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Adviento



27 de Noviembre de 2016
Redacción
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Comentarios a las lecturas del primer domingo de Adviento, a cargo de Osvaldo Aparicio ss.cc., párroco de los SS.CC. de Madrid


Iniciamos el tiempo del ADVIENTO. El lema que hemos escogido en la parroquia para este domingo, inspirándonos en la palabra de Dios, pretende estimularnos a la vigilancia: ¡SEAMOS IGLESIA “VIGILANTE”. El Evangelio nos dice: ¡Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá nuestro Señor!

Se abre, pues, el Adviento con una fuerte llamada a que no nos durmamos y estemos atentos a la venida del Señor. Jesús ha venido ya “en carne” como confesamos en el credo: Por obra y gracia del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre. Es su primera venida y es la que nos disponemos a festejar en la Navidad. Y Jesús de nuevo vendrá en gloria, como también proclamamos en el credo. Será su última y definitiva venida; de ella hemos hecho memoria el pasado domingo con la festividad de Jesucristo, Rey del Universo.

Los primeros cristianos ponían el acento en el futuro y estaban pendientes de la venida definitiva del Hijo del hombre; por eso, su anhelante súplica era ¡Marana tha! ¡Ven, Señor Jesús! (Ap 22, 20).

Nosotros, en cambio, ponemos el acento, a veces de forma casi exclusiva, en recordar el pasado y la Navidad se convierte en tiempo de nostalgia y añoranza; pero, lo cierto es que Jesús vino, vendrá y sigue viniendo. El Apocalipsis, concretamente en la carta a la iglesia de Laodicea dice: Mira, que estoy a la puerta y llamo (8,20).

Jesús sigue viniendo y llamando a nuestra puerta de forma insistente, no solo en su palabra o en los sacramentos, sino en los acontecimientos mundiales, sociales, familiares y personales, y, muy en especial, en el “sacramento del hermano”, esto es, en el prójimo.

Hoy Cáritas nos recuerda que Jesús está viniendo y llamando a nuestra puerta a través de las personas sin hogar. El lema de la campaña (POR DIGNIDAD. NADIE SIN HOGAR) pone de relieve la dignidad de toda persona, y la dignidad de las personas reside en el ser y no en el tener: reside en el hecho de que somos seres y personas únicas, insustituibles, dotadas de intimidad, de inteligencia, de voluntad, de libertad, de capacidades…

El Adviento invita, pues, a nuestra parroquia a preparar la Navidad viendo la realidad que nos rodea y la “periferias” (marginaciones) de nuestra sociedad en las que tanto insiste el Papa; en ellas Jesús está viniendo y llamando una y otra vez a la puerta de nuestra comunidad parroquial.

¡Seamos iglesia “vigilante”! ¡Estemos en vela! La promesa que Jesús nos hace si oímos su voz y le abrimos la puerta es que entrará en nuestra casa y cenará con nosotros y nosotros con él (ver Ap 3,20). Si vivimos con esa actitud, nuestras Eucaristías serán en verdad la Cena del Señor.

 
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