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La puerta



21 de Agosto de 2016
Redacción
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Proponemos para este domingo un cuento del P. Conrado Monreal ss.cc.


Ayer me desperté dispuesto a sopesar el corazón del hombre. No tardé mucho en encontrar la balanza y la unidad de medida. Era necesario ajustar bien el criterio, pues los muchos siglos han cargado de bien y de mal las entrañas de los hombres. Después de mucho buscar hallé, en la cabaña del pensamiento, el criterio de medir. Criterio que quiere plasmarse en la metáfora de “la puerta”.

Un corazón con puertas abiertas es parcela colmada de mies. La puerta abierta es refugio contra el miedo de la noche y cobijo del diálogo amoroso. Es convivencia y comprensión, es tener el alma porosa para beber la verdad. Es esperanza y es sonrisa donde abreva el caminante el agua fresca del descanso. Todos pueden entrar y todos pueden salir, es vuelo de libertad. Tú, que eres el hortelano de tu corazón, ten las puertas abiertas al viento, al sol, al hombre y a la justicia, a lo bueno, a lo limpio y al amor.

Un corazón con puertas cerradas es desierto agostador de cosechas. La puerta cerrada es alforja colmada de egoísmo y cara fea de soledad. Cerrar el corazón es sentirse solo, pero por dentro. Se aleja de la luz como se aleja el fondo profundo del pozo. Es barranco seco, sin agua, es vacío y ponzoña de soledad. Tiene brazos incapaces de abrazar y labios que ya no saben besar.

Daba vueltas al simbolismo de la puerta cuando se me acercó la realidad de mi niñez. En aquel pequeño pueblo de mi infancia jamás se cerraban las puertas. Por eso no tenía vivienda la soledad. Cualquier hora era buena para pedir a la vecina la levadura para amasar o el pozal para regar el portal.

En nuestros días, hemos cerrado las puertas con cincuenta cerrojos. Uno tiene la sensación de que la cultura de puertas cerradas va enterrando el gozo del jardín compartido. Nacen los nacionalismos, el no es de los nuestros, los movimientos cerrados, la política, la misma iglesia, a la que amamos tanto, tenía la puerta tan solo entreabierta por miedo a que la Paloma del Espíritu volara demasiado sobre el Pueblo de Dios. En este amanecer, el Papa Francisco quiere romper las bisagras para que las puertas jamás se puedan cerrar. El mismo Jesús antes de morir quiso que una lanza abriera un portillo en la pared de su corazón para que ni la muerte pudiera cerrarlo. Bella imagen que nos dice que el corazón de Jesús está siempre abierto para siempre darlo.

Son tan sólo algunos ejemplos de puertas cerradas que llevan en sus alforjas cadenas para encarcelar la libertad. Pero sé que hay muchos corazones con puertas abiertas. Por eso podemos sonreír y cantar porque un corazón con puertas abiertas es estrella que tiene colgada de sus ojos la esperanza.

 
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