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En Perdernales (Ecuador)



15 de Agosto de 2016
Redacción
(1) Comentarios

Alicia Monjas, miembro de una comunidad de adultos de la Parroquia de San Víctor (Madrid), nos comunica en este artículo su experiencia estival en una de las zonas afectadas por el terremoto de hace pocos meses en Ecuador.


Cuando en el mes de abril estaba pensando a dónde podía viajar este verano ocurrió el terremoto que afectó a casi toda la costa de Ecuador. Hasta ahí tan sólo un drama más. Pero entonces leí las crónicas que publicasteis en la web sobre La Concordia, una presencia de la Congregación que se vio afectada por el seísmo (la iglesia y algunas casas de las zonas rurales se han caído) y pensé ¨¿Por qué no?¨ Y cuando- preparando el viaje- me comentaron la posibilidad de tener una experiencia de una semana en un campamento en Pedernales- el epicentro del terremoto- pensé: ¨Guau, sí, por favor que pueda ir!¨.

Esta mañana acabo de regresar a La Concordia después de pasar una semana en Pedernales, en un campamento de campaña que ha montado la iglesia para acoger a voluntarios que quieran tener una experiencia de misión. Yo comparto semana con un grupo de 9 seminaristas y un sacerdote.

Aunque el 80 % de las casas se han caído o están dañadas y hay que derribarlas, mi primera impresión no es tan mala como he podido imaginar. Como han retirado casi todos los escombros la sensación es de una ciudad con muchos solares libres para construir. Luis Enrique sscc que me acompaña habla en cambio de profunda tristeza. Él conocía Pedernales antes del terremoto y es mucho más capaz que yo de valorar los daños. Aun así empieza a verse movimiento por la calle, y se ve a gente en los puestos callejeros improvisados en la calle y los turistas están empezando a venir, aunque sólo pueden venir a pasar el día, ya que casi no queda ningún hotel en pie. Un amigo con el que comparto esta foto me contesta que le traiga una buena provisión de esas botellas capaces de dar una mirada de esperanza entre tanta ruina. La vida debe de tener algo de Divina, sino no se entiende.

Nuestra labor allí es bastante simple. Por la mañana vamos recorriendo las zonas que nos ha encomendado el párroco y visitando a las familias casa a casa. La idea es interesarnos por su situación, darles la posibilidad de que hablen de lo que vivieron y detectar posibles necesidades que podamos cubrir. Por la tarde recorremos los barrios y hacemos dinámicas en grupo, tanto para los niños (con juegos, manualidades y cantos) como para los adultos. Los temblores o réplicas no han cesado y se repiten cada dos o tres días, lo cual hace que para la gente sea muy difícil pasar página. En general todas las familias, incluso aquellas a las que no se les cayó la casa, duermen en carpas de plástico improvisadas en la calle, por miedo a que un nuevo terremoto venga y les sorprenda durmiendo. En una escuela de las pocas que quedan en pie están acogiendo niños y niñas de otras 4 escuelas de los alrededores que se cayeron. Han tenido que hacer turno de mañana y de tarde. Nos cuentan que aún no se están dando clases normalmente; los chavales están inquietos y no pueden centrarse en el estudio, casi no pueden estar sentados en las mesas y en cuanto hay un ruido muchos salen corriendo al patio. Aunque la reconstrucción de las casas va a ser, parece, un proceso largo, no sé cuánto tardará esta gente en coger los miedos y echarlos a fuera, como dice la canción.

De todo lo vivido, que sin duda ha sido mucho, me quedo con el momento sagrado en el que una familia te abre las puertas de su casa y te dice que entres. Como siempre me viene a la cabeza lo que Dios le dice a Moisés ante la zarza: ¨Descálzate, porque el suelo que pisas es terreno sagrado¨. En Ecuador la gente no se descalza físicamente al entrar en una casa, pero hago el ejercicio cada vez de recordar que esa casa es terreno sagrado. En general primero nos presentamos y luego hacemos dos simples pregunta: ¨¿Cuántas personas viven en esta casa? y ¿Cómo les ha quedado la casa, están durmiendo en la casa o tienen alguna carpita fuera para dormir?¨ Con eso casi toda la gente empieza a hablar y nos cuenta cómo vivieron ellos el terremoto. Deben haberlo contado muchas veces, pero necesitan volver a contarlo otras tantas más. Es para ellos como una terapia. En general agradecen que alguien se interese por ellos. Algunos nos comentan que somos los primeros que pasamos a preguntarles qué tal están. Nosotros escuchamos a la gente y tratamos de dar una palabra de esperanza. No es difícil porque ellos son los primeros que nos sorprenden hablando de un Dios que les protege y les cuida, que les sostuvo durante el terremoto y que les regala algo así como una segunda vida para disfrutarla con sus familias.

Os voy a contar sólo una de las visitas que hicimos casi al final de mi estancia allí. No recuerdo el nombre de la anciana- muchos nombres ecuatorianos eran para mí muy difíciles de entender. Es la abuela de José Gabriel. En la foto se les ve a los dos junto a la jamba de la puerta de su casa, que es lo único que quedó en pie. A ella le cayeron cascotes en la cabeza y ha estado en el hospital. Ha regresado hace poco a su casa y parece que aún no ha pasado la fase del duelo. Según nos presentamos se pone a llorar y no para de hacerlo en toda la visita, que hacemos sentados en la acera a falta de un techo. Nos dice que en el mundo hay mucha gente mala y que por eso Dios ha mandado el terremoto. No es que Dios sea malo, Él es bueno, pero es que nosotros somos muy malos. Uf, pienso, Dios mío pon en mis labios las palabras adecuadas… Le digo que a mí me cuesta mucho imaginarme al Dios de Jesús mandando una desgracia como esa que mate a tantos inocentes, que Dios creó la Tierra y en esa Tierra hay terremotos. Para ella todo viene de Dios. Es impresionante escucharla. Tiene una fe que da casi envidia. Les falta todo lo esencial pero no están preocupados, porque saben que al final ¨Dios proveerá¨. Y así es en este día. No me pasa muy a menudo, pero hoy me emociono y le doy gracias a Dios por dejarme ser su instrumento. Vamos al campamento y hacemos una bolsa con algo de ropa, comida e higiene personal. Cuando nos ve llegar con la bolsa se pone a llorar otra vez. Yo casi me siento mal por lo poco que nos ha dado tiempo a preparar, pero estoy tranquila porque ya mis compañeros que se quedan se van a encargar de seguir a esta familia bien de cerca. Este sábado hemos rezado con la lectura del Juicio de las Naciones. ¨Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber¨. No tengo palabras. Que así sea.

  
 
Comentarios
 
1  |  DANIEL  | 15-08-2016

Gracias Alicia por ser nuestros ojos en el Ecuador necesitado. Compartiendo tu experiencia nos haces tomar conciencia de la necesidad de compartir. Un abrazo

 
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