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En el Jubileo de los excluidos



26 de Noviembre de 2016

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Cerca de seis mil personas acudimos a la llamada del Papa en Roma, los días 11, 12 y 13 de noviembre, a participar en un encuentro con él, en lo que ha llamado la fiesta del perdón y la misericordia, coincidiendo con el cierre del Año Jubilar de la Misericordia.


Desde Cáritas Madrid, a través de la Casa de Acogida, fuimos invitados a participar en este encuentro, junto a once residentes y tres acompañantes. Lo que allí vivimos resulta difícil de contar, pues se trata de sentimientos y emociones que afloraron durante el encuentro, no obstante trataremos de deciros como lo vivimos.

El jueves 10, por la tarde, llegamos a Roma, donde, la organización del evento, que estuvo muy pendiente de todo, nos trasladó en autobuses, desde el Aeropuerto, a los distintos alojamientos. Nosotros, junto a otros grupos de España, de Francia, Inglaterra, Hungría,…, al Camping Fabulosa, donde fuimos alojados en bungalow. En total, en el Camping, estaríamos alojados unos trescientos, entre ellos dos sacerdotes y un obispo, por lo que una vez alojados, celebramos una eucaristía de bienvenida, con traductor claro. El restaurante del Camping, nos acogió a todos para cenar.

El viernes, nos tocó madrugar para poder estar en El Vaticano antes de las diez. Allí nos encontramos con una muchedumbre inmensa, tuvimos que hacer largas colas para acceder a la sala Pablo VI, donde tuvimos el primer encuentro con el Papa. Primero rezamos laúdes, y a continuación llegó el Papa, que fue saludando a todas las personas que estaban a lo largo del pasillo, que le llevó al estrado, donde le recibieron veinte personas procedentes del mundo de la marginación, varios obispos y el coro que amenizó las canciones. El obispo, en francés, dio la bienvenida al Papa, en nombre de todos.(Durante todo el encuentro tuvimos un aparato con el que se traducían las alocuciones a cada idioma). A continuación, dos personas dieron sus testimonios de vida, cómo había transcurrido esta, abandono de familia, drogas, dolor, soledad, sin techo, cárcel,…, hasta encontrarse con personas que les tendieron una mano. Fueron momentos duros. Algunos de los chicos/as que acompañábamos decían, igual que yo, y se les arrasaban los ojos. Se nos encogía el corazón al mirar alrededor y ver tanta “gente pobre”, que ha pasado por tanto dolor, como se reflejaba en sus rostros, hasta encontrarse una mano que les ayuda a salir de la calle.

Después de los dos testimonios, el papa Francisco, hablando en castellano, agradeció los testimonios, y basándose en ellos comenzó su catequesis. Nos dijo que nunca perdamos la capacidad de soñar a pesar de nuestra pobreza. La pobreza está en el corazón del Evangelio, y vosotros estáis ahí. Nos tenéis que enseñar a los que tenemos techo, comida, medicinas,…, a no estar satisfechos, mientras otros no tienen lo mismo. Animó a todos a vivir con dignidad, única forma de encontrar belleza en la vida, en medio de la tristeza y del sufrimiento. Pidió perdón por las veces que hombres y mujeres de Iglesia, no viven el Evangelio poniendo a los pobres en su corazón. Terminó la catequesis con una oración, en la que pidió al Padre que nos ayudara en nuestro caminar y a continuación impartió la bendición general.

Al despedirse, abrazó a los indigentes que le acompañaron en el estrado, así como a todos los que se encontraban en la primera fila, luego fue por los pasillos saludando y bendiciendo a todos.

El encuentro estuvo lleno de emociones, que se manifestaban en los rostros de los que allí estábamos, se sentían felices, y todos trataban de acercarse al Papa.

A la salida nos dieron a cada uno un picnic para comer, y mas tarde paseamos por Roma. Al atardecer regresamos al Camping, donde celebramos la Eucaristía, y dimos gracias a Dios por todo lo vivido en el día, y por haber puesto a todas estas personas en nuestro camino.

El sábado, nos repartimos en grupos por un mismo idioma, cada grupo en una iglesia distinta. Nosotros fuimos a la iglesia de san Andrés de la Valle. Comenzamos rezando Laúdes. A continuación, Nicolás dio testimonio de vida, de cómo consiguió salir del mundo de la droga, de la mano de personas que le enfrentaron con su realidad. Había pasado de ser incapaz de mostrar sus debilidades, a pedir perdón por todo el mal que se había hecho él y por el que había hecho a los demás. Tras el testimonio, celebramos la Eucaristía, y salimos a comer todos juntos.

Después de un paseo por Roma, al atardecer, nos trasladaron a la Basílica de san Pablo Extramuros. Allí comenzamos la procesión de las Antorchas, alrededor de la Basílica, con una vela encendida cada uno, fuimos rezando el rosario, cada misterio en un idioma, acompañado de cánticos, para pasar en procesión al interior de la Basílica. La procesión fue otro de los momentos fuertes del día, junto al silencio y al recogimiento de todos, salía con fuerza la oración y los cánticos a María. En el interior de la Basílica, no había sillas para todos, por lo que los del pasillo central nos sentamos en el suelo. Se notaba que algo flotaba en el ambiente, por el silencio y respeto que se sentía, íbamos a celebrar la Vigilia de la Misericordia y el Perdón. Hubo oraciones y cánticos en diversos idiomas, mientras, en las columnas y paredes se pusieron unos cincuenta sacerdotes a confesar, cada uno tenía un cartel con los idiomas que podía confesar. Acudimos a recibir el perdón, multitud de peregrinos, hombres y mujeres que desconocían el sentimiento que te invade cuando te sientes perdonado por el Padre. Se veían los rostros de felicidad de los que nos habíamos confesado. Muchos salían emocionados y llorando de alegría. Después de terminar todas las confesiones, volvimos a salir en procesión por la Puerta Santa, y regresamos a nuestras residencias, ya echada la noche.

El domingo, nos tocó madrugar, a las seis y media ya estábamos en la calle, con la maleta preparada, para desayunar, ir al autobús, para poder estar a las nueve y media en la Basílica de san Pedro, donde comenzaba el rezo del rosario y la Eucaristía a continuación. En el altar, junto a sacerdotes y obispos, tomaron asiento un grupo de indigentes y personas sin techo. El Papa, presidió la Eucaristía, que fue en italiano (con traducción al español), y en la homilía, el Papa nos volvió a hablar de una Iglesia al servicio de los pobres, dijo que Dios y el prójimo son las mayores riquezas en la vida de cada persona. Que cuando nuestro interés lo ponemos en las cosas, en el dinero, en lugar de hacerlo hacia las personas que necesitan ser amadas, estamos en un síntoma de esclerosis espiritual.

Al acabar la Eucaristía, el Papa, junto con los con-celebrantes, salieron en procesión por el pasillo central, y pudimos verle de cerca otra vez. ¡Que ilusión! A la salida, tras las despedidas y abrazos, tomamos camino de regreso hacia el autobús, que nos condujo al Aeropuerto, para trasladarnos a Madrid. La alegría de los días pasados juntos, en esta peregrinación por Roma, junto al Papa, se notaba en los rostros de cada uno de nosotros.

Aquí terminó esta experiencia mágica, que deseamos perdure siempre en nuestros corazones. Nuestro agradecimiento a Cáritas, por habernos permitido vivir esta experiencia de compartir vida, junto a hombres y mujeres procedentes del mundo de la marginación. Ellos están en el corazón de Dios y nos invita a estar siempre cerca de los hermanos que sufren.

Con cariño,

Pilar y José Luis

Rama Secular SS.CC. de Madrid

     
 
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