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Amaos como yo os he amado



24 de Abril de 2016
Redacción
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Comentario al V Domingo de Pascua de la mano de Miguel Díaz Sada ss.cc.


(Foto de Manuel García Ripado ss.cc.)

Los evangelios nos narran con respeto sagrado los gestos y las palabras de despedida de Jesús: la entrega de su vida -tomad, comed-, el lavatorio de los pies que revoluciona los roles dentro de sus comunidades y el mandamiento nuevo como distintivo de sus discípulos.

Cada domingo los cristianos nos reunimos para escuchar a Jesús y alimentarnos con el pan de la eucaristía. Comentamos con El la vida de la semana, con sus alegrías y sufrimientos. Así, poco a poco, nos vamos identificando con su modo de pensar y de amar. Al final de la eucaristía, cuando nos envía a la vida de familia y de trabajo, siempre nos recuerda “amaos unos a otros como yo os he amado”. Amó a todos, también a sus enemigos; perdonó de corazón siempre y a todos. Se despidió diciéndonos que amar como El es el distintivo de sus discípulos del siglo primero y del siglo XXI. En esto nunca ha cambiado la iglesia ni cambiará. Lo viviremos mejor o peor. Pero éste es el corazón del mensa- je y de la vida de Jesús.
Amar no es un mandamiento. Nadie ama por obligación. Amar es mucho más que un deber o una tarea moral. No habremos descubierto el secreto de la vida humana ni cristiana si no hemos encontrado la alegría y el gozo de amar; sólo en el amor crece y se desarrolla la vida.

“Amaos como yo os he amado”. Sin pasar factura a cambio. El amor de Jesús no mengua ni se desequilibra por falta de respuesta. Fue y es amor a fondo perdido, gratuito. Jesús ama y seguirá amando. Hasta que triunfe el amor. Hasta que no haya “muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor”, cuando Dios Padre “lo haga todo nuevo”. Maravilloso horizonte de vida el que nos describe el Apocalipsis.

En el amor, la misericordia y el perdón se nos reconocerá como cristianos y discípulos de Jesús. Amor y perdón en la familia y en la calle, también a quienes no son de los nuestros o de nuestro entorno social o político; amor y perdón a los amigos y a los enemigos, amor gratuito y generoso a los refugiados y marginados. ¿En verdad se nos reconoce a los cristianos por esta forma de amar y de perdonar? Preguntemos a nuestros vecinos o a nuestros compañeros de trabajo.

 
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