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Los amigos de Martín



13 de Mayo de 2016
Redacción
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Columna de Pablo Bernal Rubio ss.cc. en la revista 21 de este mes de mayo.


Martín es un hombre que aparenta unos 60 años, pero vete tú a saber su verdadera edad, porque resulta que Martín padece la enfermedad del alcoholismo. Vamos, que Martín es un borrachín -lo que en Chile se dice "curaíto”-, uno de los muchos que viven en la ciudad de La Unión, donde resido. A Martín lo conocí en el voluntariado de Salida a la calle, un proyecto en el que los jóvenes de nuestra parroquia visitan a muchas personas que, como Martín, están necesitadas de ayuda y compañía.

Martín malvive en una mediagua –una vivienda muy pobre hecha de planchas de zinc y conglomerado, sin luz ni agua corriente– en la población Santa Mónica, pero siempre me lo encuentro en la calle de nuestra casa, tomando con nuestros vecinos y otros curaítos.

Martín estuvo muy enfermo: “bronconeumonía” –sí, con acento en la ‘o’, así lo pronuncian por estas latitudes– y terminó en el hospital. Cuando lo fuimos a visitar, apenas lo reconocí, despojado de su barba y demacrado por la enfermedad y por la dura crisis de abstinencia a causa de la falta de alcohol.

Nuestra visita le fue útil a Martín, creo: le ayudamos a alimentarse con una jeringa, permanecimos a su lado, acompañándolo. Y, sin embargo, ese día Martín recibió una visita más valiosa que la nuestra, una que yo no esperaba y que me con- movió: la visita de varios de los curaítos de mi calle (vecinos incluidos), sus compañeros de trago... sus amigos.

Hubo algo que me sacudió de aquella visita gratuita, torpe y sorprendente. Algo que me hizo descubrir, bajo la etiqueta de “curaítos”, la dignidad de esos hombres y el milagro de las relaciones humanas. Y también hubo algo que, reconozcámoslo, me hizo sentir soberbio en mis pretensiones pastorales y caritativas.

Así, con Martín y sus amigos –y tantos Martines con los que me cruzo cada día–, Chile me va susurrando la enseñanza que me reservaba: que sólo el amor, la relación que humaniza y “pone rostro”, es el servicio verdadero.

 
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