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Preguntas y opiniones



02 de Noviembre de 2016
Redacción
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Columna de Dolores Aleixandre RSCJ en la revista 21 de este mes de noviembre que acabamos de estrenar.


A Jesús le preguntaban muchas cosas, casi siempre con mala idea: “¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición?” (Mt 15,2); “¿Pagamos tributo al César o no?” (Lc 10,22); “¿Se puede repudiar a una mujer?” (Mc 10,6); “Moisés manda apedrear a las adúlteras, ¿tú qué dices?” (Jn 8,59). Sobre asuntos económicos casi nunca le consultaban, quizá desde el día en que uno se arriesgó a pedirle que interviniera en un asunto de herencia y la reacción fulminante de Jesús (“¿Quién me ha nombrado árbitro entre vosotros?” (Lc 12,15) consiguió que a los demás se les quitaran las ganas de preguntarle sobre el tema. Pero aunque no lo preguntaron, él dio su opinión sobre el dinero y pronunció una sentencia definitiva: es para hacerse amigo con él (Lc 16,9). Eso sí que era un brexit. Esa sí que era una desconexión de los argumentos más honorables y equitativos: “es para el servicio del bien común”, “es una herramienta de funcionamiento”; “sirve para invertir e intercambiar”… Todo se fundía ante aquella finalidad inesperada de “hacerse amigos”. La frase irrumpía como un torrente de agua limpia en la bolsa de Tokyo, en el FMI, en la sala de reuniones del Banco Mundial: amistad, compartir, abrazos, afectos, fidelidad, franqueza, generosidad competían con negocio, mercados, ganancias, transacciones, déficit…

“Haceos amigos con el dinero”: un imperativo incómodo que pone patas arriba muchos de nuestros criterios y costumbres. Y que no nos deja refugiarnos en la neutralidad.

 
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