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Gratuidad y servicio



30 de Septiembre de 2016
Redacción
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Comentario a las lecturas del próximo domingo, a cargo de Osvaldo Aparicio ss.cc., párroco de los SS.CC. de Madrid.


(Foto de Manuel Gª Ripado ss.cc.)

Con Jesús vamos camino de Jerusalén. Hoy nos recomienda que tengamos una fe incondicional en él y que le imitemos en su actitud de servicio gratuito y desinteresado.

La fuerza de la fe: ¿Por qué los apóstoles sienten la necesidad de pedir al Maestro que les aumente la fe? Auméntanos la fe, le suplican.

Por el contexto del Evangelio vemos que Jesús acaba de advertirles que estén atentos para no ser piedra de escándalo para los más débiles y que perdonen siempre, siempre al hermano aunque este pequé contra ti siete veces al día.

Difícil actitud es esta del perdón sin límites y sin condiciones. Los apóstoles dudan si podrán cumplirla; dudan si tendrán fuerzas para seguir al Maestro por ese camino.

Lo mismo nos pasa a nosotros. Cuando proponemos tomarnos en serio el seguimiento de Jesús y sus exigencias, se nos hace muy cuesta arriba y nos desanimamos. Nos surge la duda: ¿Es posible ser cristiano con todas las consecuencias?

Jesús nos responde que todo es cuestión de fe, de una fe que, aunque sea pequeña como un granito de mostaza, es capaz de realizar algo tan humanamente imposible como arrancar de raíz un árbol solo con la palabra y trasplantarlo en el mar.

Al hablarnos Jesús de tener fe: Si tuvierais fe como un granito de mostaza, no se está refiriendo a la profesión de una doctrina, sino que nos invita a confiar incondicional e ilimitadamente en él, y que así, fiados en su ayuda y fuerza, podremos vivir su mensaje y programa.

También nosotros, sin duda alguna, tenemos que suplicar a Jesús: ¡Auméntanos, Señor, la fe y la confianza en ti para que seamos auténticos seguidores tuyos!

Gratuidad y servicio se nos pide en la segunda parte del Evangelio de hoy. La fe/confianza en Jesús entraña, como consecuencia normal, el deseo de imitarlo en su estilo de vida. Jesús siempre actuó de forma gratuita y desinteresada. Pasó haciendo el bien sin pedir nada a cambio ni esperar recompensa o compensación. Nunca fue interesado en su servicio a los demás.

¡Difícil nos resulta a nosotros vivir la gratuidad! Nuestra relación con los demás y con Dios, nuestra religiosidad, está normalmente teñida de interés; prima con demasiada frecuencia la actitud egoísta e interesada. En nuestros comportamientos sigue rigiendo el viejo principio de “do ut des”, doy para recibir algo a cambio, haciendo a Dios y al prójimo deudores nuestros.

Jesús vuelve a ponernos una parábola para ayudarnos a desterrar de nosotros todo lo que sepa a interés egoísta. Sabemos que el esclavo, en tiempos de Jesús, no gozaba de derechos ni podía reclamar nada a su amo. Simplemente el siervo hacía lo que se le mandaba y esperaba de él; hacía lo que tenía que hacer: servir y servir sin esperar reconocimiento.

Así fue el comportamiento de Jesús, el siervo de Dios y de sus hermanos los hombres: servicio y gratuidad. El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir. Sin duda alguna comprenderemos mejor el mensaje de Jesús si recordamos el lavatorio de los pies a sus discípulos en la Última Cena: Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otro: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis (Jn 13, 14-15).

La confianza en Jesús nos debe llevar a vivir en actitud de gratuidad y de servicio, diciendo somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer.

 
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