertas abiertas?

La palabra de Dios nos presenta hoy la figura sencilla y callada de José a quien califica el Evangelio de hombre justo. Este escueto adjetivo nos desvela de la personalidad de José más de lo que a primera vista puede parecer. Los Evangelios no nos cuentan cómo eran físicamente María, José o Jesús. Nos descubren, en cambio, su interior y su tenor de vida ante Dios y el prójimo.

No sabemos si José era joven o viejo o de buen parecer; pero sí que conocemos que él, en todo momento, procuró orientar su vida según el querer de Dios. Eso es, precisamente, lo que la palabra justo significa bíblicamente.

La situación de José, ante el embarazo de su esposa, era difícil e incómoda. Se hallaba ante un dilema: acogerla en su casa o repudiarla. Lo primero contravenía la ley y lo, segundo, significaría infamarla e iría contra el mandamiento del amor.

José, hombre justo, busca la voluntad de Dios en la oración (tal es el simbolismo del sueño de que se habla en el relato evangélico), y en la oración encuentra la respuesta en la que se le anuncia la tarea que Dios le tenía reservada.

San Lucas nos narra la anunciación a María; el ángel de parte de Dios le pide que acepte la misión de ser madre del Hijo del Altísimo por obra del Espíritu Santo.

El relato de San Mateo de hoy es la anunciación a José: el ángel no solo disipa las dudas de José, sino que le pide que acepte la misión de colaborar estrechamente en el plan salvador de Dios: José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

María, al anuncio del ángel, responde: Aquí está la esclava del Señor. José, al despertar del sueño, acepta la misión que Dios le ha encomendado: Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer. José, el hombre justo, al acoger a la virgen encinta, acoge también al Enmanuel, al “Dios-con-nosotros”, que lleva en sus entrañas.

¿Cómo ser Iglesia acogedora? En José, hombre justo, tenemos un modelo.

 
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